Yalitza made in Oaxaca

 

Por Fernando Aguirre

Del clásico: “haiga sido como haiga sido”. Yalitza Aparicio estuvo ahí, en el teatro Dolby de Hollywood, nominada al Oscar como Mejor Actriz y desfilando en la alfombra roja, tomada de la mano de su madre. Al mismo tiempo, en su natal Tlaxiaco, comunidad indígena de la mixteca oaxaqueña, familiares y población entera siguieron de cerca y con mucho orgullo la participación de su paisana. Sin lugar a dudas, el éxito de ella en esos escenarios conlleva el reconocimiento y aceptación, gracias a su mérito nato, a uno de los grupos étnicos más pobres del país. ¿En pleno siglo XXI, por qué negarle a la oaxaqueña vivir un cuento de hadas?

Al recoger su Oscar como Mejor Director por su filme Roma, Alfonso Cuarón sentenció: “Lo más gratificante ha sido la conversación que se ha creado acerca de las trabajadoras domésticas y del racismo en México”.

En efecto, con el éxito de Yalitza, el racismo, clasismo y una buena dosis de envidia, salió a relucir de las entrañas de quienes se creen superiores por un color de piel o por formar parte de una élite social o profesional.

Entonces, a qué juega una parte de la sociedad mexicana cuando al triunfo de una indígena en “ámbitos poco convencionales”, lejos de sentirse orgulloso de su hazaña, se dedica a atacarla, señalarla, insultarla o discriminarla. Pero que, en cambio, en una fiesta étnica como la Guelaguetza, son objeto del aplauso, respeto y aprecio.

Por supuesto, se trata de una vergonzante doble moral porque se continúa estereotipando y condicionando a que los indígenas tengan un espacio y un lugar.

Oaxaca posee 16 grupos étnicos que la convierten en la entidad con mayor diversidad étnica y lingüística de México. Lejos de ser un lastre para el país, como señaló un excandidato presidencial, este estado ha contribuido de diferentes formas a la patria, sea en lo histórico, al ser cuna de grandes próceres, o con su inigualable riqueza natural y cultural, producto en gran parte de la convivencia de sus etnias y, también, de su mestizaje.

Hoy, a través de Yalitza, ese estado que pareciera siempre sumergido en problemas contribuye al orgullo nacional.

Otros oaxaqueños también formaron parte de Roma, Nancy García García, originaria de la comunidad de Miramar del municipio de Santa María Yucuhiti, Oaxaca, quien da vida al personaje de Adela, y Edwin Mendoza Ramírez, que se interpreta a sí mismo, como el médico ginecólogo y ahora especialista en materno fetal que es.

Ninguno de los tres oaxaqueños había participado antes en una producción cinematográfica y mucho menos habían tenido alguna relación con el medio artístico. Hoy el triunfo que envuelve a la película también los alcanza y de alguna forma cambia sus vidas.

Desde su trinchera, Yalitza es ya una referencia de éxito para los habitantes de las comunidades indígenas de Oaxaca y otros estados, que siempre se han visto oprimidos por su condición social.

Además, en el furor que envuelve su personaje de Cleo, organizaciones civiles y colectivos que buscan condiciones dignas para las trabajadoras domésticas, encuentran una oportunidad para continuar luchando por su causa.

Ya el tema de la conversación está en la mesa, pasemos a las verdaderas acciones para romper barreras, esperamos muy pronto ver una ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo para reconocer y proteger los derechos de las y los trabajadores domésticos y que avance la implementación de filiación al IMSS para que accedan a la prestación de servicios.

Como oaxaqueño, me siento orgulloso que una paisana llegue a ser reconocida y que ponga en alto el nombre de nuestro estado, tan de por si vapuleado por sus problemas económicos y sociales, pero siempre rico en su diversidad, cultura y demás.

¡Viva Yalitza, viva Oaxaca!