Oaxaca.- Buscando mejores condiciones de vida, en un camino de esperanza, en donde no se vislumbraban aparentes desgracias, rumbo a un nuevo destino, Pi Patel naufraga en medio del salvaje Océano acompañado de una hiena, un orangután, una cebra y un tigre de bengala. El formidable relato de los infortunios de Pi en esta extraordinaria aventura por parte del escritor canadiense Yann Martel raya en lo magistral en la novela de 2001: “Life of Pi”

El director taiwanés Ang Lee llevó la historia a la pantalla grande en 2012 con enorme éxito. Efectivamente, Piscine “Pi” Molitor Patel, pierde a su familia en el trágico naufragio. Logra salvarse en un bote de auxilio y es cuando, tiene que convivir con aquella fauna particular; también, con unas terribles ratas que comían casi todo. El personaje principal es testigo de cómo la hiena devora a la cebra y al orangután “Orange Juice” por supremacía y hambre y, finalmente, de cómo el tigre “Richard Parker” mata a la hiena para sobrevivir. Palabras más, palabras menos; la terrible lucha de la supervivencia del más apto y fuerte en su máxima expresión.

Después de la muerte de los más débiles, el calvario de Pi, dura 227 días en el a veces embravecido y otras tantas tranquilo mar; aprende a sobrevivir con su temerario acompañante y enemigo; trata incluso de domesticarlo y lo alimenta para no ser alimento.

La vida en la Tierra en estos momentos parece asemejarse a la tragedia y calvario de Pi, quien entendió que la nueva normalidad de su vida durante esos inenarrables días, era la de convivir con aquel enajenado animal y, para asegurar su coexistencia, en determinados momentos estableció con él, tanta distancia como fue posible. En pocas palabras, para poder sobrevivir tenía que alejarse de la condición salvaje e incontrolable que podía terminar con su existencia en el mar. Al final del día, Pi enfrentó a “Richard Parker” en quien vio personificados todos sus miedos. Al paso del tiempo sus temores no le paralizaron más. Aprendió a convivir con la bestia.

Haciendo una analogía con la Novela de Martel en este lapso que vive el mundo; tenemos que estar convencidos de que, el entendimiento y la responsabilidad, serán nuestro bote salvavidas por el tiempo que sea necesario. Una vacuna que combata al Sars Cov2 no se ve próxima para eliminar los riesgos y nuestros temores; no obstante, si nos lanzamos desde el miedo, este puede cegarnos. Si decidimos con conocimiento y responsabilidad enfrentarlo, es mucho más probable salir avante de la mortal enfermedad.

Enfrentemos con la Covid-19 a nuestro “Richard Parker”. Aprendamos a convivir con ello. Nuestra nueva normalidad en los próximos meses tiene que ver con un asunto de actitudes, no tanto de condiciones sanitarias normales. El virus seguirá ahí, atacará irremediablemente a quienes bajen la guardia. La nueva normalidad de la que habla el gobierno es esa: seguir todas las actuaciones de cuidados que sugieren las autoridades de salud, resguardarse en casa, cuidar a los más vulnerables, guardar la sana distancia, evitar aglomeraciones, etc.

La Covid-19 no distingue credos, economías, fronteras, colores de piel, bondades y maldades; ataca a todos por igual. Con el compromiso de gobiernos, instituciones públicas y privadas, académicos, científicos, liberales y conservadores, chairos y fifís; todos por igual, valoremos la vida.

En el mundo existen matices que nos confieren posibilidades diferentes de existencia ¡Es válido!; sin embargo, este es nuestro tiempo, preparemos al mundo para las nuevas generaciones. Con unidad y compromiso podremos domar a la pandemia.

*A la memoria de mi querido Enrique Ramírez Ramírez.

Tuíter: @santiagooctavio