Este domingo, 12 de enero, celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor; oficialmente concluye el tiempo de la Navidad, es muy propio que hasta esta fecha se quiten los signos navideños en nuestro hogar. El Santo Padre preside este día la Santa Misa en la Capilla Sixtina y bautiza a algunos bebés; y a propósito de esta Fiesta Litúrgica nos dice: “Yo quisiera que cada uno de nosotros supiera la fecha del Bautismo, sabemos la fecha de nuestro cumpleaños, la fecha de nuestro nacimiento; pero ¿cuántos de ustedes saben la fecha del Bautismo? Pocos… como no se celebra, se olvida”. Así que nos dejó de tarea que hagamos esta pregunta a nuestros padres, abuelos, tíos, amigos: ¿cuándo fui bautizado?; y que llevemos siempre esta fecha del Bautismo en el corazón, para agradecer al Señor la gracia de este Sacramento.

 Y es que, como el Sumo Pontífice nos ha explicado, el Bautismo “no es un simple rito, no es una formalidad; es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos”.

 Por eso, el Papa nos pide recordar la fecha en que fuimos bautizados y considerarla como una fecha feliz; pues el riesgo de no saberla es perder la memoria de aquello que el Señor ha hecho en nosotros, la memoria del don que hemos recibido.

 ¿Y qué hemos recibido en el Bautismo? Básicamente 5 grandes regalos: El Bautismo nos hace hijos de Dios (Gál 3, 26-27; 1Jn 3,1); nos hace hermanos de Cristo, coherederos del Reino (Juan 15,5); recibimos al Espíritu Santo (He 2,37 y 19, 3-5; 1Co 15, 45-47); nos borra el pecado original o cualquier otro pecado (Rom 5, 12-21 y 6, 1-5); y nos hace parte de la única Iglesia fundada por Cristo (Mt. 16, 18; 1Cor 12, 13-27; He 2, 41-47).

 En este sentido, permíteme hoy la oportunidad de agradecer a mis papás que, además de haber sido mis primeros educadores en la fe (principalmente con su ejemplo), también me buscaron excelentes padrinos, que junto a ellos han estado pendientes de mi vida cristiana: Vidal y Chayito (que Dios los tenga en su Gloria), Toño y Evita; y de Bautismo Juan José y Anita, que cada año, en la fecha en que me llevaron a bautizar, me buscan y hasta me llevan un presente, que me recuerda el gran regalo que recibí en ese primer Sacramento que me impartió el Padre Daniel Quiroga (Q.E.P.D.). Dios retribuya a cada uno ellos su empeño por cumplir esta función eclesial (CEC 1255).

 Te sugiero que ores por tus padrinos, que te mantengas en contacto con ellos; que ores también por aquellos Sacerdotes que te impartieron la Gracia Santificante en cada uno de los Sacramentos; y sobre todo que ores por tus papás y les agradezcas el haber procurado hacerte hijo de Dios y también haber estado al pendiente de que la luz de Cristo no se apague en tu vida, por el contrario, que brille con más intensidad y te haga proyectarla en tu entorno. Como dice el Papa Francisco: hay que “redescubrir la gracia que proviene del Sacramento y saberla traducir en compromisos cotidianos de vida”. ¡Que así sea!