Ernesto Ruiz.

Los nombres de la investigadora Eva Ramón Gallegos, de las atletas Alejandra Paulina Ortíz y Cecilia Ramírez, de la soprano mixe María Reyna o la poetisa Juchiteca Irma Pineda, ¿le evocan algo?. Estas mujeres son algunas de las muchas oaxaqueñas que cotidianamente se están forjando un espacio reconocido a nivel nacional y mundial en sus diferentes ámbitos de desarrollo personal. Ellas, junto a otras oaxaqueñas famosas y quienes están aún en la sombra del anonimato, merecen nuestro incondicional reconocimiento, no nada más por lo talentosas que son y sus grandes capacidades; sino porque dejarán profunda huella en el desarrollo de la mujer oaxaqueña, son ejemplo de tenacidad y esfuerzo en pro de sus metas; han podido forjarse un destino a base de dedicación, empeño, pasión y de aprovechar la oportunidad que la vida les ha planteado.

Es menester rendirles tributo desde este espacio, todos sabemos que el pasado 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la mujer, una fecha sumamente importante para la humanidad. Sin embargo, pocas mujeres y muchos menos hombres, entendemos el significado pleno de esta fecha. Algunos, tal vez por falta de información o por influencia del mercado, optan por otorgarle un sentido romántico, regalando flores y chocolates, dándole al día un sentido erróneo. Por supuesto debemos mucho a las mujeres, a todos al menos nos fue dada la vida por una mujer y eso es un motivo más que suficiente para regalarle una flor y llenarla de elogios, pero eso deberíamos hacerlo la gran mayoría de los días. Sin embargo debe comprenderse que esta no es la finalidad del “Día Internacional de la Mujer”.

A lo largo de la historia han existido una serie de mujeres excepcionales, adelantadas a su época podría decir, entre ellas podemos mencionar a: Juana de Arco, Marie Curie, Virginia Woolf, Amelia Earheart, Juana Inés de Asbaje, Indira Gandhi, Violeta Chamorro. Quienes con sus actos, escritos, palabras, descubrimientos, etc. han logrado, en los momentos históricos en los que han vivido, romper los paradigmas de una sociedad que consideraba al hombre como único ser con la capacidad para lograr lo que ellas, y por tanto esos privilegios estaban reservados para ellos. La contribución de ellas y muchas otras más, abrieron la mente y visión de más mujeres, lucharon contracorriente por un lugar junto al hombre, por la igualdad de oportunidades y de condiciones, no solo laborales sino intelectuales, sociales, económicas y de derecho. Esa pugna cotidiana aún no termina, a pesar de todo el esfuerzo y sacrificio de ellas y de muchos de nosotros, no hemos podido igualar en todo sus condiciones a las del “hombre”.

De eso se trata precisamente la conmemoración de esta importante fecha, es un día que nos debe mover a la reflexión, al análisis. ¿Qué hacemos para dar un trato equitativo, justo, igualitario y paritario a las mujeres que nos rodean o con las que mantenemos contacto?.

Vivimos en una sociedad en la que aún les quedamos a deber mucho a las mujeres, hombres y mujeres seguimos replicando comentarios públicos y privados que denostan a la mujer, que van desde el simple “¿ya viste como viene vestida fulanita?” A un “sí, la ascendieron porque se anda acostando con el gerente”. Estos comentarios y algunas conductas que aprendemos en el hogar como “ mi hijo no va a lavar los trastes, eso es cosa de niñas” o “las niñas no pueden jugar con carros, eso es cosa de niños. Mira aquí están estas muñecas”; parecieran simples, pero son estructuras mentales muy elaboradas que se transforman en palabras y acciones, que es imperante reflexionar y erradicar de nuestras actividades cotidiana para poder, sin necesidad de que se legisle, tratar con igualdad a nuestras hermanas, tías, primas, madres, abuelas, hijas y parejas.

Sino lo reflexionamos todos los días, cuando menos hagámoslo el día de la mujer. Para algunos ya es un gran avance. Para eso es el 8 de marzo.

@JErnestoRuiz