Desde el viernes, todos los mexicanos podemos soñar con volar alto. Muy alto, con el menor esfuerzo. Ya quedó obsoleto, viejo y descontinuado el neoliberal esquema de esforzarnos cada día por capacitarnos para aspirar a emprender un negocio propio u escalar en la cuesta arriba pirámide del mercado laboral–chin, ya sabía que andábamos mal-. ¿Para qué levantarnos al amanecer para ir a la universidad a estresar maestros y gastar en costosas colegiaturas?, ¿para qué madrugar o desvelarnos para acudir a nuestros centros de trabajo buscando una mejor calidad de vida si hay otras lucrativas opciones, si hay otros datos? La clave se dio en la conferencia mañanera del día último laborable de esta semana, en el Palacio Nacional: ganarse la rifa del avión presidencial ¡y vida resuelta!

La ruta sería muy sencilla. El gobierno central rifará el TP-01 -más un año de gastos de operación- a través de la Lotería Nacional. El cómo hacerlo ya lo tiene listo –como siempre- nuestra mayor inteligencia del país: Hacer seis millones de cachitos de lotería y venderlos. Cada uno costará solo quinientos pesitos ¡Ni la tanda del barrio garantiza, como esta rifa, un paseo por las nubes, cómo no!- ¡Ah, pero no puedes ganártelo y hacer con él lo que quieras, no! Nuestra mayor inteligencia nacional ya dictó cómo se deben de hacer –bien- las cosas: Quien se lo gane no deberá venderlo por menos del avalúo que hizo el gobierno central y que arrojó que su precio comercial base –ya sin regateos- es de 130 millones de dólares y ni un centavo menos.

Esto es tan ridículamente aberrante como ganarse el primer lugar del Melate y que te prohíban gastarte el dinero del premio en lo que tú quieras. La peor enseñanza de este simpático episodio es que echa por abajo la cultura del esfuerzo porque para triunfar en la vida bastará no con comprar un cachito de la Lotería y ganarte avión, sino en ser capaz de embaucar a una colectividad para que te compren boletos de una rifa de un estorbo. Al paso que vamos el avión podría terminar hundido “accidentalmente” en el cualquier punto del océano u estrellado en alguna colina despoblada al quedar una sola vía para recuperar algo de dinero y no exhibir a nuestra mayor inteligencia nacional. A ver si sorprenden a la aseguradora.

Otra vez, vuelve a fallarle el conocimiento al mandatario López Obrador, ya que en primer término: no pude hacer rifas en especie la Lotería Nacional, sino sólo celebrar sorteos con premios en efectivo. En segundo orden: ya se promulgó el decreto de extinción de la Lotería Nacional. Ello está contemplado en la Ley Orgánica de la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, en sus preceptos que a la letra transcribo, para mayor claridad de usted dilecto lector. Artículo 1º.- La Lotería Nacional para la Asistencia Publica es un organismo descentralizado de la Administración Pública Federal. Con personalidad jurídica y patrimonios propios y domicilio en la Ciudad de México, Distrito Federal. Y en el normativo 2º.- El objeto del organismo es apoyar económicamente las actividades a cargo del Ejecutivo Federal, en el campo de la asistencia pública, destinando a ese fin los recursos que obtenga mediante la celebración de sorteos en efectivo. Amén que la Lotería Nacional sólo tiene 60, 000 números, por lo que ¿Cómo pretende el sabio del palacio, coloca los seis millones de billetes?.

Es una estrategia de (MALO) López Obrador, para distraer a la oposición y abusar de sus electores de su ignorancia, que todas sus mentiras y payasadas le creen y festejan. Así fija la agenda con un tema irrelevante, logrando que en 30 segundos se dejara de hablar del sistema de justicia penal o del INSABI. Reitero ínclito lector, la oposición completamente derrotada y sin capacidad de colocar ni medio tema en la agenda. Y sigan pensando que es un estólido, en lo que avanza López en los cuados de Morena en el 2021. Hay que darse cuenta su actitud ladina, no quiere usar el avión presidencial, pero si vive en el Palacio Nacional.

De rifarse el avión (me da carcajadas) el ganador tendría que pagar el impuesto sobre la renta de l Boeing 787 y que acorde a la Ley de Ingresos por la Obtención de Premios, se aplicaría una tasa del 1 por ciento del valor del propio premio, siempre que el premio no esté gravado con un impuesto local superior al 6 por ciento, como ocurre en la Ciudad de México, lo que tendría que pagar el beneficiado la cantidad de 69 millones 832 mil 57 pesos, y tendría que informar sobre la aeronave en su siguiente declaración anual, de lo contrario, la autoridad podría considerar como ingreso acumulable la totalidad del vehículo, además no lo podría vender al precio que gustase, sino que tendría que ser el mismo por el que está a la venta ahora de 130 millones de dólares. Merced, que no se puede vender una cosa, sino se tiene el título que ampare la propiedad, y en el caso del avión está en leasing financiero, sólo sus fans compararían “un cachito” de billete de lotería.

Así en ese ritmo del día, al arribar el presidente a la Ciudad de Oaxaca, a la altura de la propuesta, el gobernador Alejandro Murat, le gastó una broma, al decir le que ya se tenían os 500 pesos para la rifa del avión, que arrancó la risa de López Obrador, quien reviró: “no cabe en el aeropuerto de Oaxaca, porque está muy grande”. Si fuese seria la propuesta , es alarmante, porque entonces denotaría que se va el avión, pero mental.

Jugadas de la Vida.

Avión presidencial ale 250 millones de dólares. Air Forcé One cuesta 4 billones de dólares y tiene 3; hay cerca de 1800 dreamliners en poder de diferentes gobiernos como el de México.

Twitter: @ldojuanmanuel