LA JORNADA

Ángel Vargas y Carlos Paul

 
La apropiación ilegal de diseños o plagio y la falta de valorización de su trabajo no son los únicos escollos que enfrentan hoy los artesanos en México. La mano del crimen y la delincuencia ha comenzado también a incidir en los procesos productivos y, sobre todo, en los materiales que emplean. 

Un ejemplo es el arte de la orfebrería en Juchitán, Oaxaca, donde el oro de la joyería era elemento esencial de los accesorios que complementan la vestimenta tradicional y que desde hace al menos 10 años ha sido desplazado por la fantasía, denominada allí guibayá, debido al incremento de criminalidad en esa zona.

De ello dan testimonio la historiadora del arte Manuela Cortés y una maestra orfebre que pidió guardar el anonimato, ambas originarias de esa población istmeña, quienes participan en la expoventa Hilos que Danzan, que concluye este domingo en la Galería Histórica del Complejo Cultural Los Pinos.

La primera fue coordinadora del desfile de trajes típicos de la región del Istmo que se desarrolló este sábado como parte de la muestra, en tanto que la segunda es una de los 60 artesanos expositores que participan en este acto, organizado por la Secretaría de Cultura Federal.

Usar oro en Juchitán está bien cabrón ahora, la delincuencia ha provocado que la gente lo haya cambiado por la filigrana de fantasía. Los delincuentes comenzaron a ir a las velas y otras fiestas a tomar fotos de los collares y pulseras para después exigírselos a sus propietarios a cambio de no secuestrar o incluso asesinar a algún familiar , refirieron.

Por leyes más rigurosas

En Hilos que danzan participan artesanos de diversas zonas del país, desde Oaxaca y Guerrero hasta Tlaxcala, Puebla e Hidalgo. Factor común entre ellos, según un sondeo de La Jornada, es su preocupación y tristeza por la falta de reconocimiento y valorización de su trabajo.

A lo cual suman su impotencia para protegerse y defenderse de que gente de otros países, como China y Estados Unidos, se roben sus diseños y luego los vendan en México a través de prendas de mala calidad, hechas de manera industrial y a bajo costo.

Tal opinión es compartida por los artesanos provenientes de 14 estados del país participantes de la feria de arte textil mexicano Tápame con tu Rebozo, en el Museo Nacional de Culturas Populares.

Consultados también por este diario, consideraron que frente a la problemática de la apropiación ilegal de diseños por corporativos extranjeros se requiere implementar leyes más rigurosas.

No están en contra de la comercialización de sus diseños, explicaron, pero las empresas deben respetar y trabajar directamente con los artesanos, pues ese problema afecta a la identidad, la historia y la economía de los artesanos y sus comunidades.

Para Isael Pérez Tolentino, de Tenango de Doria, Hidalgo, quien teje alebrijes de colores en manta, los legisladores no se han dado a la tarea de trabajar para implementar una denominación de origen. Se necesita endurecer más las leyes.

De San Ildefonso, Amealco de Bonfil, Querétaro, la artesana hñanhnú Josefina Pascual elabora muñecas, las cuales han sido declaradas patrimonio cultural de ese municipio. En su caso, su trabajo fue copiado y vendido a precios muy altos en tiendas de Liverpool. Eso nos afecta mucho, porque ellos las fabrican de manera industrial y el nuestro es un arte que lleva tiempo.