DETRÁS DE LA NOTICIA

A riesgo de escandalizar a las buenas conciencias hipócritas que se dan baños de pureza en el agua del sanitario y a los políticamente correctos, preguntamos provocadoramente:

¿Cuántos oaxaqueños y mexicanos morirán de los entre 12.5 y 15 millones sin agua potable para lavarse las manos, por atender tardíamente Morena y la 4T el COVID-19, por la frivolidad presidencial y la falta de medicamentos?

Es postura catastrofista, sí, pero realista y objetiva. No somos irresponsables. INEGI aseguró en 2018 que 44 millones de mexicanos se encontraban sin agua en sus hogares.

Son datos duros gubernamentales del Instituto Nacional de Geografía y Estadística. Estadísticas no siempre creíbles por “maquillados” a la baja.

Un año después, en 2019, cerca de 10 por ciento de la población mexicana no tenía acceso al agua potable; son entre 12.5 y 15 millones de habitantes. Morirán millones de mexicanos vulnerables por vivir en pobreza y extrema pobreza, con graves problemas de salud por padecimientos crónico- degenerativos, a resultas del hambre y desnutrición crónicas que padecen.

Esta semana, con motivo del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo, sabremos que en 2020 son más millones de mexicanos y oaxaqueños sin agua, sobre todo del área rural, pero también de zonas marginadas en las grandes ciudades.

“Esas personas padecen problemas de salud y de higiene, ligados a la falta de agua. Tenemos una deuda con ellos”, afirmó Manuel Perló Cohen, investigador y exdirector del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS).

De los que sí reciben el líquido, casi 30 por ciento no lo tienen en cantidad ni calidad suficiente. “El derecho al agua se encuentra en nuestra legislación, pero no se cumple”. Como el derecho a la salud, a la alimentación y educación.

Tampoco somos emisarios del pasado y agoreros del desastre para promover la violencia innecesaria, pero sí luchamos, incluso, hasta perder la vida, si es necesario, por el derecho a la legítima defensa que santifica la violencia.

Es una actitud tremendista, amarillista y alarmista, sí, como rupturistas que somos, contestatarios e irreverentes. Jamás irresponsables. Nacimos para defender la vida, la libertad y la dignidad humanas, y luchar por la verdad.

Morirán cientos o quizás miles de oaxaqueños en particular y mexicanos en general sin agua, porque para que alguien viva alguien tiene que morir. Es la ley de la compensación, equilibrio y armonía universal. Finalmente, la Ley de los contrarios.

Por más grave que sea la pandemia del Coronavirus COVID-19, sin embargo, ése no es el problema, sino que los ganones de siempre serán los gobernantes, funcionarios, políticos en general y sus cómplices, algunos malos empresarios de Morena, que han dejado al pueblo sin medicamentos en las instituciones del sistema nacional de salud.

Todos ellos lucran con las carencias y desgracias humanas. Ahí están las “compras de pánico” en los centros comerciales de la capital oaxaqueña y en todo el país. Negocios a los que, desgraciadamente, no tienen acceso miles y millones de pobres.

Pero ¡Cuidado! Porque pronto sobrevendrá el saqueo de los mismos por los miles y millones de pobres. De ahí a estallidos sociales, a la revolución y a la guerra fratricida solo hay un paso. ¡Y ya rebasamos el siglo que transcurrió entre 1810 y 1910 definido por los imperios!

Los mexicanos y oaxaqueños sabemos quiénes son los gobernantes, funcionaros y políticos propietarios de las embotelladoras de agua pero, sobre todo, de los cientos y miles de pipas abastecedoras de agua para consumo humano, que monopolizan el suministro.

Pipas que en la capital oaxaqueña no solo suministran agua en las colonias populares que carecen de acceso al vital líquido, sino incluso en las zonas residenciales por la corrupción de los representantes agrarios de los comuneros, como en San Felipe del Agua, residencia de gobernantes, funcionarios y políticos.

Estos gobernantes, funcionaros y políticos, se han apoderado del cauce del río de San Felipe, como es el caso del ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz, y del vaso de la Presa Rompepicos, como lo hizo su ex Secretario de Obras Públicas, Eviel Pérez Magaña.

¡Y la población y los ciudadanos lo permitimos! Así ha sido, así es y así será por los siglos de los siglos, mientras las personas en sus categorías sociopolíticas de individuos y ciudadanos, no se organicen masivamente para exigir que se respete y haga respetar la ley.

alfredo_daguilar@hotmail.com

director@revista-mujeres.com

@efektoaguila