Debemos de decir que la educación de un pueblo es de la mayor trascendencia, naciones que pusieron énfasis en ella hoy gozan de una rica vida democrática y civilizada, al contrario, la violencia, la desigualdad, la miseria, la dictadura y el fanatismo son propios de los pueblos y naciones que no le pusieron importancia a la educación. Platón, con justa razón, dijo que había dos maneras de alcanzar la felicidad y la prosperidad de un pueblo: el comunismo y la educación.

Como el comunismo no asoma en nuestro horizonte, nos queda el recurso de la educación que si lo podemos tener a la mano. La gran pregunta es, qué modelo de educación y de organización de los servicios educativos debe y puede tener nuestro país. Aquí está el meollo del problema. El modelo y su organización no puede ni debe responder a los intereses de una clase, de una nación extranjera, de un gobierno, de un partido, de un gobernante, de un sindicato, sino que debe responder a los intereses nacionales, al interés de la Voluntad General, a nuestro proceso de construcción nacional, a nuestras luchas democráticas. El proyecto educativo debe ser la síntesis de la larga lucha del pueblo mexicano por la justicia, la libertad, la igualdad, la democracia plural e intercultural y en contra de todo tipo de fanatismo, de la imposición de una creencia en particular.

El gran fracaso educativo del neoliberalismo fue someter la educación del país al servicio del proyecto hegemónico del mercado, de los intereses de los países poderosos, de una coalición gobernante, de una parte decadente como el PRI y la otra ambiciosa como el PAN. La economización de la educación en nuestro país creó sujetos para la competencia en el mercado, como toda competencia, creó ganadores y perdedores, ahondó la desigualdad y la miseria entre los mexicanos, agudizó el desgano por la participación política, fomentó por ello el fraude electoral, al gobierno no llegaron los mejores sino los más tramposos y cínicos.

El primer principio de la Reforma Educativa es corresponder plenamente a los intereses nacionales, ni más ni menos, no puede estar sujeta a los intereses del imperio capitalista, ni mucho menos a su hegemonía neoliberal.  El segundo principio es su correspondencia a la naturaleza de las luchas del pueblo mexicano por la justicia, la libertad, la igualdad y la democracia intercultural. El pueblo de México, desde su independencia del imperio español fue la lucha en contra de la esclavitud, la miseria, los privilegios de ninguna especie, de los abusos, de los fanatismos, de todo tipo de colonialismo, a favor de la institucionalización de un Estado de derecho, de la igualdad en el trato entre los seres humanos, del respeto a nuestro ser nacional y de sus proyectos. La idea ha sido que nuestras instituciones políticas sean el reflejo de nuestra sociedad y comunidades y no introducir a la sociedad a un modelo preconcebido como lo fue en el neoliberalismo.

   El tercer principio es, por tanto, que la educación debe reflejar la naturaleza de la sociedad, de sus anhelos, de sus proyectos, de sus utopías. No puede haber un proyecto educativo de espalda a la naturaleza del pueblo mexicano. El pueblo mexicano es diverso, pues diversa debe ser su educación, el pueblo mexicano se constituye por 68 naciones originarias, un pueblo negro, un pueblo mestizo y un pueblo blanco, en donde la igualdad de género y el pensamiento ecológico no pueden faltar.  Pues la educación que imparta el Estado debe reflejar esta estructura social y jamás ser hegemónica de alguno de estos integrantes.  No es posible que los blancos, mestizos y los hombres sigan imponiendo su modelo educativo, de acuerdo a su proyecto de sociedad y Estado, lesionando los derechos de los demás pueblos a una educación propia.

El pueblo mexicano ha sido federalista y municipalista, pues la educación con los principios anteriores, debe ser impartida por los municipios y los Estados incluyendo sus peculiaridades históricas, sociales, culturales , económicas y políticas. La educación del pueblo mexicano no puede ser uniforme porque no es uniforme su estructura social. La centralización del modelo educativo y de su organización  fue una necesidad para la construcción de una nación libre e independiente así como de la institucionalización del Estado, la centralización de la educación fue un recurso, un medio, no un fin, en cambio, el ser municipalista y federalista ha sido una lucha que debe alcanzarse.

La educación debe ser Republicana, formación del hombre cívico y humanitario debe ser su objetivo. Sus servicios deben ser gratuitos desde la primera infancia hasta los niveles superiores con los principios señalados, ni más ni menos.

Desde luego, debe corresponder a los principios de honestidad y rectitud en el servicio, de austeridad Republicana, de transparencia y rendición de cuentas. Asumir su carácter de comunidad educativa, integrada por sus principios y valores, por los alumnos, los maestros y las autoridades educativas.