EL FINANCIERO

Javier Risco

La Nota Dura

Tenía 10 años y no lo recuerdo tan nítidamente. Lo que sí recuerdo es que cuando lo mataron mi madre me prohibió verlo, eran imágenes que para ella eran brutales –creo, en realidad, que para todos lo fueron– lo vi porque la imagen la repitieron hasta el cansancio y en la sala de mis abuelos dejaban la tele prendida como acompañante de cualquier tarde. Ahí vi cuando mataron a Colosio, cuando un tal Mario Aburto, obvio yo no sabía su nombre ni qué hacía, accionó un arma y le disparó en la cabeza, supe que murió y creo haber visto a varias mujeres de mi familia llorar –no es que hayan sido priistas sino que el asesinato de un hombre repetido mil veces en la tele te debe llenar de tristeza. De aquel tiempo también recuerdo difusamente, como si el recuerdo estuviera entre una densa selva, la imagen del subcomandante Marcos, un encapuchado que se había levantado en armas, nada más sabía de él, bueno también sabía que mi abuela lo había cargado de bebé porque era su vecino en Tampico. Eso sabía de 1994. También supe de devaluaciones, mis padres compraron ese año un departamento en la colonia Del Valle que les costó 300 mil pesos y que terminó en poco más del millón de pesos, recuerdo las noches difíciles de ellos, pero las mañanas como si nada pasara mías y de mi hermana. Nebulosamente recuerdo también a La Paca, una vidente contratada por el gobierno mexicano para resolver un caso judicial, la recuerdo porque mi familia se reía de eso, porque no daban crédito del México que les tocaba vivir. Tal vez el último recuerdo político de aquellos años, cuando apenas tenía 10, era la manera en la que me sorprendió la voz del expresidente Ernesto Zedillo la primera vez que la escuché, me reí y dije que hablaba “quedito”. Creo que nada más, no recuerdo algo más políticamente hablando de aquel año, me quedan recuerdos de Romario en el Mundial, pero de eso se hablará en otra columna. 

Escribo este texto para mi generación, para los nacidos entre los 80 y 90, esos que hemos construido un recuerdo de aquel año de palabras en comidas familiares, en periódicos viejos, en historias de televisión, en recuerdos de amigos más grandes. Para ustedes más que nadie es la serie de Netflix “1994”, un trabajo del periodista Diego Enrique Osorno que recrea ese año, que como bien dicen al inicio de la serie: “El año 94 dura desde mediados de 1992 a finales de 1995”, de ese tamaño fue la influencia de cada uno de los actores políticos.

Las voces de Carlos Salinas de Gortari, el subcomandante Marcos, Marcelo Ebrard y varios políticos más arropan un relato que se convierte en una fotografía nítida de aquel tiempo que cambió el rumbo del país. El “amor” con el que Salinas le anunció a Colosio que sería el candidato, “hoy es un día bello” dijo Salinas; el berrinche de Castillo Peraza y la regañada presidencial; el abrazo de Colosio con Alfonso Durazo, su particular, el día que lo nombraron candidato; el porqué del subcomandante Galeano; la voz de Luis Donaldo Colosio Riojas ante decenas de micrófonos y en una entrevista con Jacobo Zabludovsky; por fin, a nuestra generación le cuentan sin cortinas lo que sucedió aquel año. He platicado con varios un poco más grandes que recuerdan el momento y lo equiparan con la caída de las Torres Gemelas, algo que sucedió y que cuando se enteraron recuerdan dónde y con quién estaban. En el caso de las generaciones que me preceden la memoria les jugó chueco, todos me han dicho que “más o menos lo recordaba, pero se me había olvidado gran parte de la historia”, “fíjate que sí recordaba algo de Colosio pero no sabía su pasado en Sedesol”, en fin, cada uno se quedó con un recuerdo vago, por Dios quien diga que 20 años no es nada que lo pruebe en la memoria, en este caso ya pasaron 25.

La serie de Netflix es una joya, es una esperanza periodística para trabajar sobre documentos así del año 2000, de 2006, de 2018 y la llegada de Andrés Manuel al poder, la serie nos obliga a una simple reflexión, tenemos que ser capaces de dar un paso atrás, o dos, y ver lo que nos sucede en este momento, de las decisiones del presidente, de las votaciones en Diputados y Senado, del México donde matan a decenas de miles al año, ¿qué estamos viviendo? Imaginemos que nos vestimos de Diego Enrique Osorno por unos días, ¿qué guardarían en un futuro que tarde o temprano nos va a exigir una explicación?