EL PAÍS

Oaxaca.- Don Manuel, como le llaman en los pasillos de Morena, se está convirtiendo cada día más en una figura incómoda dentro del Gobierno mexicano. Al director de la Comisión Federal Eléctrica (CFE), Manuel Bartlett, 83 años, le persigue un reguero de polémicas desde antes incluso de tomar el mando de la segunda empresa más grande del país: sonadas denuncias de fraude electoral, revelaciones sobre su abultado patrimonio o supuesto tráfico de influencias. El veterano funcionario, un histórico priista reconvertido en aliado de López Obrador, es hoy una diana de denuncias en los medios, una veta que está siendo utilizada por la oposición para intentar desgastar la imagen del Gobierno, que de momento está capeando incluso el temporal de la covid-19. Los índices de popularidad de López Obrador han rebotado este mes tras una fuerte caída en abril. El daño que no ha provocado la pandemia amenaza con cobrárselo ahora el dinosaurio priista en la habitación. 

La popularidad de López Obrador se desplomó en las encuestas durante el mes pasado. La gestión de la crisis sanitaria, una prueba de fuego para todos los Gobiernos del mundo, profundizó una caída que había arrancado con las movilizaciones feministas del 8 de marzo. Las previsiones del duro golpe económico, los recortes a los funcionarios y el protagonismo de una nueva oposición, los gobernadores del norte industrial del país, pasaron factura en el termómetro de los sondeos. Casi 20 puntos menos que el mismo mes del año anterior.

En mayo, el periodo de mayor incidencia de la pandemia, ha vuelto sin embargo a recuperar casi 10 puntos según los medios mexicanos. Las encuestas de The Economist también le sitúan como uno de los mandatarios que ha subido sus niveles de popularidad durante la crisis. En las últimas semanas, se han sucedido también las polémicas en torno a Bartlett, engordando una mochila que ya era pesada. Una investigación de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad reveló que una empresa propiedad de uno de sus hijos le vendió al Gobierno ventiladores para la covid-19 a sobreprecio, casi el doble que el valor habitual de mercado. Este miércoles la entidad sanitaria que los había comprado, el IMSS de Hidalgo, anunciaba que los ventiladores no cumplen los requisitos debidos y se dispone a devolverlos.

Esta misma semana se conocía también por medio de otra nota periodística que la casa que rentó el equipo de Morena como centro de operaciones durante la campaña, y que después compró pasadas las elecciones, era propiedad de una empresa de antiguo colaborador de Bartlett, de la que también es accionista su hijo.

La reacción de López Obrador ha sido hasta ahora ponerse de perfil en todas las polémicas. Las denuncias, de momento, no han trascendido el ámbito judicial. Pero el coste político de sostener a un funcionario tocado por las sospechas de la opacidad y la irregularidad puede ser muy alto para un Gobierno fundado en la tolerancia cero contra la corrupción. “Desde el principio -señala el historiador del Colegio de México Lorenzo Meyer- estaba claro que la presencia de Bartlett podría suponer un costo para López Obrador. Lo que no termina de estar tan claro es cuál es la ganancia”.

Lealtad, uno los códigos clásicos de la política, es una de las palabras clave para interpretar la relación de Bartlett con el presidente mexicano. La sintonía entre ambos comenzó en la campaña electoral de 2006, cuando un Bartlett todavía senador priista lanzó un insólito mensaje pidiendo el voto útil para el candidato del PRD. Así arrancó viaje del que fuera uno de los hombres fuertes del PRI -Gobernador, secretario de Educación o Gobernación durante la polémica votación de 1988 en la que “se cayó el sistema” y volvió a ganar el PRI- en su cruzada contra el giro tecnocrático del partido iniciado en los noventa. La campaña contra la liberalización del sector energético, germen de Morena, fue el broche definitivo para la alianza con López Obrador, también forjado en las filas del PRI, durante su primera década de militancia política.

El pasado compartido en el partido-leviatán mexicano y la aspiración de ambos de una cierta vuelta a las esencias -nacionalismo, ayudas sociales, la rectoría del Estado- son elementos que también han consolidado su alianza. Pero ante todo, el hecho de haber acompañado al ahora presidente por su particular travesía por el desierto: desde sus duros años de oposición hasta la conquista del poder. Un patrón que se repite con otras figuras controvertidas dentro de Morena, como los empresarios Jaime Bonilla, gobernador en Baja California, o Alfonso Romo, jefe de la oficina del presidente. “López Obrador tiene un compromiso moral y emocional con ellos y por eso no los toca” apunta el politólogo del CIDE José Antonio Crespo.

La polémica de más entidad hasta ahora fue la desatada en otoño. Otra investigación periodística reveló que el funcionario ocultó en su declaración de bienes una millonaria fortuna patrimonial: 25 propiedades y 12 empresas, algunas incluso relacionadas con el sector eléctrico, registradas a nombre distintos familiares. La secretaría de la Función Pública, el ministerio que fiscaliza las irregularidades administrativas, abrió una investigación propia. La conclusión fue que, por cuestiones formales, Bartlett no es culpable de nada.

“Políticamente no se explica porque en ese momento López Obrador no tomó distancia”, señala Roy Campos, director de la empresa de análisis Consulta Mitofsky. “Era mucha más rentable cesarlo, afianzar la política de mano dura contra los indicios de corrupción y aprovechar la ocasión para demostrar que su Gobierno no es como los demás. Bartlett no aporta. Más bien se ha convertido en un lastre para la imagen del López Obrador”. El funcionario ha estado también en el punto de mira de las críticas por su gestión al frente de la empresa pública de electricidad. Su injerencia en negocios ya en curso ha provocado fuertes choques con empresas internacionales del sector. Dentro del empresariado mexicano también han crecido el malestar al considerar que Bartlett es eminentemente un político y no está preparado para su cargo.

Habrá que esperar a las próximos sondeos de opinión para evaluar el impacto que está suponiendo el ruido generado al rededor del director de la CFE. “De momento, a López Obrador no le ha afectado porque le toca directamente”, añade Campos. “Pero son como gotas que inevitablemente van desgastando. Las polémicas sobre Bartlett casi se dan por descontado. Son como otra raya en el tigre. Pero la oposición va a seguir aprovechando este recurso y van a usarlo de cara a las elecciones intermedias del año que viene”. En el 2021 se renovará la Cámara de Diputados (500 asientos), 15 gubernaturas y 2.000 alcaldías. Una prueba de fuego para Morena que buscará renovar su mayoría.

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