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Con las pandemias (pandemia es la afectación de una enfermedad infecciosa de los humanos a lo largo de un área geográficamente extensa. El vocablo procede del griego πανδημία, expresión que significa reunión de todo un pueblo), como en las guerras, la primera víctima es la verdad.

Esta frase es atribuida al político estadounidense Hiram Johnson en 1917, fue pronunciada hace casi cien años, durante la Primera Guerra Mundial; se entra a un diagrama de verdades y mentiras inverosímiles y de verdades y mentiras verosímiles, donde la percepción de la población es más importante que la realidad.

China acusó que el ejército de Estados Unidos que podría haber llevado el virus a la ciudad de Wuhan, lo cual no ocurrió en la previa pandemia del H1N1 cuando también se desataron los demonios geopolíticos/geoeconómicos de ahora que concurrieron para conformar una tormenta perfecta.

La cancillería china publicó un video de Robert Redfield, jefe del Control de Enfermedades de EU, donde señala que se encontró coronavirus postmórtem en varios estadounidenses que fueron diagnosticados con gripe.

En Washington, Donald Trump lleva días hablando de “virus chino” en sus comparecencias diarias ante la prensa. En Pekín, los medios oficiales y varios diplomáticos ponen en juego cada vez más abiertamente la tesis de que el virus pudo llegar a China traído de la mano de soldados estadounidenses que participaron en los Juegos Deportivos Militares que se llevaron en octubre en la ciudad china de Wuhan, el foco original de la pandemia.

Ante esta situación, las acusaciones mutuas sobre el origen del coronavirus, se ha convertido en una carrera precipitada por ver quién logra antes una vacuna.

La pandemia en el mundo se ha convertido en el nuevo campo de batalla, uno más entre las dos grandes potencias mundiales, apartados de momento en su carrera en ser el mejor en la tecnología 5G, avances militares y su guerra comercial.

Las relaciones entre ambos países han entrado en corrientes turbulentas en un momento delicado: lo peor de la enfermedad aún está por llegar a EU y parte del mundo.

Los chinos han reaccionado en forma virulenta al video del jefe del Control de Enfermedades del Sistema de Salud de los Estados Unidos y las preguntas que se han hecho son:

“¿Cuándo apareció el paciente ‘cero’ en EU? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿A qué hospitales los llevaron? Probablemente fueron militares estadunidenses quienes llevaron la epidemia a Wuhan. No lo saben y lo investigan.

Lo que sí se sabe es la forma en la que se construyó inicialmente la narrativa de la pandemia en los medios de comunicación occidentales hizo evidente el deseo de satanizar a China.

Las malas condiciones higiénicas en los mercados chinos y los extraños hábitos alimenticios de los chinos estaban en el origen del mal.

Subliminalmente, el público mundial fue alertado sobre el peligro de que China, ahora la segunda economía mundial, domine al mundo.

Si China no pudo evitar semejante daño a la salud mundial y, además, no pudo superarlo de manera eficaz, ¿cómo podemos confiar en la tecnología del futuro propuesta por China?

¿Acaso el virus nació en China? La verdad es que, según la Organización Mundial de la Salud, el origen del virus aún no se ha determinado y los mismos chinos lo niegan. Por tanto, es irresponsable que los medios oficiales en Estados Unidos hablen del “virus extranjero” o incluso del “coronavirus chino”, sobre todo porque sólo en países con buenos sistemas de salud pública (Estados Unidos no es uno de ellos) es posible hacer pruebas gratuitas y determinar con precisión los tipos de gripe que se han dado en los pasados cinco meses.

Lo que sabemos con certeza es que, mucho más allá del coronavirus, hay una guerra comercial y armamentista y le agregaría también bacteriológica entre China y Estados Unidos.

Una guerra sin cuartel que, como todo lleva a creer, tendrá que terminar con un vencedor y un vencido. Desde el punto de vista de Estados Unidos, es urgente neutralizar el liderazgo de China en cinco áreas: la fabricación de teléfonos móviles, las telecomunicaciones de quinta generación (inteligencia artificial), los automóviles eléctricos, militar y las energías renovables. Una pandemia de esta dimensión causa justificada conmoción en todo el mundo.

¿Sabremos algún día la verdad sobre el causante real de del Covid-19? Antes de fallecer el extraordinario astrofísico inglés Stephen Hawking, advirtió sobre las agresiones de las armas biológicas en el futuro a la raza humana y el Covid-19 tiene todas las características de un arma biológica.

Y es que las próximas guerras serán de la más alta tecnología, con drones y robots, además de esparcir virus mortal a la humanidad.