El sobrino del presidente

Oaxaca

Contrario al presidente Francisco I. Madero, el Periódico El País, del Director Trinidad Sánchez Santos; después del levantamiento contra el mandatario de la República, describía así a Félix Díaz, sobrino del General Porfirio Díaz: “desde su permanencia en el Colegio Militar, adquirió sobre sus compañeros un ascendiente que ha ido aumentando; es servicial, buen compañero, humilde, modesto y enérgico en el mando, reposado, discreto y reflexivo”. La descripción del rotativo contrastaba mucho con las características del verdadero sobrino del tío, como verdaderamente conocía la clase política a Félix Díaz en aquel inicio del siglo XX. 

Félix era hijo del Chato Díaz y de Felipa Prieto. Nació en Oaxaca. Quedó huérfano a los cuatro años, cuando los juchitecos le cobraron a su padre la afrenta contra San Vicente Ferrer. El hijo del chato fue incapaz de conseguir algo por sí solo; para todo, ocupaba el apellido de su famoso tío. Su carrera militar fue meteórica; de 1902 a 1909 fue capitán, mayor, teniente coronel, coronel, y en marzo de 1909, General Brigadier de Caballería. Los oficiales de la época le consideraban un general de postín, un arribista perfumado que no había hecho gran cosa en la milicia. En los terrenos de la política tampoco era querido porque sus cargos públicos y ascensos eran conseguidos por sus lazos de sangre con el expresidente Díaz.

Después de haber sido Inspector General de Policía del Distrito Federal en 1911; en ese mismo año, fue designado gobernador interino de Oaxaca. Sus aspiraciones de ocupar el cargo por más tiempo se desvanecieron cuando fue vencido en las urnas por Benito Juárez Maza.

Del levantamiento Felicista que encabezó en contra de Madero que, en realidad era un documento muy breve que se dedicaba a denostar a la figura del presidente, que no contenía propuestas de carácter social, económico, ni proyecto de gobierno, opinaba el embajador cubano en nuestro país, Manuel Márquez Sterling: “el sobrino de Díaz se ciñó la ridícula diadema de príncipe imperial, y se siente heredero del trono que su tío dejó vacío”; por su cuenta, el embajador alemán, Otto von Hintze, al referirse propiamente al levantamiento Felicista, descalificó rotundamente a Díaz aludiendo a su carencia de atributos como líder y a su incompetencia que, a la postre llevaron al fracaso a su movimiento político.

De la sublevación en sí, cuando un reportero inquirió al Ministro de Gobernación, Jesús Flores Magón, este opinó: “solo es una locura de Félix Díaz quien, envanecido quizá por antecedentes de familia, ha pretendido convertirse en héroe, cuando en realidad no es más que un disidente que debía haber respetado los distintivos que inmerecidamente portaba por pasear su espada virgen por las calles de la capital”.

Sin mayor esfuerzo; el 23 de octubre de aquel 1912 el general Beltrán venció a Díaz casi sin combatir. En realidad no se necesitaba mucho para derrotar a un bueno para nada como el sobrino del tío. Fue hecho prisionero, encarcelado en la fortaleza de San Juan de Ulúa y condenado a muerte. El abogado Rodolfo Reyes solicitó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia alegando que Félix, antes de sublevarse había renunciado a la milicia. El amparo fue concedido, desde Veracruz, fue trasladado a la penitenciaría de la capital del país desde donde junto con otros pillastres organizaron el golpe final contra el gobierno de Madero. La razón del odio del sobrino del tío contra el presidente fue haber orillado a su tío Porfirio a renunciar a su puesto como jefe del ejecutivo del país. Nunca se lo perdonó.

Con Huerta en el poder fue enviado al Japón como embajador de México. Condenado a un destierro disfrazado de misión diplomática; el usurpador no podía aventurarse a que el hijo del chato, añorando el poder que acarició en sus años mozos con su tío en la presidencia pudiera sublevársele. Con más pena que gloria regresó a México cuatro años antes de morir en 1945 olvidado en la nada de la historia grande de nuestro país.

Tuíter: @santiagooctavio

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