PROCESO

Oaxaca.- Uso y costumbre de la política mexicana, renovada y persistente del último año, la concentración masiva se concretó hoy, fecha del primer aniversario de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México.

Escenario enorme, acorde a la asistencia, el mensaje se concentra mayoritariamente en lo económico –uno de los aspectos más cuestionados del cierre de año– y reitera el avance en la economía popular, la fortaleza del mercado interno y los indicadores favorables de su gestión; de principio a fin, la expresión bipolar entre el plural ”nosotros” para referirse al gobierno y sus adversarios -los conservadores, neoliberales, neopofiristas-, inclusive cuando defiende acciones, decisiones y refiere hechos trágicos: Culiacán, los Lebarón y la violencia en general. 

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Es el segundo gran mitin del año –tercero si se cuenta la toma de posesión y el aniversario del triunfo electoral el 1 de julio– al que se suman los más exclusivos “informes” por los primeros 100 días de gobierno y por la obligación constitucional del 1 de septiembre realizados en el patio central de Palacio Nacional.

Este domingo, López Obrador convocó, según las cifras oficiales, a 140 mil asistentes que, por el programa musical que suele acompañar sus “informes”, ya se ha vuelto costumbre, quizás desde aquel cierre de campaña en junio de 2018, llamarlo el AMLOFest.

Y en sí es un festival que minutos antes de las 12:00 horas se interrumpe para transmitir en pantallas la aparición presidencial, con los gritos de lo que hasta hace año y medio fue concurrencia opositora, y que hoy renueva las consignas de la lucha política frente al detentador de la investidura presidencial al que corean “pre-si-den-te, pre-si-den-te”, “no estás solo”, “es un honor estar con Obrador”. Pero es el segundo, como si estuviera bajo acoso, el grito que persiste.

López Obrador sale de la Puerta Mariana, en traje oscuro y corbata rojiza de machones claros, roja la prenda como el vestido de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, con quien atraviesa el pasillo de rejas saludando a quien puede y alzando la mano en su característico saludo a las masas. Ella lo acompañará impertérrita por los cerca de 80 minutos que dure la arenga conmemorativa de su ascenso.

“1 año de gobierno 2018-2019” se aprecia en letras gigantes al fondo del escenario, donde la iconografía oficial se reivindica en los caricaturizados perfiles de héroes patrios de las pasadas “transformaciones” y que son soporte discursivo de “la cuarta”, como ha llamado el propio presidente en autoafirmación de trascendencia histórica, y que este domingo iniciará su mensaje con una declaración:

“El cambio que estamos realizando está a la vista”.

Aunque terminará el mensaje pidiendo un año más para concretarlo, sus cifras del día se expresan, como en cada mensaje y cada mañanera, en la diferenciación: “antes…”, “lo que se hacía…”, “en el período neoliberal…” y así, envoltorio de datos que mayoritariamente llegan a los resultados del mes de octubre, es decir, al tercer trimestre sobre el que los datos están consolidados.

Los otros datos

Justo un año antes, el presidente Andrés Manuel López Obrador, mismo escenario y posiblemente misma concurrencia, estableció 100 compromisos. Hoy, asegura que ha cumplido 89 y le faltan 11 por cumplir. En eso promete que en un año más, la transformación estará lista.

Segunda línea del mensaje: “en el período neoliberal se hacían leyes sin considerar el interés público. Ahora, las reformas a la Constitución tienen el propósito de garantizar el desarrollo del país y el bienestar del pueblo”.

El mandatario arranca enlistando las reformas: contra la corrupción; para la “austeridad republicana”; para “devolverle al pueblo lo robado”; para evitar la condonación de impuestos “a los que financiaban campañas”; para castigar el fraude electoral; para la revocación de mandato y la consulta popular; para crear la Guardia Nacional y así sigue con el paquete de reformas del último año con las que, de plano, afirma:

“En los hechos, estas modificaciones configuran una nueva constitución que refleja las demandas y la voluntad del pueblo que decidió emprender la Cuarta Transformación”.

Es día de exponer, de manera implícita “los otros datos”, aquellos que corresponden con lo que él considera un plan de “economía moral”, no sin dejar de admitir que el crecimiento no fue el deseado.

Más de la mitad del discurso se dirige a los indicadores de carácter económico relacionados con los programas sociales; a la generación de empleo formal con cifras del IMSS y de los que asegura activan la economía popular con los programas de Bienestar; a la activación del campo con apoyo a los pequeños productores; al crecimiento de la inversión extranjera, la apreciación del peso y la “recuperación” de la industria energética.

Abunda en educación y la forma en que mediante consenso revirtió la reforma educativa peñista. Y arranca el aplauso de los contingentes que portan pancartas y otros afeciches del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el corporativo gremial que, como antes en otros gobiernos, hace su aparición como también la hace otros sindicatos, entre estos, el minero de Napoleón Gómez Urrutia, redimido en curul senatorial.

A diferencia de otras intervenciones, esta vez, López Obrador habla fluido, como suele ocurrir en discursos preparados; enfatiza sus datos con las consabidas alusiones al pasado, para afirmar el cambio, especialmente, cuando se trata de malos resultados… como ese, el económico:

“Todavía no ha habido el crecimiento económico como deseamos, pero existe mejor distribución de la riqueza; el presupuesto público no se queda como era antes en pocas manos sino que llega a la mayoría de la gente”.

Así es cuando habla de Culiacán y el operativo del 17 de octubre, admitiendo abiertamente que liberaron a Ovidio Guzmán para evitar muertes, aunque digan “nuestros adversarios que demostramos debilidad”. Así, el mandatario reitera su política de seguridad y presume la reducción de la letalidad, resultante explica, que la Fuerzas Armadas respetan los derechos humanos y para ellos pide un aplauso.

Y es que a lo largo del discurso aparecen los temas polémicos de los últimos meses, aludidos de un modo u otro: “la lealtad de las Fuerzas Armadas no está en duda”, dirá luego de que hace semanas puso en la discusión el “golpismo”; reafirma su posición de no intervención, en las referencias a los asesinatos de nueve miembros de la comunidad Lebarón; o expresa su apoyo, ante “el mundo”, para Evo Morales en reivindicación de la política exterior de apoyo a los perseguidos políticos.

Las polémicas de todo tipo en cada apartado de la alocución son la constante: no pudieron los conservadores, dirá, detener Santa Lucía ni con su “sabotaje legal”; la nueva política migratoria es humanista dirá; sus definiciones cuestionadas frente a Estados Unidos, que también ha sido cuestionada, busca basarse en desarrollo con apego al respeto mutuo y, se muestra confiado en que en breve se concrete el acuerdo comercial con ese país y con Canadá.

La alusión más concreta y sin ambages a un opositor, con nombre y apellido es para Felipe Calderón, a quien recuerda por lanzar “la guerra contra el narco”, en Apatzingán en 2007 para “legitimarse después del fraude electoral”. Recuerda las cifras letales y reprueba es pasado, el neoliberal que prácticamente es imposible que regrese.

En el final del mensaje, recordará a Juárez y una cita de “la segunda transformación”: El triunfo de la reacción es moralmente imposible. Y entonces, compromete para el segundo año que “los conservadores ya no podrán revertir los cambios”. Luego, añade, en autoafirmación de su gobierno por oposición al pasado tras la recitación de todos los otros datos:

“Para no ser tan tajante, tendrían que esforzarse muchísimo y pasar mucha vergüenza para retroceder a los tiempos aciagos de la corrupción, de los contratos leoninos, de la condonación de impuestos de los fraudes electorales, del abandono a los jóvenes, del racismo, del desprecio a los pobres y del mátalos en caliente”.

Un próximo AMLOFest

Hay concurrencias con derecho de apartado, gente de zona vip, que ha logrado sortear los tumultos y llegar con apenas el tiempo suficiente para escuchar el mensaje presidencial, no como las mujeres y hombres de clase popular que viajaron toda la noche para abarrotar, a las 11:00 de la mañana, la plancha del Zócalo capitalino.

Sus orígenes son claros, porque lo expresan en mantas y cartelones: AMLO y Cuitláhuac (García, el gobernador de Veracruz”; o bien, se notan uniformados los contingentes de los extremos norte y sur, procedentes de Chiapas y de Nuevo León. Pero sus integrantes no admiten acarreo ni dádiva precedente, pues insisten que se cooperaron para pagar el autobús y sus alimentos embolsados.

Entre los VIP destacan Pepe Mujica, el presidente uruguayo, el único con el que en su mensaje, López Obrador tendrá mención especial. Los demás, se advierten a la distancia: los gobernadores morenistas Adán Augusto López; el poblano, Miguel Barbosa o la jefa de gobierno capitalina, Claudia Sheinbaum, entre otros. Está el gabinete legal y también el ampliado, la cúpula morenista que peleada e inmersa en su lucha intestina, arriba al sitio: la presidenta Yeidckol Polevnsky; los lideres parlamentarios Mario Delgado y Ricardo Monreal; mujeres y hombres cercanos, algunos de ellos, desde la ya vieja campaña de 2006.

Entran por la calle de Madero, como otros tantos que asisten al encuentro transitando desde el metro Allende, atestando la plaza en familias y contingentes vecinales de distintas demarcaciones mientras el fenómeno del tianguismo partidista, se instala abundante en los ya conocidos souvenirs del morenismo, el obradorismo de llaveros y peluches, de camisetas y cachuchas, a las que se añade ahora la venta del libro “Hacia una economía moral”.

Esas mayorías asistentes, son los que han escuchado los sones de Los Salmerón, los boleros tropicales de la Sonora Santanera y son los que aplauden cuando López Obrador dice que hoy, ya no es más de lo mismo, porque –vuelve el uso del plural—“ahora nos guiamos por la honestidad, la democracia y el humanismo”.

El sol invernal es duro. La bóveda celeste no da espacio ni a la más mínima nubosidad y se deja sentir sobre el gentío, sobre el rostro de presidente y esposa con el ceño fruncido, resolana que convierte aquellas pancartas que ahora lucen hasta frases sobre “la derrota moral del conservadurismo”, convertidas en improvisados parasoles, lo mismo que banderas y cartelones de apoyo.

Dentro de un año, ya con la certeza de que es imposible que triunfe el conservadurismo y revierte la transformación, López Obrador anuncia un futuro AMLO Fest:

“Pienso que un año más, en diciembre de 2020, nos vamos a volver a encontrar aquí, ya estarán establecidas las bases para la construcción de una patria nueva. Para entonces, ante cualquier circunstancias será prácticamente imposible regresar a la época de oprobio que significó el período neoliberal o neoporfirista”.

El mensaje termina en agradecimiento “al pueblo” que lo cuida, que “lo saca a flote”, que “es mucha pieza”, al que le debe todo y lo adula: pueblo “gran señor”, “amo”, “soberano gobernante”, que “manda, gobierna y transforma”. Él, ahí dispuesto para los vítores, la salutación en vallas y los aplausos varios, declara: “yo sólo soy un dirigente”, antes de proclama los vivas a “la cuarta transformación y a México en tres ocasiones.

Un paseíllo por el enorme tablado con brazos en alto, toma de mano a su esposa y juntos alzan su enlace como campeones deportivos; larga es la travesía de recepción de saludos y gestiones variadas. Es cerca de las 14:00 horas cuando los contingentes emprenderán el retiro, con música de fondo en las destrezas y ornamentos del flautista Horacio Franco.