Para comprender a uno de los poderíos más impresionantes que ha tenido la humanidad, es necesario pasar más allá, por la visión de los clásicos: Polibio, Cicerón, Plutarco o Tito Livio; y, más cerca de nuestro tiempo por Gibbon, Syme, Mommsen, Rostovtzeff, Meyer, Kovaliov, Rosenberg, Goldsworthy, Beard, etc.

Para entender la historia de romanas y romanos en sus diferentes etapas, hay que leer las reseñas desde su fundación; al respecto el historiador Tito Livio, sobre los relatos fantásticos de Rómulo y Remo, señala: se dijo que Remo había sido el primero en recibir un presagio: seis buitres se le aparecieron. Justo tras producirse el augurio, a Rómulo se le apareció el doble. Cada uno fue saludado como rey por su propio partido. Los unos basaron su aclamación en la prioridad de la aparición, los otros en el número de aves.

Luego se siguió un violento altercado; el calor de la pasión condujo al derramamiento de sangre y, en el tumulto, Remo fue asesinado.

Respecto a la Roma arcaica, la escritora Mary Beard, autora del libro SPQR, una historia de la antigua Roma, advierte que: se pierde en las brumas de la leyenda. Durante largo tiempo, solo fue un aglomerado de cabañas y casas acaudillado por señores de la guerra y sus parentelas. Hay que esperar al siglo IV a. C. para contar con referencias fiables en pergaminos, papiros o piedra, aparte del tesoro informativo encerrado en los epitafios de las lápidas.
En Historia de Roma, de la autoría del alemán Theodor Mommsen; respecto a sus orígenes, específicamente sobre la zona en la que fue fundada el historiador establece: esta región, no ofrecía por sí misma, atractivo alguno al emigrante, y hasta los antiguos reconocían que si la colonización ha venido a establecerse en aquel suelo malsano y poco fértil, no ha sido espontánea y naturalmente; en una palabra: que solo la necesidad y un motivo especial e imperioso ha podido determinar la fundación de Roma. La leyenda parece también acreditar la extravagancia del hecho; de aquí la fábula de la construcción de la ciudad por una escuadrilla de tránsfugas procedentes de Alba al mando de dos príncipes de sangre real: Rómulo y Remo.

Sobre la monarquía apuntamos: se pueden contar a Rómulo (latino), 753-716 a.C.; Numa Pompilio (sabino), 716-674 a.C.; Tulio Hostilio (latino), 674-642 a.C.; Anco Marcio (sabino), 642-617 a.C.; Tarquinio Prisco (etrusco), 617-579 a.C.; Servio Tulio (etrusco), 579-535 a.C.; Y, Tarquinio el Soberbio (etrusco), 535-509 a.C.; que, son siete reyes que gobernaron Roma durante 250 años en su etapa monárquica: los cuatro primeros, incluido Rómulo, pastores y agricultores de origen latino y sabino; los tres últimos, de origen etrusco.

Sobre los problemas en sí de la república romana, se pueden citar: las reformas económicas en la estructura agraria; las reformas políticas, el tribunado de Cayo Sempronio Graco; el legado político y socioeconómico de los Graco; la ascensión al poder de Cayo Mario; la política exterior, la guerra en Hispania y la rebelión de esclavos en Sicilia; las guerras civiles y la dictadura de Sila; la supremacía de Pompeyo y el conflicto de Roma ante su ausencia; la alianza de Pompeyo, Craso y César; la guerra entre
Pompeyo y César; la llegada al poder de este último y el fin de su dictadura.

Siguiendo con el tema de la república romana, particularmente sobre su final, Antonio Díaz Bautista, Profesor de Derecho Romano de la Universidad de Murcia afirma: se pueden señalar una serie de factores que contribuyeron a ese colapso; por ejemplo: el distanciamiento de los frentes bélicos; la conquista de Grecia, que supuso una invasión de modas y costumbres griegas, relajando la tradicional austeridad de las familias romanas; el impacto que significó el aumento del número de ciudadanos sobre la estructura republicana; la rigidez de la aristocracia romana y su empeño por monopolizar el poder, su rígido
conservadurismo que les impedía comprender los cambios en las circunstancias sociales; la propia desproporción entre la pequeña Roma y la gran extensión de los territorios conquistados; la crisis de los Gracos; la lucha entre Mario y Sila; las guerras civiles con César; finalmente, hay que recordar la gran corrupción política y administrativa de los últimos tiempos de la república.

Al inicio del imperio, el historiador alemán Arthur Rosenberg, autor de Historia de la República Romana, sobre las características personales de Augusto detalla: nunca poseyó dotes de general; como gobernante y como hombre fue siempre pacífico y moderado, e incluso, a veces, mezquino. Mas considerada en conjunto, en su actuación y su influencia sobre la posteridad, el emperador Augusto es la figura más grande que la antigüedad ha producido.

El historiador británico Edward Gibbon, autor de Decadencia y caída del Imperio Romano, obra cima de la historiografía y literatura universales; particularmente sobre el tema establece que, la causa principal fue: “la conjunción entre barbarie y cristianismo, incidiendo en que la Iglesia se había opuesto al progreso y pervertido la virtud pública”.

Sintetiza: “La sucesión de cinco siglos impuso los diferentes males de desenfreno militar, despotismo caprichoso y elaborada opresión”. Sobre este mismo tema, el historiador británico Adrian Goldsworthy, especialista en historia del mundo clásico y, autor del libro, Augusto, de revolucionario a emperador; establece entre muchos conceptos e ideas que: “No hay consenso acerca de las razones que llevaron a la caída de Roma. Pese a que suele sostenerse que la adopción del cristianismo fue una contribución importante al hundimiento final del Imperio, en realidad no es cierto”. Desde 217 hasta el final del Imperio de Occidente, sólo hubo tres décadas sin guerra civil.

Esto infligió un daño enorme a la economía y la sociedad. En lo político, se creó un sistema en el que la
prioridad del emperador era simplemente mantenerse vivo, y los enemigos más peligrosos eran siempre otros romanos. Los generales y también los ministros sabían que el éxito y el renombre probablemente les harían perder su confianza, y en todos los niveles de la jerarquía, el beneficio personal y la pura supervivencia se hicieron mucho más importantes que hacer bien el trabajo.

Concluimos: Roma sin duda, dominó al mundo. Necesariamente hay que visualizar a los romanos en sus etapas de esplendor y decadencia; pero también, por su importancia cultural y su enorme legado para la humanidad. Monárquicos, republicanos o imperiales, son parte de nuestra cosmovisión occidental. Roma subyugó a la Tierra de su tiempo y también a la de la actualidad; de no ser así, no tendría sentido seguir hurgando en su milenaria historia.

Tuíter: @santiagooctavio