Hace cinco años un visionario Bill Gates se refirió en una charla TED (Ideas Worth Spreading, esta organización de medios estadounidense que publica conversaciones en línea para su distribución gratuita) al riesgo de una pandemia. Habla de cómo cuando era niño lo que se temía era una guerra nuclear, pero en el siglo XXI lo que podría causar millones de víctimas es “un virus altamente infeccioso”. 

En su intervención, el multimillonario estadounidense advierte que los países deberían prepararse “como en una guerra”, y de la misma forma que los países tienen ejércitos y armamentos, han de contar con “sistemas de sanidad fuertes”.

Las Fuerzas Armadas en el mundo tienen en esta pandemia un papel crucial pero radicalmente diferente al que han tenido en otras batallas.

La ventaja que ofrece contar con las Fuerzas Armadas es su gran capacidad logística. Son capaces de montar hospitales de campaña con gran velocidad, de movilizar a miles de elementos en cuestión de minutos para auxilio a las poblaciones afectadas.

Hay un factor importante: cuando se crearon las unidades militares de emergencias, se tuvo en cuenta esta posibilidad. Se tienen unidades especializadas en guerra biológica y tienen laboratorios de todo tipo de nivel para contender y luchar contra cualquier tipo de pandemia.

Las Fuerzas Armadas están al servicio de la sociedad, es una mano de obra que su función es defender, auxiliar y apoyar a la población. Y tiene una ventaja: son disciplinadas, cumplen las órdenes y son competentes.

Como estamos viendo, los sistemas sanitarios, incluso en países con buenos servicios públicos, se ven superados y es ahí donde la intervención de los militares resulta primordial.

Tienen la mejor logística: pueden garantizar el transporte, montar hospitales, reconfiguran lugares para convertirlos en espacios Covid, hasta la transportación y resguardo de material sanitario para hospitales públicos. Así como el despliegue de miles de militares en las zonas más afectadas.

Esta semana, la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal) consideró que las fuerzas armadas mexicanas ocupan el primer lugar en Latinoamérica en cuanto a la puesta en marcha de acciones en apoyo al sistema de salud para contener el contagio de Covid-19.

La información señala que esta organización internacional que genera, enlaza y potencia las capacidades y esfuerzos de los investigadores, académicos (más de 300), expertos y miembros de la sociedad civil en el ámbito de la seguridad y la defensa continental, reconoce las actividades de los soldados, marinos y pilotos mexicanos en la reconversión de instalaciones militares en centros de atención hospitalaria Covid-19, las cuales ya han comenzado a recibir a ciudadanos infectados, no de manera directa sino una vez que estén saturadas las instalaciones civiles.

La Secretaría de Marina Armada de México (Semar), a través del Plan Marina, ha atendido a pacientes de Covid-19 desde marzo en el Centro Médico Naval de la Ciudad de México y está empleando ya sus capacidades para atender a dos mil 784 personas en 14 instalaciones navales en tierra firme y en buques habilitados para atender a pacientes del virus.

Respecto del Ejército y la Fuerza Aérea (Sedena) el informe de Resdal refiere que en el caso particular de México, se identificó el Plan DN-III-E como una herramienta única y la más completa para cumplir las misiones de asistencia. Único en América Latina.

En el Plan DN-III-E, la Defensa Nacional se encarga de forma única en Latinoamérica: de la distribución de alimentos a poblaciones necesitadas, consolidación del sistema de salud al contratar a cuatro mil 225 profesionales (la meta es llegar a tener una plantilla total de un poco más de 23 mil efectivos contando con el personal que se cuenta en la dependencia).

Poner a disposición dos mil 34 camas, 117 instalaciones sanitarias militares, seguridad pública y sanitaria en cinco aeropuertos; puentes aéreos para insumos médicos en todo el país y la repatriación de dos mil 249 personas que se encontraban en diferentes partes del mundo.

Estamos en una guerra del siglo XXI. Es un efecto perverso de la globalización. Se sabe que el enemigo es un virus, y se sabe que tendrá efectos importantes en la economía, política y en la sociedad. Es un conflicto biológico.

No sabemos si hay alguien detrás o no. Pero ahora lo importante es saber que es una agresión que produce daños importantes a la población, con un número de bajas importante, que nos afecta a todos.

Pero sobre todo, contamos con unas Fuerzas Armadas preparadas para este tipo de guerra no convencional, pero sí del futuro. Nuestros soldados de tierra, mar y aire, están y estarán siempre para trabajar con mucha fibra por el país.