Vale la pena hacer las siguientes precisiones: La corrupción es un fenómeno estrictamente político, no es un problema moral, económico, jurídico, social o cultural. Por tanto, es inherente a la política. Entonces todo poder político es corruptible como corruptor. Toda corrupción es una descomposición del poder político.
Sólo pueden ser corruptos las instituciones políticas, tales como el Estado, el gobierno, el régimen político, la administración pública, los partidos políticos o cualquier ente público. El hombre sólo es corrupto al ritmo de las instituciones políticas corruptas. Luego entonces, el hombre no es corrupto por naturaleza, sólo lo es en determinadas situaciones de instituciones políticas corruptas. El hombre no es ni bueno ni malo, sólo lo es en determinadas situaciones.
Para ser muy claro, los políticos mexicanos no son corruptos por naturaleza, sólo lo son en situaciones de instituciones políticas corruptas. Si las instituciones políticas corruptas invaden a la sociedad, existe la posibilidad de que la sociedad se vuelva corrupta. México ha alcanzado esta situación, los políticos mexicanos regularmente son corruptos por desenvolverse en medio de instituciones políticas corruptas, estas son corruptas porque se alimentan de los políticos corrompidos. Han contaminado a la sociedad, somos una sociedad enferma de corrupción.
En el contexto de lo político, la corrupción es el devenir privado de lo público, es hacer privado los bienes públicos. Como fenómeno político, es el devenir público de lo privado, es la privatización de la política, es el uso privado de la política. Es cuando la política, lo público, sirve expresamente a los intereses privados. No serán sujetos de la corrupción las personas, sino los colectivos como el gobierno, el régimen político, el Estado, los partidos políticos, los poderes públicos. Estrictamente entonces, sólo los políticos, que devienen de las instituciones políticas corruptas, pueden ser corruptos. Cuando un pueblo, por sus instituciones políticas, es corrupto, estamos en una situación que sólo una revolución puede resolver el problema de la corrupción. El malvado ciudadano y político sólo puede existir en medio de instituciones políticas corruptas.
Las instituciones políticas se corrompen por el tiempo de su uso, por el excesivo poder que adquieren en el tiempo, por la excesiva desigualdad que existe en la sociedad, por la inexistencia de una cultura cívica, a la existencia de una clase social que concentra el mayor poder de la sociedad. El deseo de poder de estas clases no tiene límite, si no tienen enfrente instituciones republicanas y democráticas, la corrupción se vuelve inevitable. Cuando la política no puede detener la ambición de los hombres es imposible también detener la corrupción de las instituciones.
Si esto es así, el combate a la corrupción, como problema político se resuelve políticamente. No se combate con padres nuestros, ni con medios administrativos, por ejemplo, un ministerio contra la corrupción; no se puede resolver mediante su policialización, moralización, judicialización y su penalización, si se hace de esta manera se estará rumiando el problema. El problema se acaba destruyendo el Estado, el régimen político, el orden jurídico, el régimen electoral, los partidos políticos, la práctica de la política, que la hacen posible. No se puede erradicar con el ejemplo del primer mandatario, ni de su equipo más cercano, ni con una cartilla moral o una constitución moral.
Está en lo cierto el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, cundo propone un cambio de régimen político para resolver los problemas de México, entre ellos, la corrupción. Empecemos en serio a combatir la corrupción y no sólo sus efectos. Esto es grave, confundir la corrupción por sus efectos, entonces se combate sus efectos y no la corrupción que está en las instituciones.
Empecemos por una reforma de nuestra manera de elegir a nuestros gobernantes, que instrumentemos procedimientos más eficaces para evitar la manipulación del voto ciudadano, evitemos la llegada de gobernantes incompetentes e ignorantes; ya es hora de implantar el voto electrónico; seamos severos sobre la vida de los partidos políticos, que sean de los ciudadanos y no de élites corruptas. Establezcamos ya la democracia participativa y comunitaria que permiten mayor participación de los ciudadanos. Establezcamos el régimen republicano y democrático que implican la existencia de la razón jurídica y de las virtudes cívicas. Pasemos de la cultura política parroquial, de súbdito, a la cultura política participativa.
Hagamos la revolución educativa sobre la base de las virtudes cívicas, la interculturalidad, la compartencia, sobre un nosotros y no sólo sobre el yo. Cambiemos nuestras relaciones políticas, sustituir la competencia por la reciprocidad. Practiquemos la solidaridad y la sororidad como fundamento de nuestro vivir en común.
Cierto, el cambio de régimen político en nuestro país, necesita de un sujeto político, de una mano regia, con una enorme voluntad de cambiar el modo de gobernar en México, parece que se está asomando en el horizonte, ojalá aguante el trote.