Preguntarse hoy sobre las causas de la delincuencia en nuestro País, implica necesariamente un ejercicio socrático de introspección, y auscultar la casa, la escuela, la oficina, el taller, la calle, los espacios públicos y privados; ver el problema de manera profunda es en sí mismo una actitud crítica y racional que conlleva una connotación casi religiosa del mea culpa. La cosa es muy sencilla: deshumanización. Si, así se llama el proceso por el cual los seres humanos entramos en fases de comunicación impersonal; esa misma que Antonhy Giddens analizara en su texto inmediato posterior al de La Tercera Vía y que denominara Un mundo desbocado, que pusiera en la palestra las causas y consecuencias de la globalización.

El Crack del 29 provocó innúmeras preocupaciones por las desastrosas consecuencias sociales que provocaría en su momento y años después. Era ya el reflejo de un liberalismo económico que había perdido la brújula y el equilibrio guardado durante toda la historia estadounidense con el conservadurismo social y el protestantismo ascético religioso que había culminado en una absoluta perdida de todo respeto por las instituciones tanto políticas (su principal activo, la democracia ejemplar según Tocqueville) como civiles (su principal activo la familia).

En las universidades y colegios, comenzaron a reflejar lo que sería el clima social del siguiente lustro al menos; suicidios y violencia al interior de los campus y una desorientación valorativa en grado superlativo, así como una ola de desajustes emocionales marcaron la comprobación de lo expuesto por el sociólogo francés Emilio Durkheim justamente a fines del siglo XIX en sus textos de sí ilustrativos con el sólo titulo para explicar el por qué de la anomia social y la carencia de todo sentido de solidaridad, La división del trabajo social y El suicidio. Se estaba comprobando que, en tiempos de grandes revoluciones económicas, la desatención de las cuestiones humanas, crecen y se reproducen en sentido inverso a los movimientos de los mercados de valores pecuniarios, mientras éstos suben aquellos bajan, sólo que cuando la bolsa baja los valores humanos sencillamente desaparecen pues uno de sus componentes fundamentales se ha roto: la solidaridad. Estamos pues, ante una sociedad con alto grado de anomia.

El agotamiento de modelos o paradigmas requieren de una inmediata recomposición del sistema, pero aquí la inmediatez no es como doblar tortillas para hacer enchiladas, sino que implican todo un proceso de largo alcance en el tiempo, años, quizá lustros, pues sin duda depende en gran medida de los cimientos de las generaciones enlistadas a suceder a la actual. Si lo que mejor aprendieron se relaciona con violencia no nos hagamos muchas ilusiones en la recomposición ética y en la rehumanización de la sociedad.

Ahora bien, al contrario de aquellos que difundiendo perversiones pretenden encausar a los jóvenes y a la sociedad, de manera equivocada y aun se sienten con autoridad para darles “consejos” con palabras que seguramente no están ni siquiera en el florido lenguaje cotidiano de ellos. Los mensajeros de las verosimilitudes cotidianas que piensen que la juventud es culpable de muchas pérdidas valorativas, están lejos de la verdad; quienes hemos tenido la venturosa oportunidad de vivirla en toda su intensidad y después convivir a menudo con ella, sabemos que hay mucho potencial humano; que lo hueco que traemos a esa edad, (no se nos olvide nunca que también lo fuimos) en gran medida es herencia cultural, social, escolar y familiar, es decir, de lo social en su conjunto.

Nunca será suficiente, pero si es importante que no se dejen de lado los programas para combatir este cáncer social de la delincuencia organizada, en todas sus facetas, pues todos los delincuentes “profesionales” necesariamente han pasado por la escuela de la vida callejera o por los callejones oscuros de la alta sociedad disfrazada de gente bien que han hecho de materias como robo, secuestro, asalto, cochupo, corrupción, narcotráfico, narcomenudeo, extorsión, malversación, soborno, tráfico de influencias, portafolios y ligas, trata de mujeres, discriminación, chantaje, cierre de carreteras, acoso y esclavitud laboral, cierre de oficinas, incumplimiento del deber, discriminación, entre tantas muchas más. En última instancia, delinque quien viola la ley tanto como el que la usa en beneficio personal o de su banda, pandilla o célula, como quieran llamarle. Así, decíamos, han hecho su historial, hasta hacer toda una carrera, y que ahora pretenden graduarse, de la mano de muchos medios audiovisuales, con la antítesis de toda paz social: el terrorismo o el principio del estado de guerra permanente.

Así las cosas, mejor sembremos desde nuestra propia parcela gérmenes de paz y no permitamos que nos amedrenten quienes traen el miedo en todo su maligno ser, ellos son los cobardes, ya lo hemos dicho. Bueno, por ahora me voy, pero seguimos andando para hacer camino y abriendo las brechas del erial, mientras tanto que haya en cada uno de nosotros, al menos un gramo paz. Comentarios y opiniones a nigromancias@gmail.com Twitter @JTPETO