Retomo hoy una simbiosis -valga el término por sus implicaciones actuales- de dos artículos publicados en este mismo espacio, en años diferentes, pero con la misma intención de concientizar sobre problemáticas ya visualizadas de tiempo atrás. Esas implicaciones van desde lo biológico, pasando por lo cultural, lo natural y sobrenatural, lo científico, lo religioso y lo político, por mencionar algunas de las esferas en cuestión hasta este indescifrable -por la falta de una explicación científica y una solución posible – y aún indemostrable fenómeno – por la incapacidad de hacer entender que es real y mejor prevenir que lamentar -. El control y la contención de la propagación de esta cruel realidad está en no esperar a comprobarlo por nosotros mismos y atender, a pesar de todo, las recomendaciones para esta pandemia y no la hagamos un pandemonio, es decir, evitemos hacer mucho ruido y confusión y más aún convertir esto en un panteón, cual raíz de esa palabra. Quedémonos en casa y dejemos trabajar a quienes necesitan hacerlo.

Las consecuencias inmediatas están a la vista de muy pocos, pero en la zozobra de la información mediática- hoy más allá de los medios tradicionales (mass media) predomina lo que aquí llamaré mass inmedia (por su inmediatez) están en la desinformación de muchos, la gran mayoría, es decir, en la ya también pandemia, de la incomunicación. Estamos ante lo que algunos analistas y filósofos han estudiado y adelantado como el mal recurrente de los años subsecuentes: la tiranía de lo inmediato y la nueva gran acumulación del gran capital o, en su caso, en nuevo Gran Leviathan.

 Leamos algunas líneas escritas hace ya algunos años aquí mismo en reseñas comentadas de esos textos: “El poder es inseparable de la riqueza y la riqueza es inseparable de la velocidad. Quien dice poder, dice, ante todo, poder dromocrático -dromos, procede del griego y quiere decir, “carrera”- y toda sociedad es una “sociedad de carreras”. Sea en las sociedades antiguas a través del papel de la caballería (los primeros banqueros romanos eran caballeros), sea en la potencia marítima a través de la conquista de los mares, el poder es siempre el poder de controlar un territorio mediante mensajeros, medios de transporte y de transmisión. Independientemente de la economía de la riqueza, un estudio de lo político no puede hacerse sin un estudio de la economía de la velocidad. El papel de la velocidad varía según la sociedad considerada. La Edad Media conoce las palomas mensajeras con Jacques Coeur, el gran financiero de la época. La sociedad colonial conoce el poder marítimo de Inglaterra y Francia. La sociedad de la posguerra reconoce el poderío aéreo con la capacidad de los aviones supersónicos que franquean la barrera del sonido en los años cincuenta. Hoy en día, la sociedad mundial está en gestación, y no puede ser comprendida sin la velocidad de la luz, sin las cotizaciones automáticas de las bolsas de Wall Street, de Tokio o de Londres”. (Paul Virilio. El Cibermundo, la política de lo peor. P.17)

Valga esa larga cita como introducción al tema un tanto escondido entre la oscuridad del poder. El poder desde la perspectiva de quienes son, en última instancia, quienes condicionan el juego de la política, a saber, los dueños del dinero y los dueños de la fe. Así de esas dos maneras nos llega, casi al mundo entero, el condicionamiento de nuestras voluntades y acciones, es decir, de nuestra libertad y de nuestras vidas mismas.

Acabamos de pasar nuestra festividad (semana santa) que además nos permite disfrutar (en esta ocasión desde nuestras casas, si bien nos va) de unas vacaciones (periodo de tiempo otorgado por los mismos arriba mencionados (los patrones, sean de la iniciativa privada o desde lo público o burocracia) para el descanso, la diversión, el ocio, o bien los ahora espacios de entretenimiento digital o en línea como los chats, videollamadas, videoconferencias, videoclases (donde por cierto sólo dejan tareas y exposiciones dicho sea de paso) y los ya famoso tik toks (no pregunten qué es eso porque todos son prácticamente la misma gata…etc.)

Ese tiempo que se va tan aprisa para la mayoría, es un tiempo construido a partir de los intereses de ambas categorías: el progreso (económico) y la Fe (religiosa). La primera, está dada por un afán weberiano de otorgar una especie de compasión a los trabajadores hacedores de la riqueza de los patrones. La segunda sirve para religar la fe en un Dios todopoderoso a partir de sus símbolos más representativos: el nacimiento del Dios hijo y la última cena para recordarnos que el nuevo año también, está construido a partir de esos símbolos y solo dejaremos el trabajo, es decir, la producción de dinero, los días santos, los días heroicos y los días cristianos.

Ese binomio perfecto está actualmente reforzado por gran velocidad de las telecomunicaciones, la digitalización de la información y el nuevo tiempo, el tiempo real y vigilados por los más sofisticados esquemas cibernéticos y desde los drones. Estamos ente una reformulación de la categoría tiempo. Y ambas juegan con lo político y se ensañan con la cultura y la educación, reduciéndolas a su mínima expresión manipulada de acuerdo con sus intereses pecuniarios y autoritarios.

Hoy estamos en una fase más de la pandemia, ya casi convertida en un pandemónium por sus reales repercusiones sicológicas, sociológicas y deshumanizadas. Como ya antes lo había escrito el investigador Italiano Giacomo Marramao (Poder y Secularización. Edit. Península, 1989) la sacralización del tiempo y la profanación del Dios único nos ilustra sobre estas cuestiones poco exploradas, pero altamente condicionantes de las categorías que flotan sobre la superficie de un mundo cuyo devenir está hecho a imagen y semejanza de esos dos grandes poderes.

Hemos pues, perdido las más esenciales libertades, a pesar de tantas verborreas y tanta tinta en códigos, constituciones y tratados, nos estamos quedando en “tabula rasa” en la que todo lo escrito se ha borrado, esa es la verdadera intención, a pesar de la certeza de la existencia de cualquier virus mortal, lo más cruel no es únicamente su propagación sino la intención real de los demonios.

Recordemos que: “Sin libertad de denuncia, no hay elogio halagador”, decía Beaumarchais. Pero sin libertad para criticar la técnica, tampoco hay “progreso técnico” sino un condicionamiento solamente…y cuando este condicionamiento es cibernético, como se da el caso hoy día con las nuevas tecnologías, la amenaza es considerable” “… Hoy, existe un espejismo que está ligado a la publicidad. Existe la ilusión de una velocidad salvadora, la ilusión de que el acercamiento exagerado entre las poblaciones no va a traer consigo conflictos sino amor, que hay que amar al que está lejos como a sí mismo. Es sólo una verdadera ilusión. No hay revolución industrial sin innovación de la publicidad, Por otra parte, la escuela en la que nos encontramos fue fundada hace ciento treinta años por muchos de los saintsimonianos, y en particular, por Emile de Girardin, el patrón de la prensa moderna, que introdujo la publicidad en la misma para sustraerla del control del Estado” (Paul Virilio. El Cibermundo, la política de lo peor. Cátedra, Madrid, 1999)

Hoy, esa forma de legitimación está vigente sea cual sea el tipo o la forma de gobierno. “Un cambio importante afecta al dominio político contemporáneo: se trata de un cambio referente a la instrumentación del dominio. Sólo que como sabemos, el dominio se ejerce sobre las cosas y no sobre los humanos; sin embargo, aquí lo equiparamos a gobierno por los modos de ejercerlo. Cómo decía un jurista cuyo nombre escapa de mi memoria: “Se domina a las bestias, a la humanidad se le gobierna”. Al final de seo se trata, de ponerse de acuerdo para dominar, no para gobernar.

En el pasado – y en el presente- el poder estatal capitalista se ha asentado- sobre la base del dominio económico, del capital financiero- en la hegemonía de los todopoderosos intereses de marco político de las grandes potencias mundiales. Asistimos ahora a la materialización de un cambio señalado anticipadamente por numerosos estudiosos del tiempo entendiendo éste como medida del progreso histórico: se trata de la instrumentación del dominio por medios tecnológicos avanzados. Los nuevos medios de que dispone el poder político -y el económico- posibilitan, en general, el control social. Se trata de medios que permitan una extensión de la capacidad de acción del poder político. El dominio político tecnológicamente instrumentado hace posible el control generalizado de los individuos, y en general, en el sentido de controlar y configurar a la opinión pública.

Desde el punto de vista del control individual, las tecnologías informáticas facilitan la acumulación de datos sobre la privacidad a costes muy bajos. Hacen posible la actuación estatal y empresarial preventiva de la disidencia en ámbitos como el laboral, el acceso a funciones públicas, etc., y, por supuesto, invadir la vida privada de las personas, así sea de motu propio, con su complacencia. En la actualidad las previsiones jurídicas de garantía de la privacidad, incluso las constitucionales, son enteramente insuficientes, y probablemente no haya medios estrictamente jurídicos de defensa de los derechos de las personas en este ámbito (los medios jurídicos suponen actuaciones funcionales, lentas, costosas…), dada la naturaleza de la invasión.

La educación formal, ya quedó atrapada en este círculo vicioso de la virtualización y la impersonalidad de sus contenidos, rescatando solamente el continente y pulverizando la comunicación, elemento fundamental de todo proceso pedagógico. Las formas y los fondos ya son otros y las ciencias naturales, sociales y espirituales están mutando, cual mortal virus, al espectro de lo inhumano. CONTINUAREMOS mientras tanto que hay paz…comentarios, menciones y mentadas a nigromancias@hotmail.com Twitter: @JTPETO