La historia de porqué estamos en la Tierra, del porqué somos como somos, de qué es lo que nos rodea, de qué es lo que constituye al mundo, es simple y sencillamente: la historia de la ciencia.

Nuestro planeta es un ser vivo, gira alrededor del Sol a casi 30 kilómetros por segundo. Desde que se creó en la inmensidad del universo es movimiento constante; la Luna, su satélite natural estabiliza su rotación.

Los sismos de septiembre de 2017 en México, mostraron gran parte de la fe que los habitantes de nuestro país profesan y, sobre todo la particular manera de enfrentar a los fenómenos de la naturaleza. El alto sentido de la religiosidad del pueblo mexicano, inmediatamente relaciona los movimientos de tierra con castigos, lecciones o enojos de alguna divinidad por uno u otro comportamiento. Ante tal situación, es muy importante que los gobiernos extiendan esfuerzos para divulgar la Historia de la Ciencia; sobre todo,
aquella que está relacionada con los autores de descubrimientos, leyes, teorías y logros científicos a los niños en espacios públicos y de convivencia familiar; sin dejar de reforzar su enseñanza en los salones de clases.

En pleno Siglo XXI, es muy importante que los infantes sepan que los sismos no son provocados por dioses y seres todopoderosos; que la tierra se mueve desde que se creó en el universo y que, la interacción entre placas tectónicas provoca los inesperados movimientos.

Esta historia de la ciencia tiene que servir para que los menores conozcan los obstáculos que enfrentaron las mujeres y hombres en las épocas más obscuras de la humanidad, cuando la religión católica enfundada en falsos dogmas tenía poder absoluto sobre las formas de pensamiento de los seres humanos. En este terreno es necesario destacar la labor del astrónomo Carl Sagan con sus libros: El Cerebro de Broca; de 1979; Cosmos, de 1980; Un Punto Azul Pálido, de 1994; El Mundo y sus Demonios, de 1995; Una Breve Historia de Casi Todo, de Bill Bryson, de 2003; o La Invención de la Ciencia de David
Wootton, de 2017. Las seis publicaciones, entre otras anteriores y posteriores, están dedicadas a divulgar la ciencia de manera sencilla, relatando acontecimientos y descubrimientos científicos de diferentes épocas de la historia de la humanidad.

Dar a conocer la ciencia con su respectiva corriente historiográfica, es necesario para entender a profundidad todas las manifestaciones de la naturaleza y, para saber convivir también con todos estos fenómenos que seguirán ocurriendo en la Tierra con los seres humanos, sin ellos o a pesar de ellos.

La humanidad ha parido mujeres y hombres fascinantes; su lucha por descubrir las razones de nuestra creación y estancia en el mundo ha sido enorme. En este titánico esfuerzo, aún quienes perecieron en la hoguera, nos legaron conocimientos que hasta nuestros días, siguen siendo la base de la ciencia moderna en sus diferentes ramificaciones.

En la vida todo tiene un porqué y no necesariamente está ligado a dioses, demonios y fantasmas. La historia de la ciencia es parte de nuestra memoria viva; aquella que nos hace querer la sangre que corre por nuestras venas; la que nos obliga a defender lo que es nuestro; y, la que enseñaremos a los ciudadanos del mañana para que planteen el mundo en el que desarrollarán sus futuras realizaciones, al margen de supuestos y, con estricto rigor científico.

Tuíter: @santiagooctavio