• Continuando con el tema de los morenistas que en nada se apegan a los dichos del presidente López Obrador que en cada ocasión repite: “siempre hablo con la verdad y siempre he considerado la honestidad como lo fundamental…”, sigo poniendo en el Escaparate, nombres de políticos de su partido que actúan al revés. 

El colega mixteco Horacio Corro, describe muy a tono la personalidad corrupta de la política perredista y ahora morenista, doña Juana Cruz quien llegó al poder gracias a la coalición “Juntos haremos historia”.  Dice:

En Huajuapam el que está detrás de los negocios turbios de la presidenta municipal Juana Cruz, es su esposo Pedro Silva Salazar. También su hermana Elda Erica Cruz. Ambos deciden sobre lo que se tiene que hacer en la presidencia o lo que se tiene que presentar y decidir en cabildo.

No todos los regidores tienen la libertad de participar en la toma de decisiones. Sus planteamientos tienen que ser previamente aprobados por su esposo Pedro Silva, una especie de “príncipe con suerte”. (Este político también es prófugo del PRD y fue secretario del transporte durante el “Gabinato”. En la dependencia que manejó fraguaron uno de los más escandalosos tráficos de concesiones de taxis, mototaxis, autobuses, camiones de volteo y toda gama de transporte público. Se habla de más de 8 mil permisos vendidos).

Dicen que cualquier sugerencia de los concejales no permiten que se discuta en sesión de cabildo si no lo decide de antemano don Pedro Silva.

Horacio pone un ejemplo: El regidor de infraestructura, ordenamiento territorial y urbano, Martín Bernardo Mora Solano, informó al cabildo que había iniciado los trabajos de demolición de lo que fue el reclusorio regional de Huajuapan. No pidió aprobación, solo comunicó. Por sus pantalones, tomó la decisión. A nadie informó cuánto costará la obra ni que empresa la ejecutará.

Los trabajos iniciaron sin la autorización del cabildo, sin proyecto alguno, sin mostrar costos, metas ni licitación. Así lo decidió Pedro Silva Salazar el cónyuge tras el trono.

Decir poder tras el trono, no es nimio. Algunos regidores, para quedar bien con el primer caballero del municipio, le envían a gente que quiere hacer algún negocio o apurada con alguna gestión para que, desde sus oficinas particulares en la calle Trujano, les resuelva el asuntito ¿Estará en pre campaña?

El cómplice que más empuja clientela a Pedro Silva, es el síndico Pablo Crespo de la Concha. No repara en que al delegar funciones incurre en delito.

Doña Juana no cumplió con la norma de informar sobre los primeros cien días de su gobierno. Se prolongó hasta los 120 días, pero no informó nada sustancioso. Ni siquiera agradeció a su glosador Pablo Crespo, quien después de cada participación en las sesiones de cabildo, explica a la presidenta lo que quiso decir el regidor fulano o zutano.

Desde hace años, con la careta de “izquierdistas” la familia de Pedro Silva Salazar, ha ejercido un feroz cacicazgo político, comparado solo con el que ejercía la familia del panista Luis de Guadalupe con toda su parentela.

Pedro Silva ha sido diputado federal, diputado local, dirigente del PRD, y Secretario de transporte dentro del gobierno de Gabino Cué. Su esposa, hoy presidenta municipal de Huajuapan, ha sido diputada local en dos ocasiones, y diputada federal. Hoy, gracias al partido de AMLO siguen royendo el hueso, pero no se apegan a la “honestidad valiente”.

DESDE LA CÁRCEL

La clausura el jueves 20 de junio del restaurante “La Curia”, ubicado en Escuela Naval Militar número 406 de la Colonia Reforma en la Ciudad de Oaxaca, que hasta la víspera se creía propiedad de una de sus “sobrinas”, redescubrió al convicto ex secretario estatal de Salud, Germán Tenorio Vasconcelos, en todo su esplendor.

Algunos testigos de la clausura dicen que, no obstante estar en la cárcel, el ex titular de los SSO actuó como lo que es, un delincuente de “cuello blanco” prepotente y altanero, acostumbrado a humillar a las personas que cree inferiores.

Apenas le informaron que interventores de la Secretaría de Finanzas del Gobierno estatal estaban sellando las puertas de “La Curia” por supuesta evasión fiscal, los teléfonos de sus empleados comenzaron a sonar reiteradamente. Dicen que el que hablaba era el mismo Germán. Desde su celda montó en cólera y comenzó a amenazar e insultar a los enviados de Finanzas.

Aunque habló con muchos, nadie le hizo caso. Enseguida la emprendió contra su contador. Ordenó que le quitaran los documentos contables que éste poseía y echarlo a la calle sin respeto alguno.