NIGROMANCIAS

De entre los postulados kantianos y rousseaunianos existen algunas consideraciones importantes para la comprensión de la actual política del gobierno federal, bueno de lo que pensamos es su proyecto de Nación. Desde las circunstancias actuales, no existe una profundidad preclara en la política pública y su dirección, hacia dónde se dirige; sin embargo, podemos acercarnos a la fundamentación práctica, desde algunos principios de argumentación teórica.
En cuanto a la recopilación teórica de dónde podamos extraer algunos lineamientos, algún sendero, alguna veta que nos enseñe, por lo menos, un atajo para llegar a lo que estamos viviendo en los primeros tiempos de la llamada “cuarta transformación”. Los textos de Juan Jacobo Rousseau, Immanuel Kant, John Rawls quizá nos ayuden a encontrar una incipiente explicación, forzada si se quiere, de lo que estamos presenciando como propuesta del quehacer público del nuevo “estilo personal” de gobernar (Cosío Villegas dixit). Por una parte, tenemos la teoría política de estos filósofos y por lo que toca a la parte del ejemplo práctico, desde la propia realidad histórica de nuestro país y sus cambios o transformaciones, de la moral revolucionaria o ética pública, estamos en presencia de Morelos, Juárez, Madero, (Ramírez, el incorruptible y su liberalismo puro, así como Reyes y su Cartilla Moral aparecen como inspiradores de esa nueva praxis) según las propias citas del hoy presidente. 
También tenemos la parte misericordiosa, esa del perdón, el olvido y la construcción de una nueva realidad o una reconstrucción social que en la primera etapa le llamara regeneración nacional. Para esto último, nos viene bien echar una leída a las Encíclicas papales en favor de los pobres comenzando con la de León XIII Rerum Novarum de 1891 y sus consecuentes reformulaciones de Pío XI Quadragesimo anno de 1931 justamente para conmemorar los cuarenta años de la primera, así como la de Juan Pablo II de 1991 Centessimus annus para los cien años de la primera igualmente.  También Juan XXIII, Paulo VI y Papa actual Francisco han construido toda una teología filosófica -si se me permite la expresión- en la que la principal cuestión es la pobreza, la justicia y la verdad desde una fe viva, activa, “práctica”. Sobre esto último, escribió, hace algunos años, el actual líder senatorial del Partido gobernante,  previo a la visita del pontífice, “El Papa de los pobres” en un diario nacional” (Milenio 9 feb. 2016).
Vayamos analizando parte por parte por este erial del que no será fácil despejar tantas dudas, tantas incógnitas, tantas imponderables, pero sobre todo tanta desconfianza, que como piedras en el camino, van poniendo las viejas guardias que, acostumbradas a una ruta ya bien trazada para su tránsito en la oscuridad, están padeciendo de incontinencia y ansiedad de esa cosa que se llama Poder y que será difícil de permitir que se ejerza de manera diferente y en esa diferencia se les vaya llegando el fin de aquellas viejas prácticas de entender la acción de gobernar como meta facultades para hacer y deshacer, para dominar, para evadir, para negociar, en fin. La suerte esta echada –“Alea iacta est”- pero sabemos bien que, como todo azar, puede, en el curso de la acción política se puede llegar a torcer el roble más robusto y entre la confusión de las ideas no realizadas perderse.
Así ha ocurrido ya en tantos otros ensayos de transformaciones, en otras tantas evoluciones, en otros vientos de cambio. Así fue el decantamiento por una nueva visión de lo social; desde el romanticismo entraba, sin embargo, en contradicción con el razonamiento ilustrado. Rousseau, el mayor exponente del romanticismo político junto a Kant, el pensador de la razón ilustrada formando un orden ambivalente que pasa por el liberalismo contractualista, la democracia en clave jurídica, constitucional y, por tanto, imperativa y categórica a la vez que igualitaria y libertaria. He ahí, precisamente el gran dilema de los regímenes políticos emanados de las revoluciones idealistas convertidas una especie de repúblicas piramidales, donde el poder soberano pertenece al Estado y este se funda en una norma confeccionada desde una élite constituyente, con el pueblo originario desplazado a espectador y destinatario obligado de cumplir lo pactado, el nuevo orden jurídico a imagen y semejanza del nuevo todopoderoso.
Vamos entrando en materia con una primera cita de John Rawls en su obra fundamental “Una Teoría de la Justicia”: “…durante mucho tiempo la teoría sistemática predominante en la filosofía moral moderna ha sido alguna forma de utilitarismo. Una razón de ello es que ha sido defendida por una larga serie de escritores brillantes que han construido una doctrina intelectual verdaderamente impresionante en sus alcances y en su refinamiento. Olvidamos a veces que los grandes utilitarios, Hume y Adam Smith, Bentham y Mili, eran teóricos sociales y economistas de primera línea y que la doctrina moral que elaboraron pretendía satisfacer las necesidades de sus más vastos intereses y ajustarse a un esquema general”.

Analizaremos toda la parte teórica desde esta obra porque en ella están contenidos los elementos más importantes de la ética kantiana y en esta, a su vez, las principales líneas de la democracia rousseauniana y todo el gran debate entre utilitaristas, igualitaristas, libertarios y contractualistas. Y aunque todo parezca enredado por ahora, tal cual lo está el ejercicio del gobierno federal, ya iremos desentrañando el espíritu de estas complejas formas políticas al momento de ponerlas en práctica. Quedémonos por lo pronto, con la idea de que todo está en función de un concepto fundamental, el concepto de justicia, en eso se basa, visto desde cualquier ángulo, el horizonte que tiene frente a sí la mente y la vista del que hoy dicta (de indicar, no de ordenar o dictador) la actividad diaria de la política nacional, una nueva concepción de la justicia más cercana a la ética que a la política como ha sido.

Nos leemos la próxima entrega, mientras tanto que haya paz. Comentarios, menciones y mentadas a nigromancias@gmail.com Twitter: @JTPETO