Una electricidad que pudiera sustituir al vapor para mover a los motores, representó una lucha feroz entre dos genios a finales del Siglo XIX. La denominada Guerra de las Corrientes, fue un encuentro épico; sencillamente, un enfrentamiento encarnizado por cosechar el nuevo e inefable poder de la electricidad.  

Hombre de negocios decidido y pragmático, con solo 31 años Thomas Edison era el inventor más joven del planeta. A esa edad ya había entregado al mundo un invento impresionante: el fonógrafo.

Nikola Tesla nació en Smiljan en la actual Croacia; estudiaba física en una universidad de Austria cuando empezó a construir una idea revolucionaria: el aprovechamiento de la corriente alterna producida por un generador; una forma mucho más potente y eficiente de transmitir energía eléctrica. Llegó a los Estados Unidos en 1884, trabajó para Edison; tres años más tarde, su famoso Motor de Inducción de Corriente Alterna era una realidad.

Para entonces, el invento de la bombilla eléctrica era solo una parte de aquel enorme anhelo que representaba llevar luz artificial a los hogares; para ello, se tendría que crear necesariamente una industria poderosa. Una lucha de intelectos que, obviamente involucró carretadas de dinero entre dos empresas: Westinghouse Electric y General Electric.

En 1886, George Westinghouse, fundó su empresa para competir con la General Electric de Edison. El sistema de la primera se basó en los descubrimientos y las patentes de Tesla, quien creyó apasionadamente en la superioridad de la corriente alterna por sobre la corriente directa de Edison.

En el desarrollo de este mítico enfrentamiento, para determinar cuál era el sistema que se convertiría en la tecnología dominante, Edison usó la silla eléctrica y electrocutó a perros y gatos para demostrar que la corriente alterna era peligrosa. Tesla, para neutralizar aquellas bárbaras demostraciones de su adversario, se expuso a una corriente alterna que atravesó su cuerpo; sin que esta, le causara daño alguno. Ante esta prueba, Edison muy poco pudo hacer y su prestigio quedó momentáneamente erosionado.

Finalmente la corriente alterna de Tesla triunfó sobre la continua de Edison ¿Razones? Quizá su capacidad creativa era mejor que la de su contraparte y porque, tal vez Thomas Alva solo trabajaba en aquellos inventos que se pudieran comercializar, que le representaran dinero; muy contrario a Tesla quien, en innumerables ocasiones hablaba de revolucionar el mundo. La caprichosa vida hizo que Irónicamente, uno de los pocos premios que el croata obtuvo en vivo, fue la medalla Edison.

La figura de Edison fue impulsada por uno de sus discípulos más revolucionarios: el magnate de la industria automotriz, Henry Ford. Tesla no tuvo alumnos sobresalientes, tampoco herederos.

El ganador de esta guerra muy poco convencional fue Nikola; lo que le convirtió al mismo tiempo en el gran perdedor de la misma si visualizamos al hombre de principios de 1940; una caricatura de sí mismo, a pesar de ser el creador de más de 700 patentes determinantes para el progreso tecnológico en el mundo, terminando sus días en un cuarto de hotel, anciano, casi loco y vencido, solo tres años después, en Nueva York.

Al final de su vida, Thomas Edison patenta más de 1000 inventos; sin embargo, hoy el 99% de toda la electricidad en el mundo es generada y distribuida por la corriente alterna de Tesla.

La fortuna abandonó al ganador de la Guerra de las corrientes. Al final de sus días, le vencieron el tiempo, el olvido y una existencia de claroscuros que nunca supo administrar.

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