“La ansiedad causa desasosiego en la vida, incluyo preocupación, miedo, sentimientos negativos que atenazan el alma y amarga la vida, sino se busca la paz, mediante la reflexión” Manolo

Hay un interesante pasaje el Libro del Éxodo de la Biblia en el que Dios le dice a Moisés: “Quítate las sandalias, porque el lugar donde estás parado es Tierra Sagrada”. Es que Moisés había subido a un monte y, en soledad, pensaba en su historia y en las enseñanzas de sus mayores y buscaba encontrarle sentido a s existencia. En esa oración-reflexión, mirando una zarza ardiendo que no se consumía nunca, recibió la invitación e inspiración que estaba buscando encauzar su vida a liberar a sus hermanos de la esclavitud.

Es tradicional que los cristianos durante la Semana Santa, meditemos acerca de la fe que profesamos. Meditar es ponerse en contacto en realidades trascendentes que en alguna forma ya hemos experimentado y nos han ilusionado, impactado, consolado y generado vida con rumbo certero. El ser humano, por naturaleza y vocación, siempre tendrá, aunque lo niegue, una inquietud hacia lo trascendente, y su interior está configurado de tal manera que puede elevarse a dimensiones de sentimiento y conocimiento que están más allá de lo que nuestros sentidos son capaces de percibir.

Hacerlo es una experiencia mística que nos exige desprendernos de las distracciones mundanas para en silencio y con humildad, meditar sobre nuestra existencia, misión y expectativas en este maravilloso mundo.

En estos días santos, bien podríamos reflexivo lector, subir al monte de nuestro propio interior y ahí escuchar la voz del Infinito que nos invita a la transformación de nuestra vida haciéndonos liberadores de quienes viven en la esclavitud de la ignorancia, la pobreza económica y de espíritu y la explotación.

Recuerdo como agua fresca los Ejercicios Ignacianos que tuve en una Semana Santa con el éxegeta y jesuita Héctor Díaz Valencia, que consisten en siete días en absoluto silencio, de quien dijo: “Es educación dialogar, ´pero más elevado el respetar al silencio” conviviendo tan sólo con las miradas con quienes participamos, sin emitir saludo alguno, durante esa semana, tuvimos vida en comunidad y cada quien en habitación individual, y el jesuita nos daba pistas bíblicas dos veces al día y nos dejaba meditar el resto del día, sobre tres preguntas sustanciales: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Y ¿Hacia dónde voy? ¿Y si en esos pasos llevaba y de que forma a Dios conmigo? Catarsis que me ensordeció el ruido de mi cuerpo y alma, que hasta me descompensé e mis niveles, teniendo un cuadro de glucosa baja, pero fue pasajero el síntoma, y mayor el logro de mi desarrollo interno.

De niño fue un colegio de monjas: “El Solar Infantil Oaxaqueño”, que nos daba la cátedra de religión el octogenario padre Memo del templo de La Soledad, que nos emitía frases en latín, (en otra entrega abordaré mis vivencias con mis primeros cuates de la vida) y cada mes teníamos misa con la comunión que disfrutaba plenamente. En el bachillerato volví a estudiar en colegio ahora de curas, Los  Escolapios del Instituto “Carlos Gracida”, luego terminé el 3er año de preparatoria en otro colegio de los Lasallista, “El Benavente” en la Ciudad de Puebla, que recibí clases de religión también, posteriormente estudié 3 años en la Universidad La Salle en la Ciudad de México, la carrera de Licenciado en Derecho.

 Ello acude a mi memoria, que a pesar de la instrucción católica, no había conocido a Jesucristo hombre, que gracias a los jesuitas Héctor Sáenz, quien oficiaba misas en el templo de la Compañía, en Oaxaca, ya de adulto acudí incluso a recibir clases de Cristología, Espiritualidad del Seguimiento, cada viernes durante año y medio fueron momentos de gozo pleno, que día a día transito aprendiendo el camino de la liberación interior.

Pues bien, siempre el ser humano vive en ansiedad, y no nos permite estar en conciliación con uno miso, y queremos saber cómo librarnos del yugo humillante y gravoso que destruye nuestra auto estima y aflige nuestras esperas sin redención. Fritz Pearls la define: “La ansiedad es la distancia entre el ahora y el después” el futuro nos acongoja, vivimos con el cuerpo donde estamos y la mente viajando siempre a lo incierto, alteramos el reloj cronológico, por tanto hay que reflexionar sobre la presión externa y la interna de practicar lo que tanto nos otorga tranquilidad, que es vivir el sacramento del presente para que así ante las tribulaciones ensayemos respuestas nuevas.

Jugadas de la vida.
El maestro Goenka resumió que la consciencia de la respiración nos ayuda a limpiar la mente y avanzar hacia la liberación.