La república en Roma surgió como fruto de una revolución en el  510 a. C., contra Tarquino el Soberbio, séptimo de los reyes que tuvo desde su fundación y que, era de familia etrusca. La República constituyó un modelo de equilibrio de poderes porque, estaba concebida como un buen  sistema de contrapesos; así,  ningún poder podía dominar a los otros y, de este modo, quedaba en salvaguarda la libertad ciudadana; empero,  a pesar de su estructura armónica sufrió una grave crisis que acabó con ella. Aproximadamente, hacia el 130 a. C., se inició un largo período de guerras civiles y de dictaduras personales que solo concluyeron cuando a finales del siglo I a. C., ascendió al poder Octavio Augusto y se inició el Imperio.

Sobre el fin de la república romana se  pueden señalar una serie de factores que contribuyeron a ese colapso; por ejemplo: el distanciamiento de los frentes bélicos; la conquista de Grecia, que supuso una invasión de modas y costumbres griegas, relajando la tradicional austeridad de las familias romanas; el impacto que significó el aumento del número de ciudadanos sobre la estructura republicana; la rigidez de la aristocracia romana y su empeño por monopolizar el poder, su rígido conservadurismo que les impedía comprender los cambios en las circunstancias sociales; la propia  desproporción entre la pequeña Roma y la gran extensión de los territorios conquistados; la crisis de los Gracos; la lucha entre Mario y Sila; las guerras civiles con César; finalmente, hay que recordar la gran corrupción política y administrativa de los últimos tiempos de la república.

A la muerte de César, Octavio alcanzó a consolidar  puestos importantes en la república, hasta que en el año 27 a. C.,  y a petición del senado, que le concedió el título de Augusto, ocupó definitivamente el supremo poder de Roma. Es importante acotar que,   Augusto no abolió formalmente la república, ni mucho menos se hizo proclamar como rey; simplemente se atribuyó el título de príncipe  y el de emperador.

En cuanto a los cambios en la legislación de república a imperio se refiere, hay que reconocer en Augusto a un enorme reformador; recordemos  por ejemplo,  que es él quien confirma la política sanitaria de César de conceder la ciudadanía a los médicos que no eran romanos y decidían vivir en la metrópoli, mediante  solicitud simple; al tiempo que también, configura los antiguos privilegios como ventajas establecidas a favor de personas o grupos de personas, a las que se accede mediante un procedimiento, y a las que se otorga la denominación de beneficios.

Existen en el inicio de este imperio romano cambios legislativos en: sucesión hereditaria del Estado; derecho a las opiniones de determinados juristas de responder de forma pública con respaldo en la autoridad del príncipe; la profesionalización de la justicia; tributación y finanzas públicas; sucesiones testamentarias; legislación militar; registro de nacimientos; asociaciones; delitos de apropiación de cosas públicas, falsificación de documentos públicos o de moneda y desviación del dinero público; etc.

Hoy podemos afirmar que  la grandeza del Imperio Romano se construye  en la República. Desde ahí, Roma pasó de ser una pequeña entidad política a convertirse en un ente conquistador de inmensos territorios que se extendieron  por gran parte de Europa, África del Norte, Asia Menor y toda la cuenca del Mediterráneo.

Para los romanos, su  República configuraba una comunidad de intereses en la que todos los ciudadanos eran copartícipes de los derechos y las obligaciones, es decir, que Roma en aquella época era una cosa del Pueblo, por el todo el pueblo y para el Pueblo.

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