Oaxaca.- Un puñado de hombres y mujeres dedicados en una parte de su vida a trabajos masónicos en Oaxaca celebraron en días pasados el 36 aniversario de su taller. Lo hicieron de manera sobria, con una sesión interna de trabajo y finalmente una cena. La conmemoración-convivencia sirvió para hacer una evaluación de lo que han logrado en lo individual para trascender mejor en la sociedad, una tarea nada fácil pero posible en todos los tiempos. 

Dedicados cada quien a sus actividades laborales distintas, las mujeres y hombres que integran la Logia Simbólica Blanca Mixta Tzahuindanda número 10 son depositarios de la confianza y la responsabilidad heredadas por un ilustre masón y gran humanista, don José Manuel Estrada Vázquez, quien visitó Oaxaca en la década de los años sesenta y setenta del siglo pasado y consideró a esta tierra como semillero de seres humanos dispuestos a aportar su grano de arena para que la humanidad vaya elevando cada vez más su estado de conciencia.

José Silva Pérez, miembro del taller masónico, recordó los inicios de esta logia en el país y la participación destacada que tuvieron los oaxaqueños como Felipe Paredes, los hermanos Cuauhtémoc e Ignacio López Gijón y Víctor Santiago Méndez, entre otros, para trabajar en la formación de una nueva humanidad con hombres y mujeres libres y de buenas costumbres, con un estilo de vida saludable, con disciplinas, valores y principios, basados en los usos y costumbres masónicos.

El ponente explicó por qué los masones oaxaqueños adoptaron el nombre de Tzahuindanda para su naciente taller en 1984: “fue debido a la representación simbólica que tiene este héroe en la tradición mixteca, como flechador del Sol, el guerrero más veloz y valeroso, quien armado con su escudo y saetas escaló lo más alto de las cumbres y montañas, desde donde lanzó su reto a los cuatro vientos.

Cuenta la leyenda que retó al Sol, solitario y poderoso astro, que con sus candentes rayos del medio día era lo único que le impedía apoderarse de aquel lugar, por lo que tomó su escudo, sacó de su aljaba las saetas y con esfuerzo robusto las dirigió contra el astro rey. Era hora en que declinaba la tarde, creyendo el héroe que el Sol enrojecido estaba herido de muerte y que buscaba su tumba tras la montaña, se consideró entonces el vencedor, tomó posesión de la tierra y fundó el señorío de Tilantongo”.

La lección de Tzahuindanda es una invitación a la lucha diaria, a la creatividad, a hacer realidad lo imposible, a vencer las adversidades, y me remito a las palabras del inspirador de las logias blancas, don José Manuel Estrada, pronunciadas en la década de los años cincuenta, que son de plena actualidad y más por los momentos que estamos viviendo en estos días. La expansión del coronavirus y las medidas de prevención recomendadas por las autoridades sanitarias del país y el mundo son mensajes que si los observamos o no, depende de nosotros, de todos modos nos dejarán una lección a cada uno de los habitantes del planeta.

“Necesitamos conocer verdaderamente el problema mundial, social y humano. No conocer su forma, sino su esencia verdadera y más que nada necesitamos elevar el estado de conciencia; éste es un trabajo básico. Mientras no se eleve el estado de conciencia no hacemos nada con tratar de evitar males.

Mientras no se enseña a la humanidad el camino a tomar, a comer, a dormir, a respirar bien y con salud, no hacemos nada con hacer hospitales para meter enfermos. Si las personas no cambian su modo de vivir y siguen comiendo carne, ingiriendo alcohol y fumando; si no saben respirar ni dormir; si no hacen gimnasia y al final recluirlos en hospitales y repartir medicinas, no hacemos nada” (Enseñanza Viviente).

¿Acaso estamos tocando fondo en la vida de la humanidad con los problemas que tenemos a diario? ¿Podemos rescatar todavía la tierra de tantos daños que le hemos causado y le seguimos causando? ¿Tenemos aún tiempo para revertir los errores cometidos en contra de la naturaleza y nuestras vidas? ¿Es posible alcanzar otros niveles de vida, si nos ponemos las pilas y trabajamos por hacerlos realidad? ¿Después del coronavirus qué otra pandemia nos aguarda? Me atrevo a decir que tenemos todavía muchas oportunidades para vivir y sobrevivir. Así como hay millones de personas destruyendo, así hay también quienes construyen y velan por el bienestar de la humanidad.

Lo que necesitamos los seres humanos, parece insistir el maestro Estrada Vázquez, es una regla clara y una verdadera disciplina para saber vivir.