En las últimas semanas han dominado la agenda nacional el coronavirus, la no rifa del avión presidencial y el paro convocado para este lunes 9 de marzo. Han sido evidentes los esfuerzos de diversos personajes del gobierno central o militantes del partido oficialista por ganarle reflectores a la exigencia social –ya no solo de feministas- de garantizar la seguridad, respeto e integridad a las mujeres y niñas.

Todos sus esfuerzos han sido infructuosos. El más sostenido y ridículo intento ha sido el de imponer el tema de la no rifa de la aeronave suntuosa sí, sobrada sí, cara sí, pero aún en poder del régimen que no ha sabido deshacerse de ella inteligentemente. Apenas Andrés Manuel López Obrador reculó sobre el día que comenzará la venta de cachitos: originalmente lo anunció para el nueve de marzo, pero ante los airados reclamos sociales tuvo que recorrerlo sólo unas horas.

 Lo que el inquilino de Palacio Nacional quiere es que el martes diez de marzo todo mundo esté hablando de los cachitos, si ya salieron a la venta, si compraste dos o tres y qué harías si ganas. Allí es cuando, también, hay que decir no a los cachitos. México no necesita un cachito de tolerancia a las mujeres; necesita un entero de respeto a la exigencia de la sociedad para proteger y respetar a ellas y a toda la población. México no necesita un cachito de ilusión; necesita un entero de realidad para nuestras autoridades centrales que nos quieren hacer ver solo un pedazo de toda la violencia e inseguridad que sufre la población. México no necesita un cachito de medicinas y de ocurrencias sanitarias, necesita un entero de inteligencia y responsabilidad para atender localmente la alerta mundial por el coronavirus y el desabasto de medicamentos. México no necesita un cachito de populismo para tener apaciguado al pueblo, necesita un entero de capacidad y atención a la recesión a la que el propio gobierno central ha llevado al país de manera acelerada. México no se merece un cachito de presidente, sino uno entero que vea por todas y todos sin dividir, sin descalificar, sin avivar enconos, sin desmantelar o acaparar instituciones. México no merece un cachito que solo ve cachitos.

Lo caótico es que ahora en este país los partidos políticos se encuentran sin aparente rumbo, que tal como aseveró el presidente de la Fundación Colosio, Jose Murat: “Es necesario fortalecer la democracia y su mecanismo más claro es precisamente fortalecer el sistema d partidos tanto en México como en el mundo por el crecimiento del extremo de la derecha con el propósito de mantener los espacios de paz y libertad”-

Profetiza en su bolita de cristal el politólogo Carlos Ernesto Ronzón Verónica, que AMLO tiene la purificación moral de la política y la vida pública como eje rector y vaso comunicante .Y si primero renunció al PRI y luego al PRD, entonces, con los treinta millones de votos obtenidos en las urnas, “borrón y cuenta nueva” y empezará de nuevo, como siempre, una nueva aventura.

 En MORENA, las elites políticas siguen reproduciendo el mismo fenómeno de los partidos como es el ajuste de cuentas. Una tribu llega y desaparece en las llamas a la anterior. Y quizá el PRD significa el caso más singular, al grado que, por ejemplo, “Los Chuchos” se han quejado de que el sol azteca quedó en la lona por culpa de AMLO.

En MORENA, las siguientes tribus guinda y marrón están en el ring. Una, la tribu de la dirigente nacional, Yeidckol Polenwsky, soñando con la reelección., Dos, la tribu del vicepresidente Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Relaciones Exteriores, a través de su alfil, el diputado federal, Mario Delgado.

Tres.- lLa tribu del senador y ex priista, Ricardo Monreal, jefe máximo en el Congreso de la Unión. Cuatro, la tribu de la senadora Rosario Padierna, y su esposo, René Bejarano. Cinco, la tribu de Alfonso Ramírez Cuéllar, el presidente palomeado por el INE, denostado por Yeidckol.

Y seis, la tribu de AMLO, que por ahora “está dejando hacer y pasar” hasta que apriete tuercas, o en todo caso, simple y llanamente, se vaya al monte y forme nuevo partido.

Y entonces, adiós MORENA. Y así cuando todos ellos despertaron, igual que el dinosaurio del escritor uruguayo, Tito Monterroso, AMLO ya tenía a MORENA, en alusión a la Virgencita MORENA, la morenita del Tepeyac. Nadie descartaría en corto, AMLO acomodará los astros y todos volvieran al redil escuchando la voz del oráculo.

En todo caso, el tabasqueño sabe, está consciente y seguro de que en ningún momento se debe a las tribus ni a los jefes de las tribus, sino como él mismo gritonea desde el púlpito nacional, se debe… al pueblo. Que por el desarrollo estable en lo político resulta dable no destrozar a los partidos.

Jugadas de la Vida

Rafael Michelini del Partido Amplio de Uruguay dic que el populismo judicializa a la clase política, primero los somete a juicio y después aportan pruebas, lo que es ilegal como abyecto.

Twitter:@ldojuananuel