Oaxaca.- “El Castillo de If”, es una fortificación francesa cerca de Marsella. Fue la prisión más famosa del Siglo XVII. Sirvió a Alejandro Dumas para resguardar al prisionero más ilustre de la literatura universal: Edmundo Dantés, el Conde de Montecristo. El célebre recluso logró escapar de aquella diabólica fortaleza, sólo gracias a la mágica pluma del excelente novelista y dramaturgo francés. 

Bajo el resguardo de la misma Francia, con sus 14 hectáreas de extensión, la “Isla del Diablo” fue una prisión terrorífica muy famosa por los maltratos inmisericordes a los que eran sometidos sus reclusos. De 1852 a 1938 muchos miles de prisioneros llegaron a la colonia penal. Se cuentan con los dedos de una mano quienes pudieron evadirse en ese lapso del brutal encierro.

Ninguna prisión es más famosa que “Alcatraz”, en el corazón de la bahía de San Francisco, en la Unión Americana, ocho hectáreas de obscuridad, dolor y enclaustramiento. Una cárcel de máxima seguridad desde la tercera década del siglo XX.

Escapar de la mítica prisión californiana era una misión casi imposible ¿Así fue? Tres kilómetros de aguas bravas y heladas separaban a la famosa “Roca” de la libertad. Con todo en contra, en 1962, cuatro personajes idearon un escape temerario de aquel infierno penitenciario.

Desde la planeación de aquella descabellada empresa, tres problemas fundamentales enfrentaron Frank Morris, John y Clarence Algrin y Allen West: salir de sus celdas, llegar a la playa y atravesar el helado mar para evadirse. En junio de ese mismo año, estaban listos para escapar; utilizando cabezas falsas, se escurrieron a través de los hoyos hechos en sus celdas. Antes, West fue abandonado por sus compinches porque al parecer, su cuerpo nunca cupo en el agujero que había hecho en la pared de su celda para la fuga. Después él mismo confesó que no pudo retirar la rejilla de ventilación por donde iba a fugarse a tiempo; y que, cuando finalmente lo logró ya estaba desfasado respecto al tiempo de operación del escape plasmado en el plan original.

El 20 de diciembre de 1979 se cerró oficialmente la investigación de la fuga de Alcatraz de John Anglin, Clarence Anglin y Frank Lee Morris aquel 11 de junio de 1962.

Los investigadores federales encontraron restos de los accesorios utilizados en su huida en las costas cercanas de la mítica prisión: una pala de remar en Angel Island, un salvavidas, etcétera; sin que, esto significase que pudieran haber llegado físicamente a esos puntos. Pudo habérselos llevado la corriente. Sus cuerpos nunca fueron encontrados. No había pruebas que demostraran que habían muerto en el mar. Tampoco hubo evidencia de que hubieren llegado a la bahía. Después de diecisiete años de pistas falsas, el Buró Federal de Investigación cerró el caso. Cincuenta y siete años después de este episodio, Morris y los Algrin nunca aparecieron.

Este capítulo fascinante de la improbable fuga de Alcatraz en la historia de las prisiones en el mundo sigue rodeado de misterio hasta nuestros días y, ha inspirado innumerables novelas y películas. Hay argumentos que apuntan a que, los célebres prisioneros fallecieron en las aguas de la bahía de San Francisco; aunque, otros también cuentan contra todos los pronósticos que lograron escapar del mítico encierro.

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