Caminos de ida y vuelta

En los tiempos difíciles por los que atraviesa la humanidad, relacionados con los valores humanos y espirituales que nos colocan por un lado al borde de la crisis, hay por fortuna por otro lado personas y movimientos sociales que luchan por su rescate, que están trabajando a fondo, con la seguridad de que en los seres humanos está latente el gran potencial para reivindicarse, vivir con dignidad, desarrollar aptitudes y disfrutar los frutos del bienestar que están al alcance de todos.

Las tradiciones de sabiduría cuyas enseñanzas están dirigidas al desarrollo humano están presentes, ahí están las grandes religiones del mundo e instituciones que velan por la paz, que cuando se agudizan los problemas sus representantes alzan la voz de alerta y llaman a la reflexión, a hacer conciencia, pero no para quedarse ahí nada más sino dar el paso, ir a la acción para lograr resultados, que aterricen las enseñanzas en vivencias reales.
El mensaje reciente del Papa Francisco a los 190 líderes de conferencias episcopales y órdenes religiosas durante la cumbre celebrada en el Vaticano para encarar los abusos sexuales que han cometido lamentablemente algunos representantes de la Iglesia católica, resulta de por sí trascendente e histórico. Él pidió “medidas concretas” y no “simples condenas”. Desde luego hay que escuchar al Papa y llevar sus indicaciones al terreno de los hechos.
Sin embargo, el problema a atacar no es solamente el sexual, en el caso de la Iglesia y su relación con la sociedad, sino ver y abordar la problemática de manera integral que necesariamente involucra a la familia, donde en la actualidad existe crisis de valores humanos y espirituales superables, pero con un trabajo a fondo, consciente y responsable, y no solamente en la Iglesia católica sino en las demás que hay en el mundo.

Por eso me llena de optimismo el contenido de un libro que está en circulación, titulado “Caminos de ida y vuelta”, del sacerdote Francisco Delgadillo Aguayo, que ofrece alternativas a seguir para que el ser humano retome su ruta hacia la espiritualidad y que disfrute plenamente su vida.

El autor dice en la introducción que la expresión “Caminos de ida y vuelta” significa el recorrido de la vida que se coparte, que se enseña y que se abre. Cuando alguien comienza un caminar se encuentra con otro que viene de regreso para recuperar algo y vuelve. Significa que en la vida debemos estar activos, en movimiento y que los caminos nunca son definitivos, que podemos ir y venir, que podemos mostrar a otros, opciones diversas para disfrutar el caminar y llegar al mismo destino. Significa que un camino se puede volver a recorrer con otra actitud y nuevos aprendizajes.

Somos seres de energía, agrega, con vitalidad para disfrutar lo que se camina, para aprender de cada paso. Somos seres que debemos aprender a seguir las huellas que otros nos han dejado. Esas huellas nos ayudarán a identificar que ese camino es seguro y para saber que su paso fue sólido, firme y claro. Es bueno también abrir nuevas rutas, pero con el acompañamiento suficiente, sin olvidar que el caminar de quienes van adelante va cargado de sabiduría. Hay que marcar diferencias, pero sin imprudencias, atrevimientos temerarios o necedades, porque nos podemos perder en el camino.

En el caminar de la vida como padres de familia también es importante no vivir preocupados por quitar las piedras del camino a los hijos, por quitar las espinas para que no se lastimen, quitarles los estorbos o buscar los caminos planos y cómodos para ellos. No hay que facilitarles las cosas ni hacer el recorrido por ellos.
Hay que dejarlos caminar, acompañarlos, dejar que descubran sus propios rumbos y que enfrenten sus propios retos. La vida se encargará de plantearles las rutas más convenientes, ellos deberán aprender a elegir las mejores opciones o enfrentar las consecuencias si toman el camino equivocado. Los hijos deben aprender a elegir lo más constructivo para su persona y lograr su integridad.

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