56 años después, los Juegos Olímpicos regresarán al Imperio del Sol Naciente. Japón, como lo hizo en aquella justa deportiva de 1964; intentará nuevamente impresionar al mundo con su desarrollo tecnológico, sus comunicaciones, su poderosa economía; todas, inmersas en sus milenarias costumbres y tradiciones. 

Es una justa en donde, entre julio y agosto de este año, coincidirán casi todas las naciones del mundo. Distintos colores de piel, lenguas, ideologías políticas; serán inspirados por los dioses del Olimpo en la búsqueda de aquellas hazañas que logren vestir de gloria a sus países.

En esta cita emblemática de los Juegos Olímpicos de Tokio, en este enigmático 2020, es justo reconocer a una de las más grandes glorias olímpicas que ha dado la historia de la humanidad. Nos referimos claro está, al atleta etíope Abebe Bikila; el primero en ganar dos maratones olímpicas consecutivas: la primera en Roma en 1960, corriendo descalzo y, la segunda en Tokio en 1964 ya trotando con zapatillas deportivas, batiendo en ambos recorridos las marcas mundiales; antes, de cualquier boicot político que empañara la justa olímpica de verano.

En la reunión de Japón de este año, el keniano Eliud Kipchogue, por su fenomenal tiempo en 2019 de correr la maratón en menos de dos horas, pudiera emular la hazaña de Bikila; sin embargo, es justo decir que son otros tiempos, otros aditamentos, otra tecnología deportiva.

Ganar una maratón olímpica es harto demandante; hacerlo dos veces seguidas es impensable en nuestros días. Con Bikila se rompió ese molde; por ello, su leyenda perdura hasta la actualidad porque, se convirtió en el héroe deportivo de su país y de gran parte del mundo al convertirse en el primer ser humano de África, en obtener una medalla olímpica dorada.

En el tramo final de su brillante trayectoria deportiva participó en los juegos olímpicos de México, retirándose de la maratón en el kilómetro 17 por diversos problemas físicos y abrumado por la altura de la capital del país. El inenarrable destino hizo que, un año después, sufriera un accidente automovilístico que le dejó paralizado de sus extremidades inferiores. En 1972 fue invitado a los olímpicos de Munich, conmocionando a los asistentes cuando apareció sobre el césped del estadio postrado en una silla de ruedas. Falleció a los 43 años en su natal Etiopía, el 25 de octubre de 1973 a causa de una hemorragia cerebral.

El excepcional atleta etíope ha sido ejemplo de las generaciones que le sucedieron en la Tierra por su entrega y perseverancia para hacer lo que le gustaba; por ello, hoy en todas las rutas y pistas del mundo, será recordado siempre como el mejor fondista que ha dado la historia de la humanidad.

Tuíter: @santiagooctavio