QUE CONSTE,…SON REFLEXIONES! 

         Hace unos días leía la noticia de que un grupo de policías de la capital detuvieron a una mujer que vendía churros, de los que se comen no de los que se fuman, y en una forma brutal no solamente le aventaron sus churros al piso sino que al resistirse le hicieron “calzón Chino”. Que brutales e indignos nos muestran sus facultades de represión, sin duda, el nuevo encargado de la policía Omar García tendrá una gran tarea para lograr la depuración de tanto bruto y corrupto que se mantiene dentro de la policía capitalina que debería ser muestra de honestidad y eficiencia.

         Hace muchos años, cuando tenía como diez, un padrino me regalaba cinco pesos, vivía en la zona de la Lagunilla y se acercaba el Día del Padre, los niños de vecindad no teníamos mucha forma de tener dinero o que nos dieran dinero para comprarles regalos a nuestros seres queridos, enfrente de República de Chile 47, existía una tienda, “Evelia”,donde vendía mercancías a medio mayoreo y como le caía bien al encargado pues me vendió una caja de chicles de cajita en el precio del medio mayoreo de cinco cincuenta, con esa comencé a vender en la calle mis chicles a tres por veinte, teniendo una ganancia de 1 peso diez centavos por caja. y me atrevía a pedir permiso a los choferes para que me dieran chance de ofrecer mi mercancía, me comenzó a ir bien, comencé a comprar más cajas e incluso coloque también pastillas de salvavidas. y con un pequeño grupo de amigos, comenzamos a vender más, mi negocio levantaba, pero un buen día, estando haciendo cuentas en la explanada de la iglesia de Santo Domingo, llegaron unas gentes de servicios no se qué y nos levantaron y llevaron a una casa allá por el rumbo de República del Salvador, donde ponían a los chicos que andaban en las calles, y lo primero que hacían era raparlos y ponerlos en esas casas, como quiera, convencía al encargado que me permitiera llamar a mi padre que trabajaba en ese tiempo en la Secretaría de Salubridad y al dejarme hacerlo, también, habló con él y al poco tiempo llegaba mi papá y sin más, nos regañó mucho, y dejaba los chicles y pastillas para que las repartiera entre los niños que se encontraban ahí. Mi dolor era enorme, después me preguntó, si él me pedía que vendiera chicles en la calle o me ponía a trabajar en vez de estudiar y claro, no tenía argumentos, pero le tuve que decir que lo estaba haciendo para juntar dinero para su regalo del día del padre, sus lágrimas me dolieron en el alma y me abrazó, y con cariño, me llevó a mí y a mis amigos a tomar un refresco y nos llevó a la casa.

         En esa ápoca esta experiencia me dolía en el alma y ya puedo imaginar lo que siente un pobre mujer cuando llegan los policías y la maltratan, le tiran sus churros al piso, le roban y la golpean y humillan, ella, no andaba robando ni haciendo nada malo más que buscar el modo de ganar unos pesos para llevar a su familia y así vemos cómo, los prepotentes policías, corruptos, muchos de ellos, solamente andan buscando a los que no se pueden defender o no les pueden comprar la “buena voluntad y el que se hagan de la vista gorda”, el día dos de octubre, me dirigía a una entrevista de televisión con mi amigo Julio Jiménez, donde estaría mi querido amigo Leopoldo Mendivil y un abogado del Estado de México del tribunal electoral, pero de pronto, se aparecía un policía en motocicleta y le pedía los documentos a mi hija, ella tiene su licencia y los documentos en regla, pero, qué creen? se le habían olvidado y ahí comenzó la tragedia y el regateo, de inmediato dijo que nos tenía que trasladar al corralón y que la multa sería de cerca de cinco mil pesos y blablá bla, me identifiqué y le solicitaba que nos apoyara, nada de prepotencias ni de amenazas de nuestra parte, total, al tiempo, me solicitaba una tarjeta de crédito porque ahora traen aparatos donde ellos cobran las multas y la introdujo, pero diciendo que no existía línea y que no me podía ayudar porque ya estaba reportado por las cámaras de vigilancia, y seguimos con el mismo cuento, al final de todo me dijo que lo que podía hacer era el que le diera dos mil pesos y que no la haría de tos, así las cosas, no tuvimos más remedio que aceptar, ningún funcionario donde quejarnos, ni tiempo para ello y tuvimos que entrarle al cuento. Después de todos estos episodios y de varias entrevistas que tuve que asistir en diferentes lados, me preguntaba si todo esto lo habíamos tenido que sufrir con mi hija acompañándola yo, si hubiera ido sola, ya nos podríamos imaginar la tragedia y la extorsión, por eso, pues, no hay confianza en la policía, y esto es lo primero que debe componer el nuevo encargado del tema: Omar García, quién es un policía de carrera y tiene buena madera y una buena herencia y honor.

         En tiempos de Manuel Camacho Solís, su padre, don Javier, tomó el mando de la policía de la capital y recuerdo que uno de sus primeros actos fue el de juntar a los responsables de las áreas y de las zonas y ahí, con la información de inteligencia, les comenzó a dar razón, a cada uno de los jefes, de sus propiedades y de sus casas chicas y grandes y de sus relaciones con grupos o personas, algunos protestaban, y él, solamente les dijo: “Cuando el estado les da, los ahoga, pero cuando el estado le quita, les destaza” y vuelven a darse robos a los bancos, secuestros en las calles, violaciones en las casas y las escuelas dentro de sus zonas de control, le aplico lo que les acabo de decir, y sin más, los despedía, al otro día se terminaron los asaltos de bancos, los secuestros y las violaciones que eran muchas y generaban la indignación de la sociedad, el caso es que, en verdad, los delincuentes no pueden andar solos en las calles si no cuentan con la protección de las policías, y la impunidad, ante la justicia. Efectivamente si no se arregla desde arriba y se limpian las escaleras desde arriba para abajo, no se podrá componer a los cuerpos de seguridad, por ello, los jefes de la policía, deben ser hombres de honor y de valor, honestidad y lealtad a sus superiores y amor y cariño a lo que hacen y a la sociedad, no hay improvisaciones, y la experiencia en la vida ,nos indica que mantener la seguridad en las calles es tan importante como sostener la seguridad nacional, a los ciudadanos, no nos importa tanto lo que se haga en la lucha contra la delincuencia organizada, sino podemos controlar los robos en las calles que afectan a los ciudadanos ,y esa, es la responsabilidad de la policía, y para ello, mantener el honor y el valor ,es vital, porque de ahí sale la lealtad.