OAXACA

Luego de José Guadalupe Posada, ningún artista mexicano ha hecho de las artes gráficas una herramienta tan eficaz para democratizar la cultura como el recién fallecido Francisco Toledo. Aunque también incursionó con maestría en ámbitos creativos tan diversos como son la pintura, la escultura, la cerámica, los textiles y hasta la joyería, lo suyo fue retomar lo que iniciaron en el siglo XVI los dibujantes de planchas metálicas entintadas con tal de facilitar la producción en tirajes grandes de propuestas plásticas que sólo así pudieron llegar a la gente de muy poco dinero.

Desde trincheras distintas pero complementarias Posada se ocupó en iluminar los textos del editor popular Antonio Vanegas Arroyo que así llegaron a mucha gente, en tanto que a Toledo se le dio inducir a los jóvenes formados en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (Iago) a conocer y usar esta herramienta para comunicar su imaginario. Nuestro Francisco nació en Ixtepec, Oaxaca en 1940, luego de una estancia muy importante en Europa, en Paris y Colonia, Alemania, entre otros países en los 60, volvió sobre sus pisadas, cuando eligió fundirse en el cosmos indocristiano que es la capital de sus raíces vitales. Su formación integral como grabador le dio pleno dominio de esta técnica dejando a la posteridad una herencia que vista en retrospectiva da pie, dispensando el ripio, a las tres notas que cierran los párrafos siguientes: vivencia, demencia y congruencia.

El legado plástico de Toledo proyecta el talento de un varón que sin pizca narcisista se valió de él para enfatizar su experiencia de ser y sentir como hijo de pueblo, en la periferia del capitalismo burgués, Identificándose con los marginados a costa de granjearse el desdén y el menosprecio de los mercenarios y clientes de las exclusivas pasarelas del mundo artístico. Y como defendió sin concesiones su singular sentido de pertenencia eso le hizo, como al autor de La Extracción de la piedra de la locura, el Bosco, tirar por la borda los convencionalismos y la sensatez, eligiendo fundir en el crisol amerindio ingredientes al parecer incompatibles: la visión de lo divino con el compromiso social comunitario, de modo que el reencuentro con el cosmos sagrado de su linaje fue para él tirar por la borda la mundanidad occidental y capitalista, adoptando sin poses las causas de su gente no desde la insumisión beligerante sino desde la particular trinchera de las artes gráficas, el soporte de un imaginario tan osado como versátil, que lo mismo apela al neofigurativismo de raíz onírica como a esa forma suya de zoomorfizar lo humano o antropomorfizar lo animal.

Fueron sus amores la naturaleza, la cultura y la dignidad humana, y los defendió de forma sistemática, de modo que al tiempo de su salida de este mundo no le sorprendió la muerte y el que nació pobre eligió morir en el anonimato, siempre luchando, distribuyendo su patrimonio a favor de causas públicas y sociales. Se ha ido y ya es extrañado su figura sencilla y discreta, tímida y huraña, desaliñada y entrañable, su gesto adusto, su catadura de hombre taciturno, se le recordará en su cotidiano deambular por el Andador de Alcalá, como parte del paisaje urbano de ese bello Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca, como su inmensa generosidad que dotó a nuestra Ciudad y a su Juchitán de: Museos, Pinacotecas, Bibliotecas, Clubes de Cine, Centros Culturales, Talleres, Espacios Verdes.

Pintor Universal que maravilló a Nueva York, Paris, Oslo, Tokio o Buenos Aires, volabas papeles para protestar por los estudiantes asesinados, o invitabas tortillas para concientizar sobre lo nocivo de llos productos transgénicos o te apostabas en alguna calle para defender nuestro patrimonio arquitectónico. Fuiste un Tlacuilo dijo alguna vez Andrés Henestrosa, pero también fuiste un loco. Adorable que no se dejaba apapachar, un hombre alejado de los reflectores y parafernalias, de protocolos y formalismos, desprendido de los bienes materiales, alejado de la tecnología y cerca de sus hijos, quien procuró ser un buen padre y así quiso ser recordado por ellos, finalmente fue ¡Un ser libre!

El pueblo llora, recordando su pincel, su manta, su huarache, su palabra rebelde, su identidad indígena, su talento. “Siempre al lado de los más necesitados, arista de dimensión universal”, como expreó en su pésame José Murat. Agrego, emotivo lector : adiós a un duende travieso. Toledo de doble genio: el del arte y brujo hechizador.

Jugadas de la Vida.

Francisco López Toledo, se sumó contra la construcción del tren Maya, fue un ecologista de corazón y convicción.

Twitter:@ldojuanmanuel