“El poder es inseparable de la riqueza y la riqueza es inseparable de la velocidad. Quien dice poder, dice, ante todo, poder dromocratico -dromos, procede del griego y quiere decir, “carrera”- y toda sociedad es una “sociedad de carreras”. Sea en las sociedades antiguas a través del papel de la caballería (los primeros banqueros romanos eran caballeros), sea en la potencia marítima a través de la conquista de los mares, el poder es siempre el poder de controlar un territorio mediante mensajeros, medios de transporte y de transmisión. Independientemente de la economía de la riqueza, un estudio de lo político no puede hacerse sin un estudio de la economía de la velocidad. El papel de la velocidad varía según la sociedad considerada. La Edad Media conoce las palomas mensajeras con Jacques Coeur, el gran financiero de la época. La sociedad colonial conoce el poder marítimo de Inglaterra y Francia. La sociedad de la posguerra reconoce el poderío aéreo con la capacidad de los aviones supersónicos que franquean la barrera del sonido en los años cincuenta. Hoy en día, la sociedad mundial está en gestación, y no puede ser comprendida sin la velocidad de la luz, sin las cotizaciones automáticas de las bolsas de Wall Street, de Tokio o de Londres”. (Paul Virilio. El Cibermundo, la política de lo peor. P.17)

Valga una larga cita de este pensador francés, en un pequeño librito ya analizado aquí con anterioridad, como la anterior como introducción a un tema un tanto escondido entre la oscuridad del poder. El poder desde la perspectiva de quienes son, en ultima instancia, quienes condicionan el juego de la política, a saber, los dueños del dinero y los dueños de la fe. Así de esas dos maneras nos llega, casi al mundo entero, el condicionamiento de nuestras voluntades y acciones, es decir, de nuestra libertad.

Acabamos de pasar nuestra festividad que además nos permite disfrutar de unas vacaciones (periodo de tiempo otorgado por los mismos arriba mencionados, para el descanso, la diversión, el ocio, etc.). Ese tiempo que se va tan aprisa para la mayoría, es un tiempo construido a partir de los intereses de ambas categorías: el progreso (económico) y la Fe (religiosa). La primera esta dada por un afán weberiano de otorgar una especie de compasión a los trabajadores hacedores de la riqueza de los patrones. La segunda sirve para religar la fe en un Dios todopoderoso a partir de sus símbolos más representativos: el nacimiento del Dios hijo y la última cena para recordarnos que el nuevo año también esta construido a partir de esos símbolos y solo dejaremos el trabajo, es decir, la producción de dinero, los días santos, los días heroicos y los días cristianos.

Ese binomio perfecto está actualmente reforzado por gran velocidad de las telecomunicaciones, la digitalización de la información y el nuevo tiempo, el tiempo real y vigilados por los más sofisticados esquemas cibernéticos y desde los drones. Estamos ente una reformulación de la categoría tiempo.

Igual que lo hizo antes el pensador Italiano Giacomo Marramao (Poder y Secularización. Edit. Península, 1989) nos ilustra sobre estas cuestiones poco exploradas, pero altamente condicionantes de las categorías que flotan sobre la superficie de un mundo cuto tiempo esta hecho a imagen y semejanza de esos dos grandes poderes. En México, sabemos de esto desde hace ya muchos años con los tiempos de verano y de invierno, curiosamente los “escueleaos” hablan de un tiempo de Dios, porque piensan que este viene dado por obra y gracia del espíritu santo, cuando en realidad no es siquiera una construcción social, sino una condición de los poderes financieros y espirituales para dominar el mundo a una velocidad imposible de percibir por nuestros sentidos. Las guerras como la que estamos presenciando hoy entre E.E.U.U.A. versus Irán es producto, amén de las diferencias ideológicas y religiosas entre otras, de esas oscuras tentaciones del control de las otras carreras, la armamentista y las rutas comerciales entre ellas. Nos leemos próximamente, FELIZ AÑO 2020, mientras tanto que haya paz. Estamos, nigromancias@gmail.com Twitter: @JTPETO