Oaxaca.-  Experto en la industria del chantaje político, Flavio Sosa Villavicencio motejado “demonio de Tasmania” es un iracundo agitador del lumpen que empuja a la violencia. Una vez prendido el fuego, que él mismo prende, se presenta a cobrar por apagarlo. 

Este modus operandi no le falla. Devenga en especie o le pagan con posiciones políticas. Lo dejó muy claro el ex gobernador Ulises Ruiz en reciente intercambio epistolar de sus lindezas en política.

Don Flavio llegó a ser diputado plurinominal, es decir de dedazo porque nadie votó por él. Gabino Cué el gobernador saqueador de Oaxaca, en pago a la asonada del 2006 le regaló la curul y en la peor manifestación de desprecio al pueblo, lo hizo presidente de la Comisión de Cultura en la 61 legislatura. Así cobró por transmitir la “cultura” de quema de autobuses, edificios públicos, casas particulares y sitios con barricadas ¡Increíble!

Sus trapacerías en el 2006 al encabezar lo que él llamó “la primera revolución del siglo 21” le permitieron ponerse la máscara de “luchador social”. Este individuo no tiene pudor. Ha brincado de partido en partido, sirve al PRI, al PAN (le alzó el brazo la mano a Fox, muchos días antes de que fuera electo presidente) y hoy se alinea al Morena partido que le ha pagado con creces. Curules para su hermano Horacio y su prima Griselda Sosa

A través de su hermano como presidente de la Junta de Coordinación Política maneja muchas decisiones y, sobre todo, el oneroso presupuesto de la cámara de diputados. Unos mmdp anuales.

DE PIEL SENSIBLE

La semana pasada echaron a caminar un nuevo negocio, digo reclamo. Horacio Sosa, con todo el peso político que significa manejar el Congreso, pidió la cabeza del Fiscal del estado, Rubén Vasconcelos porque, dice, no aclara el asesinato de cinco supuestos militantes del Morena en San Vicente Coatlán, pero como el pueblo ya no cree en las ideas estúpidas de esos que viven del “redentorismo” social, tuvieron respuesta contundente. Los deudos, en una carta abierta, descubren las aviesas intenciones de los hermanitos Sosa. Les advierten: “no permitiremos la politización de este asunto porque los actores políticos no nos representan en nuestra demanda de justicia. No conocen los datos de prueba que obran en la carpeta de investigación…”.

Ante la sospechosa intención de otro lucro político hubo reacción en las redes sociales. En mi cuenta de twit repliqué que “ahora que desde el Congreso exigen a la Fiscalía el esclarecimiento de la muerte de cinco personas en San Vicente Coatlán, bien haría este diputado también pedir castigo por la masacre en mayo del 2011 contra diez campesinos y 16 heridos en Choapam donde estuvo involucrado su hermano Flavio Sosa”.

De piel sensible, reaccionó de inmediato el demonio de Tasmania para “Escaparate Político” y “El Piñero”. Se victimiza y dice que son ataques “por consigna”.

Como dicen que “el que calla otorga”, quiero decir a don Flavio:

No conozco al vocero estatal Francisco Vallejo de quien solo sé que es un chilango importado. Así que anda errado si cree que la línea viene de tal funcionario. Tampoco creo que, conociendo su temeridad y su poder, alguien se atreva mandarle a don Flavio porros del Catem para que, con sus mismos métodos, lo intimiden.

Creo más bien que son los congéneres demoniacos de don Flavio los que lo persiguen. Le tocan las fibras de arrepentimiento por tantos inocentes que han caído inmolados por su violencia irracional.

O tal vez lo atosiguen las palabras de las víctimas: “No disparen, no venimos armados. Vamos a la instalación del Consejo Municipal Electoral, no queremos pleitos”, alcanzó a decir el agente municipal de San Juan del Río, Herculano Martínez Correa, antes de caer abatido a balazos por los embozados que los inmolaron en el paraje “El Portillo”.

Ese aciago 14 de mayo del 2011, junto con Martínez Correa, cayeron otros nueve campesinos asesinados por el conflicto postelectoral instigado por la organización Comuna de Flavio Sosa y su lugarteniente Armando Contreras. No lo dice este columnista, allí están los expedientes con los testimonios de las víctimas y de sus familiares que, hasta la fecha, claman justicia. Estos son los demonios que azotan la conciencia de este incitador, no los comunicadores.