La propuesta del diputado morenista Mauro Cruz Sánchez de reformar la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, para crear un órgano de control interno “para combatir la corrupción” en esta institución, es vista como una mera ocurrencia. No es una propuesta seria ni esta sustentada jurídicamente, me dicen algunos abogados consultados. De todas formas, la petición provocó un torbellino de reacciones entre los grupos de interés al interior de la Universidad.

       La sola posibilidad remota de acabar con la opacidad en el manejo del dinero público que recibe la UABJO, provocó un sacudimiento colosal. Los seis sindicatos con sus respectivos operadores y demás camarillas con influencia en el campus universitario, se convulsionaron simplemente al escuchar que en el Congreso local se asomaba un resquicio para establecer un órgano fiscalizador universitario. Vaya afrenta. Sonó como cachetada contra los rapiñosos caciques.

       Un añoso universitario que da puntual seguimiento a esta crisis que envuelve a la Universidad Autónoma de Oaxaca, me dice, convencido:

       Del trance que sufre en este momento, la UABJO forzosamente habrá alguna transición. Del tamaño que sea, pero habrá efectos. En esta crisis no faltan los políticos oportunistas que quieren sacar raja como el diputado Mauro Cruz quien no da un paso sin que se lo ordene el senador Salomón Jara. Tampoco faltan los universitarios aferrados al status quo. Mientras se beneficien del presupuesto que solo ellos controlan, del porrismo, de las becas, los salarios privilegiados y los puestos más importantes, no permitirán siquiera la mención de un órgano fiscalizador.

REACCIONARIOS

       Tantos años de maniobrar en la corrupción de la UABJO los hace diestros en acallar las voces de sus críticos y las propuestas de los organismos e instituciones que no se sometan a sus intereses.

       Con la acción porril de sus legionarios utilizan también la violencia verbal.

       Resulta muy sintomática la reacción de los grupos evidentemente beneficiarios de la opacidad que prevalece en la Universidad. Por ejemplo:

       Reconocen en un desplegado que la Universidad es un bastión de poder político muy apetecido y descubren que, además de los caciques tradicionales “al acercarse la elección de Rector, la jauría se desata y los difamadores anónimos escupen su rabia: algunos teóricos declaran ser sabios y tener en sus manos la salvación de la Universidad”.

        Curándose en salud dicen que en los partidos políticos y en muchas Instituciones existen cacicazgos y liderazgos. Que no se culpe solamente a la Universidad. Los que atacan a los dirigentes de la Universidad son individuos resentidos que han participado en procesos de elección y fueron derrotados. Algunos ya están jubilados, pero cobran su buen sueldo. (les faltó decir que siguen manejando los hilos). En esta campaña de difamación se puede ver la intención de funcionarios públicos coludidos con algunos mercenarios dentro de la Universidad, para apoderarse de ella.

EMBESTIDA

            Dentro de estos mercenarios descubren en ese documento anónimo redactado al calor de la crisis universitaria, al diputado morenista que propone el órgano fiscalizador para la UABJO. Sin argumento de peso rechazan su propuesta y, apegados a su conservadurismo invocan a la autonomía. Exigen que nadie que no sea de ellos audite el presupuesto, aunque sea dinero público.

           En su acartonada cantaleta dicen: “los ingresos propios de la Universidad corresponde fiscalizarlos a los consejos técnicos de la Escuelas y Facultades y al Consejo Universitario conforme a su Ley Orgánica”. (la más obsoleta en todas las universidades públicas del país)

       Iracundos se lanzan contra el diputado Cruz Sánchez a quien, lo menos que le dicen es “ignorante igual que su asesor José Antonio Álvarez Hernández”. Filtran en las redes documentos de este último que, claramente, sustrajeron del archivo de la Escuela de Leyes de la UABJO ¿Quién permitió hurtar las calificaciones del denostado abogado Álvarez? Solo lo pudo hacer alguien que tiene control absoluto de esa escuela.

       Con las boletas de calificaciones del abogado que, suponen, redactó (pésimamente) la iniciativa que presentó Mauro Cruz, lo señalan de “estudiante mediocre”.

       En el documento que supuestamente firma una organización de universitarios, descubren que el abogado asesor de Mauro Cruz es “un ebrio consuetudinario que en este estado chocó su automóvil y murió su acompañante”.

        Descubren también que Álvarez “fue despedido del postgrado de la Facultad de Derecho por ser un alcohólico”. Y no dejan títere con cabeza. Hasta dicen que es panista conservador enemigo del partido Morena y recomiendan al diputado Cruz que no tenga asesores que le sugieran enterrar la autonomía universitaria.

         De este nivel es la guerra por la permanencia de las inmunidades de los grupos de poder que quieren que en la Universidad nada cambie.