Un nuevo léxico de lo político en México

“La lucha ya no se reduce a retrasar lo que acontecerá o asegurar su llegada; es preciso reinventar el mundo. La educación es indispensable en esa reinvención”.
PAULO FREIRE

“En primer lugar, conviene ser conscientes, Heródoto, de lo que denotan las palabras, para que los temas sujetos a opinión o que se investigan o discuten, podamos emitir juicios refiriéndonos a sus designaciones y, al hacer una demostración no se nos vaya todo confuso o nos quedemos con palabras vacías” (Epicuro, “Cartas a Heródoto” Alianza, Madrid 1991. P.91). “Las grandes palabras frecuentemente alcanzan un alto valor de uso y un bajo nivel de significado” (Stuart Chace, La Tiranía de las Palabras).

Las tres citas que sirven de preámbulo a este escrito ilustran la necesidad de urgente de un vocabulario que nos ayude a comprender las grandes transformaciones de lo que va de este siglo, tanto en el mundo como en nuestro País. Un gobierno transparente requiere de una sociedad dialogante y deliberativa en la que la opinión pública no se reduzca a conversaciones con la prensa o medios informativos, sino que propicie la gestación de un pueblo consciente de lo que acontece y sea capaz de incidir en las grandes decisiones; formar un criterio público es lo que corresponde a toda agrupación humana que aspire a superiores estadios de vida.

Veamos. Por principio de cuentas es importante que el foro esté abierto permanentemente a la deliberación de los temas de la agenda pública desde todos los espacios vinculantes directa o indirectamente. Redes para la formación y reformación de una ciudadanía que se ocupe de la germinación de una nueva generación de mujeres y hombres de conciencia y espíritu libre para entregarle a México lo mejor de sí mismos. Bajo esas premisas es posible que se acerquen a la consigna de Morelos para concebirse como “siervos de la Nación”; es decir, gente del pueblo, sin privilegios de ningún tipo más que el de servir a la patria. Dispuestos siempre a contribuir desde sus propios espacios y ámbitos de conocimiento, artes y oficios; a sembrar las semillas de una nueva cultura ciudadana, un país distinto, un humanismo vital, una sociedad dialogante, deliberativa, crítica y autocrítica, tolerante, empática; en fin, ética y democráticamente sustentable.

Todo movimiento regenerador y transformador debe apuntar hacia una filosofía práctica; esto es, que el pensamiento tenga una clara dirección humanista; seres humanos de todo el mundo que hayan contribuido a las más grandes causas sociales debe ser ejemplo de la acción de lo político. Principalmente de nuestros ejemplos nacionales, cuyas conductas han dejado un camino a seguir; aquellos que han arado, surcado y abonado el espíritu universal del bien; se inspira, también, en las acciones cotidianas de la gente común que lucha cada jornal, cada segundo por el sustento diario para vivir conscientemente de una manera honesta, honrada y con decoro.

Entregar su fuerza a una causa común, justa, real, verdadera; transformar una realidad cada vez más deprimente, no de palabrería insignificante sino del verbo acompañado de la acción. Generar un ambiente social en el que podamos entendernos y comprendernos para trazar un camino nuevo, sin trampas y sin obstáculos perversos; un erial por el que todos podamos transitar consciente y libremente, a ello debe conducir la ruta hacia un nuevo espacio de lo público; eso es lo que marca la diferencia entre lo político, como el todo, respecto de la política como expresión parcial (partidos) de lo primero.

Generar una nueva ciudadanía dispuesta a construir un nuevo modelo político, un paradigma digno de ser imitado por otros Estados, por otros países. Una política humana que sea capaz de regenerar a los usurpadores de la vida pública, por muy utópico que parezca. Ciudadanos que sientan México y dignifiquen lo político. Una ciudadanía dispuesta a liderar una multiplicación de mujeres y hombres de bien, íntegros, incorruptibles, que delibere constantemente y asuma la responsabilidad y la ilusión de convertir a México en un Estado, Nación, País, líder total: político, social, económico, cultural, educativo, etc.
Lo primero es regenerara la lengua, un nuevo código lingüístico, un nuevo léxico de lo político, de la vida pública en general pues. lingüística: hacia una comunicación clara, precisa, concisa y verdadera. un nuevo entendimiento con un léxico de la política, la administración pública, las formas de gobierno, la actividad empresarial, las finanzas, la cultura, sin mentiras ocultas o dobles significados ni “letras chiquitas” que han hecho posible el encubrimiento de una burocracia deshonesta y sobornable, una democracia simulada, una hacienda pública inquisidora con la clase trabajadora y sumisa a la clase patronal.
Toda generación, degeneración o regeneración principia por la palabra, la lengua, el verbo. Si las religiones han proliferado y son -desde su invención- junto a las desviaciones fanáticas, como los nacionalismos a ultranza, los movimientos que más gente congregan, así sea por la ignorancia o “convicción” vienen dadas por la lengua. Pero todas las religiones y los totalitarismos fundan sus ideales en sentimientos desbordados o pasiones imposibles de equilibrar con el contrapeso racional por una fe ciega, desmedida que deviene de la palabra del dios, del mesías o del líder y en ella creen. el verbo, la palabra, la lengua, les mueve.

Hoy, la palabra no existe, el cinismo se ha apoderado de la vida social, y en política ha alcanzado su máxima insignificancia porque así conviene a todo lo que rodea a la “clase en el poder”. ahí están las políticas públicas, las grandes categorías democráticas, las leyes, la propia constitución política, las reformas con todo su lenguaje siniestro dictado por los organismos internacionales para hacerlos incomprensibles al ciudadano común o bien encausadas por una ansiedad de poder
Es tiempo de comenzar por divulgar la palabra política, la buena palabra, el verbo significante, la lengua que permite el pensamiento correcto, las ideas sanas, el pluralismo democrático, la tolerancia, la voluntad general y todas aquellas que deben volver a tener significación, que le den sentido a todo cambio; definitivamente, si de algo podemos estar seguros es que una Babel no produce comunicación alguna, a lo más emitiremos sonidos incomprensibles, incomunicación total.

El foro abierto respetuoso de las diferencias nos llevará muchas veces a disensos, seguramente. Pero el resultado será, por muy complejo que parezca, consensos apegados a más altos niveles de criterio público y no a la simple opinión pública; por ende, las decisiones de gobierno serán auténticamente democráticas y no simuladoras de la voluntad popular; serán entonces si fuertemente soberanas y el pueblo será el mandatario. Se trata pues, de una constante búsqueda de la verdad, y en esto la sabiduría popular que no es menor que la ciencia y las artes, pues en ella fundan su razón y a ella regresa todo quehacer del ser.

Escuchar a todo mundo, intelectuales, empresarios, artistas, artesanos, deportistas, políticos, académicos, estudiantes, profesionistas, técnicos, campesinos, trabajadores en general, mujeres y hombres, para dar vida a esos espacios dialogantes, deliberantes, donde todos por igual “escueleaos y no escueleaos” procuremos el entendimiento por medio de la palabra expresada con respeto y sin el afán de ofender ni de autoproclamarnos poseedores de la verdad. Nos leemos próximamente, mientras tanto que haya cordura y paz. Comentarios, menciones y mentadas (de menta) a nigromancias@gmail.com / twitter: @JTPETO

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