Oaxaca.- Los agricultores han colocado colmenas de abejas a unos 800 metros de las plantaciones de girasol, que ocupan un corredor de tres hectáreas y media, para que puedan recolectar el polen de unas flores limpias de químicos. 

Unas 200.000 plantas de esa flor amarilla están cambiando el paisaje color café de los campos azotados por la sequía en el municipio oaxaqueño Tututepec en beneficio de los insectos, vitales para la vida en el planeta por su labor polinizadora.

Los Llanos del Espinal. Amenazadas por los plaguicidas, la agricultura intensiva y los efectos del cambio climático, las abejas han encontrado en el estado Oaxaca, en el sur de México, un posible salvavidas: un santuario de girasoles de campesinos locales. 

Unas 200.000 plantas de esa flor amarilla están cambiando el paisaje color café de los campos azotados por la sequía en el municipio oaxaqueño Tututepec en beneficio de los insectos, vitales para la vida en el planeta por su labor polinizadora.

Los agricultores han colocado colmenas de abejas a unos 800 metros de las plantaciones de girasol, que ocupan un corredor de tres hectáreas y media, para que puedan recolectar el polen de unas flores limpias de químicos.

“Ahorita no hay mucha floración, la floración natural que pudiera haber está interrumpida por cuestiones de cambio climático”, dijo a Reuters José Sotelo, ingeniero agrónomo de la Universidad de Chapingo y participante en la iniciativa, obra de la Sociedad Integradora Agro Empresarial Río Verde.

“Es un granito de arena que estamos aportando para salvar a las abejas”, agregó.

El girasol, una planta ornamental y oleaginosa originaria de Centro y Norteamérica, y utilizada para la extracción de aceite comestible, se adapta bien a las condiciones variables del clima y es considerada además muy útil para renovar la tierra.

La población de abejas “ha caído” en la zona porque “las abejas, inocentemente, van a un cultivo de maíz, de chile” al que han aplicado pesticidas y, o mueren en el lugar, o regresan a la colmena y la contaminan, explicó Ricardo González, también ingeniero agrónomo de la Universidad de Chapingo.

Las colmenas contaminadas acaban siendo abandonadas porque las otras abejas detectan el aroma del plaguicida, que también se usa para la ganadería en esa área, amenazada por la deforestación.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha alertado sobre el declive mundial de las poblaciones de abejas y sobre los efectos que este fenómeno tiene para la seguridad alimentaria, ya que la gran mayoría de los productos agrícolas dependen de polinizadores como ellas.

Las casi 2.000 especies de abejas en México se encuentran en riesgo de extinción, en su gran mayoría porque las flores nativas de las que se alimentaban fueron reemplazadas por maíz u otros cultivos intensivos.

REUTERS