La crítica, el irónico y mordaz humor del ensayista, cronista, narrador y coleccionista Carlos Monsiváis (1938-2010) nos recuerda que en la sociedad siempre se necesita del humor como una forma de salud e higiene de moral pública contra el cinismo del poder, destacó el periodista Javier Aranda, a propósito de la puesta en circulación del libro El regreso de la Doctora Ilustración (Ph. D.), nueva compilación de textos escritos por Monsiváis, publicados originalmente en la sección Por mi Madre, Bohemios, del suplemento cultural La Cultura en México, de la revista Siempre!

Editado por el sello Malpaso, con prólogo de Lorenzo Meyer e ilustraciones de Darío Castillejos, y tras la edición del libro El consultorio de la Doctora Ilustración, vuelve ahora el personaje más hilarante y temible que nunca para atender en esta ocasión a la flora y la fauna de la política mexicana, con El regreso de la Doctora Ilustración, el cual fue comentado este sábado por Javier Aranda, el politólogo Jenaro Villamil, coordinador del Sistema Público de Radio y Televisión; Jesús Ramírez Cuevas, vocero del gobierno federal, y por el editor Juan Guillermo López, en el Museo del Estanquillo.

Se trata, explicó Aranda, de cómo Monsiváis le tomaba el pulso, mediante su singular humor y crítica, a la vida cultural, intelectual, social y política del país. “La mirada de Carlos, a partir de la sicología y sociología, era una especie de close up a cuestiones tan complicadas como es la inverosímil política mexicana”.

La columna Por mi Madre, Bohemios fue de los primeros proyectos sólidos de crítica contra el cinismo del poder, destacó Aranda. Surge como una forma de higiene moral pública, retomando todas las tonterías del mundo político. El humor, la burla, le servía para relativizar las declaraciones pomposas de los funcionarios. En un recuadro empezó a aparecer la Doctora Ilustración, especie de fábula en la que una doctora respondía las dudas de otros tantos delirantes personajes.

Para Villamil, lo que Monsiváis crea son arquetipos con la compulsión por la fama, el poder, el autoelogio permanente, con la compulsión de ser alguien.

Monsiváis se burla de manera bestial de las ideas del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, de la idea de ser el líder del tercer mundo y con su humor lo trasciende a su época, para hoy leerlo y revalorar su vigencia.

Este segundo tomo –a diferencia del primero que está dedicado más al ámbito cultural e intelectual–, es más oscuro y tiene un tono más premonitorio, sobre la vida política del país.

El regreso de la Doctora Ilustración, según Ramírez Cuevas, es también una crítica feroz, sorprendente, irónica, fina y mordaz, que a veces hay que leer en dos o más ocasiones los textos, por el singular y agudo uso del lenguaje.

Ramírez Cuevas destacó igual, entre otras cuestiones, la enorme capacidad de síntesis para retratar el humor involuntario de la clase política y los defensores de la moral y las buenas costumbres. Ambos libros y su lectura, dijo, ayudan a entender los pasados regímenes políticos. “Hoy el país está cambiando y muriendo una retórica y cultura política, establecida sobre la corrupción. Se extrañan figuras públicas como Carlos Monsiváis. Su mirada crítica e irónica y su deseo de cambio. Me hubiera gustado saber que hubiera pensado Carlos de la polémica propuesta de Andrés Manuel López Obrador sobre la Constitución moral, que toca el tema de la ética”, dijo Ramírez Cuevas.

Dicha recopilación, comentó Aranda en su momento, tiene mucho que decir a las nuevas generaciones de jóvenes. Me sorprendió no sólo la brevedad de los textos, sino también que muchos de los planteamientos que desarrolla son cuestiones que siguen ocurriendo en la vida pública, sea cultural o política.