Héctor Torres Maubert
Parte de Novedades

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha repetido en varias ocasiones que no descarta la opción militar para sacar a Nicolás Maduro del poder y ha pedido a los militares venezolanos que reiteren su apoyo actual gobierno.

Maduro y su ministro de Defensa replican que, de producirse la intervención, los venezolanos combatirían hasta las últimas consecuencias.
Estados Unidos, como los principales países de la Unión Europea y la mayoría de los latinoamericanos, apoya a Juan Guaidó, el líder opositor que alega que Maduro es un gobernante ilegítimo y convoco a la Constitución para auto-proclamarse “presidente encargado” del país.
Maduro conserva el apoyo de Rusia, China, Bolivia y Cuba, entre otros estados.
Ante las amenazas de Donal Trump, ¿Cómo reaccionará Venezuela ante la presión? ¿Tiene capacidad militar para hacer frente a un eventual ataque estadounidense?

De acuerdo con los datos del Ministerio de Defensa de ese pais, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana cuenta con entre 95.000 y 150.000 integrantes, cifra a la que habría que sumar los miembros de la Milicia Nacional, un cuerpo paralelo que ha sido descrito como paramilitar por los detractores del gobierno, y formado por voluntarios que asumen diversas funciones al servicio del Estado.

Los milicianos reciben adiestramiento en el manejo de armas y están equipados con viejos fusiles obsoletos que se utilizaron en el ejército en los años ochentas.

La Milicia Nacional se basa en la premisa de la “unión cívico-militar”, acuñada en su tiempo por  Hugo Chávez, por la que toda la sociedad debe complementar el esfuerzo del ejército en “la defensa de la nación”.

Maduro ha mantenido la apuesta por la Milicia pese a las denuncias de que su implantación supone una militarización de la vida civil y anunció que su fuerza habrá llegado a los dos millones de milicianos a finales del año.
De confirmarse, se trataría de una fuerza ciertamente numerosa, pero persisten las dudas tanto sobre la cifra en efectivos como la calidad de su armamento y adiestramiento.

También forman parte de las fuerzas armadas los miembros de la Guardia Nacional, un cuerpo militar con funciones de orden público y seguridad ciudadana muy familiar para los venezolanos, ya que la Guardia Nacional es quien con más frecuencia vigila las calles y carreteras del país. También ha sido muy activa en la dispersión de las manifestaciones de la oposición y su proceder ha sido objeto de polémica.

No hay cifras oficiales sobre el total de efectivos que sumarían el ejército, la Guardia Nacional y la Milicia Nacional.
Tras la llegada de Chávez al poder, gracias al auge de los ingresos petroleros de la primera década del siglo XXI, Caracas emprendió una ambiciosa renovación de las Fuerzas Armadas que tuvo a Rusia y a China como principales proveedores, lo que lo pone como el pais Latinoamericano que  mas armas importa.

Rusia suministró durante años varios modelos de aviones y helicópteros, así como tanques y unidades de artillería. Mismas armas que utiliza el poderoso ejército ruso.

En artillería de cohetes el país también cuenta con 52 sistemas de lanza-cohetes múltiples BM 21-1 Grad, de fabricación rusa. A estos se suman los 25 LAR 164 de fabricación israelí, sobre el tanque ligero AMX- 13 de origen francés.

En tanques el T-72B1 es el vehículo de guerra de cabecera del ejército venezolano. De fabricación rusa, es uno de los carros se combate de mayor fabricación en el mundo en la actualidad; Venezuela tiene 192. A estos se suman 80 AMX- 30V, franceses, entre otros.

De acuerdo a la página especializada en el ejércitos del mundo Global Fire Power, en Latinoamérica sólo Cuba tiene mayor poder de fuego en tanques que Venezuela. México, por ejemplo, no tiene tanques de combate.

Su apoyo volvió a hacerse evidente el año pasado, cuando desplazó a Venezuela dos modernos bombarderos con capacidad nuclear Tu-160 para ejercitarse conjuntamente con la aviación venezolana, lo que provocó las protestas del Departamento de Estado  y Defensa de Estados Unidos.

Pero la gran aportación rusa a la capacidad disuasoria venezolana fue la venta de los cazas Su-30Mk2, según los expertos, un aparato capaz de competir con los más avanzados aviones de combate estadounidenses gracias a su potencia de fuego, maniobrabilidad y equipamiento.

Los rusos proveyeron además de sistemas de misiles antiaéreos y China de radares que permitieron establecer lo que el portal español especializado en geodefensa “Infodefensa”, ha descrito como “el mejor sistema de defensa aeroespacial de la región latinoamericana”.

En los años del chavismo también se renovó una flota de fragatas y corbetas que tiene su epicentro en la base naval de Puerto Cabello, en la costa septentrional del país.

Considerando todos sus medios humanos y técnicos, la Global Firepower colocó en 2018 a Venezuela en el puesto 46 de su ranking mundial de países con mayor fortaleza militar de 137 en poder de fuego en el mundo. En Latinoamérica sólo es superada por Brasil, Argentina, México y Perú en el índice, que no sólo toma en cuenta poder de fuego, sino también volumen de armamento, personal y población.

La mala noticia para Maduro y los suyos es que Estados Unidos se mantiene inamovible en el número uno y en estos momentos Washington ha desplegado un cerco marítimo premeditado en torno a Ve¬ne¬zuela, a lo que se suma el desplazamiento de aviones de transporte militar desde instalaciones en Estados Unidos (EU) donde operan unidades de Fuerzas de Operaciones Especiales y de la Infantería de Marina que se utilizan para acciones encubiertas.

Según develó el experto británico Tom Rogan en el diario Washington Examiner, la Marina de EU desplegó en el océano Atlántico frente a las costas de Florida, un Grupo de Ataque con Portaviones, cuya flota está compuesta por el portaviones USS Abraham Lincoln, un crucero misilístico y cuatro destructores, además de la fragata española F-104 Méndez Núñez, invitada a participar en los ejercicios Comptuex, presuntamente destinados a poner a punto a la formación previo a un despliegue militar. Las embarcaciones ensayaron un cruce por estrechos, maniobra necesaria para ingresar al mar Caribe, del cual lo separan escasos días de navegación.

A bordo del USS Abraham Lincoln, portaviones nuclear de la clase Nimitz, opera el Escuadrón Aéreo Embarcado número 7, equipado con los aviones Lockheed F-35C Lightning II, el cazabombardero más avanzado del arsenal estadunidense. Pero según Rogan, EU podría disponer, además, del portaviones USS Theodore Roosevelt y el navío de desembarco anfibio USS Boxer, que se hallan en San Diego, California, a menos de una semana de navegación de la costa del Pacífico colombiano. El USS Boxer lleva a bordo la undécima Unidad Expedicionaria de marines, una de las siete con que cuenta el Pentágono. Esa unidad tiene unos 2 mil hombres, capacitados como tropas de despliegue rápido.

Con la excusa de la ayuda humanitaria, EU puso en funcionamiento un puente aéreo desde la base de Homestead, sede del Comando Sur en Florida, a la localidad colombiana de Cúcuta, a 2 mil 600 kilómetros. En las operaciones se han usado al menos tres aviones de transporte militar pesado de largo alcance C-17 Globemaster III, con capacidad para 180 toneladas y hasta 100 efectivos.

Otras eventuales cabezas de playa del Pentágono son las islas holandesas de Aruba y Curazao, a escasos kilómetros de Venezuela, por lo que el 19 de febrero Maduro ordenó el cierre marítimo y aéreo con ellas por tiempo indefinido, ante posibles incursiones no autorizadas. Además, se han realizado vuelos de aviones de transporte militar de EU hacia el aeropuerto Rafael Miranda, de Puerto Rico; la Base Aérea de San Isidro, en Dominicana, y otras islas del Caribe estratégicamente ubicadas en torno a Venezuela.

El cerco a Venezuela incluye a Brasil, cuyo presidente, Jair Bolsonaro, se comprometió a usar la ciudad de Boa Vista, en el limítrofe estado de Roraima, como centro de acopio de la ayuda humanitaria. No parece casual que el jefe del Comando Sur de EU, almirante Craig Faller, visitara un comando del Ejército en Brasilia y la Base de Itaguaí de la Marina de guerra brasileña, tras pasar por la colombiana Cúcuta. Colombia es el primer socio latinoamericano de la OTAN y un general del ejército brasileño se integró este mes al Comando Sur de EU.

A juzgar por las características de las tropas movilizadas por EU, y tomando como experiencia los casos sirio y libio, puede manejarse como hipótesis que se intente la ocupación de una porción del territorio venezolano, por minúscula que sea, para establecer un territorio liberado que permita instalar un gobierno paralelo más allá de los medios y las redes de Internet, como ocurrió hasta ahora con Guaidó.

Desde que estalló la última crisis política, Maduro ha multiplicado los actos con militares y una y otra vez elogia la capacidad de las fuerzas armadas.
Coincidiendo con la escalada diplomática con Estados Unidos, organizó unos ejercicios militares a gran escala que calificó como los “más importantes de la historia”.

Se trata de un esfuerzo por destacar la operatividad del ejército en un momento crítico.
Un experto militar extranjero en Caracas que pidió no ser identificado le dijo a BBC Mundo que “hay muchas dudas sobre la capacidad operativa real de los equipos por la falta de mantenimiento”, otra consecuencia de la severa crisis económica que atraviesa el país.

La escasez de repuestos se hace visible incluso en la conocida como base aérea de La Carlota, en pleno Caracas, donde los helicópteros allí estacionados sufren lo que en la jerga militar se conoce como “canibalización”, es decir, el uso de piezas de aparatos en buen estado para la reparación de otros averiados.

“En los últimos años han intentado que los rusos y los chinos se ocupen del mantenimiento, pero el problema que tienen es que ahora no pueden pagarle a nadie”, señaló el experto.

“Los rusos apostaron mucho por Venezuela, pero se encontraron con que no cobraban”.
Entre los proyectos inconclusos con Rusia, está la fábrica de fusiles Kalashnikov( los llamados cuernos de chivo) que lleva años en construcción en la ciudad de Maracay. El gobierno planea que de allí salgan las armas para militares y milicianos, pero nada de eso se ha concretado hasta la fecha.

La falta de reparación y repuestos se convierte en un problema especialmente grave para el material más antiguo, como los helicópteros de transporte de fabricación francesa Super Puma o los cazas de fabricación estadounidense F-16, que fueron adquiridos antes incluso del triunfo de la Revolución Bolivariana en 1998 y de los que no consta que hayan sido sometidos a la actualización necesaria dado el tiempo transcurrido.

Desde que Guaidó desafió a Maduro y comenzó todo este lío, la oposición venezolana ha hecho intensos llamamientos a los uniformados para que retiren su apoyo al gobernante socialista y “se pongan del lado de la Constitución”.

Pero aunque la tropa sufre la escasez y la hiperinflación como el resto de los venezolanos, las deserciones en cascada que algunos pronosticaron no se han producido.

Pese a las denuncias sin confirmar de supuestas detenciones masivas de militares descontentos con la gestión de Maduro, los pronunciamientos de lealtad al “presidente constitucional” se repiten en las cuentas de Twitter del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada y el Ministerio de Defensa.

Si, como muchos aventuran, también en Estados Unidos, el apoyo del alto mando a Maduro se está resquebrajando, las grietas son por ahora poco perceptibles.
Las razones del apego militar al gobierno son diversas.
No faltan los observadores que señalan que el chavismo es desde su nacimiento un sistema político esencial y originalmente militar.
No en vano, su fundador, el Teniente Coronel Hugo Chávez, era un comandante del ejército.

Tal y como lo expresó la escritora Cristina Marcano en un reciente artículo en el diario El País, “el ejército no solo apoya al régimen, es un factor fundamental del régimen”.

Marcano recordó que al llegar Chávez a la presidencia, los uniformados empezaron a ocupar los más altos puestos en la administración y en las empresas públicas.
El almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, afirmó ante un comité del Senado de su país que Venezuela tiene en torno a 2.000 generales, más que todos los países de la OTAN juntos.

Para Faller, “la mayoría están a sueldo de Maduro” y están implicados negocios ilícitos, entre los que se incluirían el tráfico de drogas y el contrabando de gasolina, con los que el líder bolivariano, dijo Faller, “compra su lealtad”.

Lo cierto es que, como sucede en otros países en los que la política tiene un fuerte componente militar, como Cuba o Egipto, la institución castrense controla gran parte de la economía venezolana.

Cuando llegó a la presidencia, Maduro creó lo que llamó la Zona Económica Militar Socialista, un plan de desarrollo empresarial exclusivamente militar con el que parecía imitar el modelo del Grupo de Administración Empresarial  a través del cual las fuerzas armadas cubanas se reservan la gestión de gran parte de los ingresos del Estado que el turismo y otras actividades dejan en la isla.

Maduro también puso al frente de la petrolera estatal, que, según todas las estimaciones canaliza la mayor parte de las exportaciones del país, a un general.
Sean sentimentales, ideológicos o económicos, los lazos del alto mando militar con el presidente han sido por ahora más poderosos que las llamadas a cambiar de bando de sus rivales.

Ted Galen Carpenter, experto en Defensa y Política Exterior del centro de análisis Cato Institute, le dijo en entrevista a la cadena de radio britanica la BBC  que “aunque hay informaciones que apuntan a la división interna, al menos algunas unidades combatirían una intervención estadounidense”.

Aunque no pudo ser muy concreto sobre cuán firme podría ser esa resistencia: “Eso es lo que la inteligencia estadounidense seguramente está tratando de descubrir, pero averiguarlo no es tan fácil”.

Carpenter ha alertado en su país de que, pese a su abrumadora superioridad sobre el papel, el recurso a la fuerza para decantar la crisis venezolana podría acabar costando mucho dinero y muchas vidas estadounidenses.

“Nadie puede hacer frente a Estados Unidos en una confrontación abierta pero Maduro conserva aún un núcleo duro de seguidores y lo que podrían hacer los venezolanos es oponer una guerra de guerrillas”.

“Eso también puede ser muy efectivo”, advirtió.
Palabras como las de este analista remueven en la conciencia colectiva estadounidenses el recuerdo de la guerra de Irak o la de Vietnam, en las que el ejército de las barras y estrellas sufrió numerosas bajas en su intento por imponer un cambio político en países lejanos.

El mismo Maduro ha agitado el fantasma de Vietnam en su intento de disuadir a la Casa Blanca de recurrir a las armas: “Venezuela se convertiría en un Vietnam si un día Donald Trump manda al Ejército de Estados Unidos a agredirnos”, pronosticó.

Hasta la fecha, el cerco de Washington a Maduro se ha ceñido a lo estrictamente diplomático y Trump, pese a sus declaraciones, sigue reticente a comprometer tropas estadounidenses en misiones en el exterior.

Si para muchos Vietnam fue la guerra de nunca acabar de Estados Unidos, Venezuela es por ahora la que nunca empezó.