El nacimiento de Jesucristo siempre ha estado lleno de misterio e intriga. Hasta nuestros
días la ciencia histórica no ha podido dar una respuesta contundente a la fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazaret, ligado al rito cristiano de la navidad. 

El filósofo e historiador rumano Mircea Eliade, menciona que, el Cristianismo de Roma
surgió como una concepción religiosa organizada desde la razón, marcada por el pensamiento sistemático de la filosofía griega y mezclada con elementos jurídicos del orden romano, cargada de rasgos religiosos paganos con orígenes antiguos, como la Navidad. 

En la época en la que Jesucristo vivió en este mundo, dos ciudades destacaban sobre
todas. Eran sin duda las más nombradas entre los judíos de Palestina: Roma, la gran capital, con un millón de habitantes aproximadamente y Alejandría, con más de medio millón de moradores. Inmerso en este enorme Imperio, Jesús no era sino un insignificante galileo, sin ciudadanía romana, que formaba parte de un pueblo sometido y que, al nacer era un súbdito más de César Augusto, emperador de los romanos. 

La historia de la medición del tiempo en el mundo dio un vuelco cuando en el siglo VI,
debido a la voluntad del papado de Roma se cambió el sistema de datación del calendario, tomando como referencia el nacimiento de Cristo. Los cálculos los hizo el monje erudito Dionisio “el Exiguo”, quien erró en sus apreciaciones, al determinar según sus evidencias, que el hijo de Dios había nacido 753 años después de la fundación de la metrópoli. En apego a lo anterior, según los expertos de nuestra época, Jesús debió haber nacido entre los años 7 y 4 a. C., al otorgar credibilidad a la datación de su nacimiento durante el reinado de Herodes el Grande (37-4 a. C). 

Antes, el Calendario Juliano fue creado por el célebre mandatario romano Julio César, 46
años antes del nacimiento de Jesucristo. Con la puesta en marcha del Calendario Gregoriano por el Papa Gregorio XIII y, para los ajustes necesarios, de golpe y porrazo, los días del 4 al 15 de octubre de 1582 desaparecieron de la historia de la humanidad. 

De acuerdo a las recientes investigaciones, el Jesús que dio origen al cristianismo nació
sin susurros celestiales, muy probablemente sin magos llegados de Oriente para adorarlo, sin pesebre y sin ser perseguido por Herodes. Tampoco nació el 25 de diciembre, por el simple hecho de que en ninguno de los textos evangélicos se habla de esa fecha, que fue escogida por la Iglesia porque los cristianos querían anular la fiesta romana dedicada a glorificar al Sol. 

Hoy por hoy, tenemos que diferenciar la vida del Jesús simbólico y el histórico porque, no
existen referencias bíblicas ni documentales que sugieran que Jesús nació en la madrugada del 25 de diciembre. La vida de Cristo no fue documentada por las autoridades romanas ni por los historiadores de la época; los recuerdos que quedaron en los testimonios orales del siglo I son alegóricos, netamente simbólicos. 

Entonces, si Jesús no nació ni el 24 ni el 25 de diciembre ¿Tenemos que celebrar la
navidad? ¡Sí! Porque ese día el ser humano se erige una vez cada año para celebrar la vida, para abonar por la paz, para hacer un paréntesis y encontrar en múltiples ocasiones el perdón de sus semejantes; y porque, la legendaria historia se lleva en el corazón de las esperanzas de mujeres y hombres, en todos los rincones del mundo. 

Tuíter: @santiagooctavio