Oh Dios mío! ¡Mira esa foto de allí!», afirmó uno de los astronautas de Apolo 8. Fue la primera imagen de la Tierra tomada en órbita alrededor de la Luna. Esta fotografía se hizo en blanco y negro con una cámara Hasselblad y un tele ZEISS Sonnar 5.6/250 mm; 58 segundos después se tomó en color. En ella se ve la Tierra parcialmente en la sombra y en un primer plano la superficie lunar. Era el 24 de diciembre de 1968. Habría que esperar hasta julio de 1969 para que se tomaran las fotografías tras el primer alunizaje en el mar de la tranquilidad del satélite. Un proceso que empezó antes del despegue de Apolo 11. La NASA, convencida de la importancia que tenía documentar este hito, quería asegurarse de que nada iba impedir tomar instantáneas nítidas de la odisea espacial si el alunizaje concluía con éxito. Un objetivo que logró de la mano de dos empresas: la sueca Hasselblad y la alemana ZEISS.

Uno de los primeros retos a los que se enfrentaron fue el desarrollo de cámaras y lentes que funcionaran pese a las fluctuaciones extremas de temperatura. Además, había que lograr que la óptica de la lente funcionara perfectamente en gravedad cero. También era necesario llevar a cabo cambios mecánicos para que los astronautas pudieran utilizar las cámaras en el espacio pese a los guantes que iban a llevar. De hecho, para curarse en salud se les entrenó para manejar las cámaras, máxime cuando las instantáneas las hicieron casi sin ver y con la dificultad añadida de accionar el dispositivo con unos guantes que anulaban en gran medida el movimiento natural de la mano. «Los astronautas no eran fotógrafos, sino ingenieros y pilotos, de manera que recibieron un entrenamiento para manejar las cámaras. Tuvieron que fotografiar casi a ciegas, ya que el casco no les permitía mirar a través del visor, de manera que memorizaron el encuadre de la ‘‘lente lunar’’», explica el Dr. Vladan Blahnik, de Investigación y Desarrollo de ZEISS. «Además –prosigue–, se anotaron los motivos deseados en el guante, como una lista de control para no olvidar nada». En cuanto al disparador de la cámara «tanto éstas como los disparadores tuvieron que adaptarse en tamaño y usabilidad a los guantes enormes que usaban los astronautas», añade Laura Rocha, de Carl Zeiss Vision España. 

Terminados los entrenamientos llegó el día del lanzamiento: 16 de julio de 1969. Cuatro días después Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizaban con Eagle mientras que Michael Collins aguardaba en solitario en la nave nodriza Columbia, «el mismo hombre que, el 21 de julio de 1966, perdió una Hasselblad SWC –modificada– en el espacio», como rezaba el comunicado que mandó en 1969 Hasselblad. Y es que a Collins se le escapó el agarre de la cámara durante una caminata espacial.

Volviendo a 1969, horas después del alunizaje, Armstrong y Aldrin pisaban el 21 de julio la superficie lunar. Durante dos horas y 20 minutos tenían que tomar muestras de roca, izar la bandera y cómo no tomar instantáneas del logro para lo que emplearon una cámara de datos Hasselblad 500EL (HDC) equipada con un teleobjetivo Zeiss Biogon 60 mm f/5,6 con filtro polarizador y una película de 70 mm que contenía una película de Kodak de base delgada que permitía hacer 200 imágenes. En esta cámara se instaló una placa transparente Réseau,con una rejilla grabada que permitía imprimir ópticamente en el negativo unos marcadores de referencia con el objetivo de hacer marcadores de referencia que permiten realizar mediciones precisas a partir de los negativos. «Utilizaron una película de 70 mm, de 70×70, no de 6×6, porque querían aprovechar todo el formato de la película», explica el astrónomo aficionado Antonio del Solar. «La llevaban encima del ombligo con un sistema de sujeción. Sabían cómo encuadrar sin mirar por el visor gracias a las horas de entrenamiento. Tenían objetivo angular, normal y teleobjetivo que se podían intercambiar entre las cámaras, aunque una de ellas era una cámara fija, un angular que se llama ”angulón”. Además, como los guantes eran tan duros les hicieron disparadores especiales», añade. También contaban con una segunda Ha-sselblad eléctrica (HEC) equipada con un Zeiss Planar 80 mm f/2,8 con la que se disparó desde el interior del Eagle. 

Si uno de los temores era que el polvo lunar pudiese dañar las botas de los astronautas, a las que se les puso un revestimiento protector, también estuvo muy presente para el asunto de las fotos, aunque aquí no era necesaria tanta técnica, sino ser prácticos. «El polvo no nubló las fotos. Durante la caminata lunar, los astronautas volvieron repetidamente al módulo lunar y limpiaron las lentes», afirma Blahnik. En cuanto a las condiciones de luz, «al carecer de atmósfera y clima, éstas eran bien calculables, por lo que los ajustes de la cámara se realizaron en gran medida de antemano y se adaptaron un poco después según la posición al Sol», añade. 

Condiciones extremas 

La cámara HDC pegada al pecho que utilizó Armstrong –salvo la de la huella que la hizo Aldrin– fue diseñada para soportar condiciones extremas. De este modo se le puso un revestimiento de plata reflactivo con el fin de estabilizar la cámara ante temperaturas de entre -65 y más de 120 grados. 

Tras el rodaje fotográfico del 21 de julio ambas cámaras, con sus lentes y accesorios, fueron depositadas en la Luna tras extraer la película para contrarrestar así el peso de las muestras de roca lunar tomadas. Era clave para regresar a la Tierra. No fueron las únicas. Todas las cámaras empleadas en las misiones Apolo –14– se quedaron en la Luna salvo la que utilizó Jim Irwin en Apolo 15.

Fuente: La razón