Un cambio importante afecta al dominio político contemporáneo, agudizado ahora mismo de manera virulenta: se trata de un cambio referente a la instrumentación técnica del ejercicio del Poder. Sólo que como sabemos, el dominio se ejerce sobre las cosas y no sobre los humanos; sin embargo, aquí lo equiparamos a una de las formas en que se desvirtúa la acción de gobernar en sus modos de ejercerlo. Cómo decía un jurista cuyo nombre escapa de mi memoria: “Se domina a las bestias, a la humanidad se le gobierna” Así las cosas, y retomando algunas lecturas que ya en más de alguna ocasión hemos traído a colación en esta sección, veremos algunas nuevas y abiertas situaciones que se han derivado, ya sea causal o casualmente, como efectos de la pandemia que aqueja al mundo.

“Sin libertad de denuncia, no hay elogio halagador”, decía Beaumarchais. Pero sin libertad para criticar la técnica, tampoco hay “progreso técnico” sino un condicionamiento solamente…y cuando este condicionamiento es cibernético, como se da el caso hoy día con las nuevas tecnologías, la amenaza es considerable” “… Hoy, existe un espejismo que está ligado a la publicidad (en el sentido habermasiano de lo público). Existe la ilusión de una velocidad salvadora, la ilusión de que el acercamiento exagerado entre las poblaciones no va a traer consigo conflictos sino amor, que hay que amar al que está lejos como a sí mismo. Es sólo una verdadera ilusión. No hay revolución industrial sin innovación de la publicidad, Por otra parte, la escuela en la que nos encontramos fue fundada hace ciento treinta años por muchos de los saintsimonianos, y en particular, por Emile de Girardin, el patrón de la prensa moderna, que introdujo la publicidad (igualmente en referencia a lo público) en la misma para sustraerla del control del Estado” (Paul Virilio. El Cibermundo, la política de lo peor. Cátedra, Madrid, 1999)

En el pasado – y en el presente- el poder estatal capitalista se ha asentado- sobre la base del dominio económico, del capital financiero- en la hegemonía de los todopoderosos intereses de marco político de las grandes potencias mundiales. Asistimos ahora a la materialización de un cambio señalado anticipadamente por numerosos estudiosos del tiempo, como categoría analítica y entendiendo a éste como medida del progreso histórico: se trata, entonces, de la instrumentación del dominio por medios tecnológicos avanzados. Los nuevos medios de que dispone el poder político -y el económico- posibilitan, en general, el control social. Se trata de medios que permitan una extensión de la capacidad de acción del poder político. El dominio político tecnológicamente instrumentado hace posible el control generalizado de los individuos, y en general, en el sentido de controlar y configurar a la opinión pública. Estamos en presencia del ideal político de las grandes potencias polarizadoras de toda acción política y de la imposición de un modelo sumamente elitista en el que no caben ya los dependientes, sino únicamente los interdependientes. Las economías dominantes ahora hacen ya explícitamente su control social y político. Estamos ante una sustitución del antiguo Contrato Social por un nuevo Control Social mundial.

Según Virilio, desde el punto de vista del control individual, las tecnologías informáticas facilitan la acumulación de datos sobre la privacidad a costes muy bajos para los productores y costos altísimos para los consumidores. Hacen posible la actuación estatal y empresarial preventiva de la disidencia en ámbitos como el laboral, el educativo, el acceso a funciones públicas, etc., y, por supuesto, invadir las vidas íntimas y privadas de las personas, así sea de motu propio, con su condicionada “complacencia”. En la actualidad las previsiones jurídicas de garantía de la privacidad, incluso las constitucionales, son enteramente insuficientes, y probablemente no haya medios estrictamente jurídicos de defensa de los derechos de las personas en este ámbito (los medios jurídicos supones actuaciones funcionales, lentas, costosas…), dada la naturaleza de la invasión.

Desde el punto de vista general, las nuevas tecnologías de que dispone el poder hacen posible la modelación y manipulación de la opinión pública, ya que permiten la reproducción y transmisión hasta el infinito de contenidos de consciencia. Los mass media pasan a corroborar así las realizaciones sutiles de la afirmación de Goebbels según la cual una mentira repetida mil veces equivale a una verdad. Y en la vida pública de los Estados industrializados, a los que se les agregan aquellos que por igual usan la imitación como modelo informativo para permear sus “verdades” a los ciudadanos – tal es nuestro caso – la puesta en práctica de esas posibilidades abiertas por las tecnologías desempeñan ya un papel más importante que el de muchos grupos sociales.

Ese tipo de “modelación” política de la opinión pública tiene sus bases en la previa modelación social de la propia común opinión, y se configura por la industria de la producción de sentimientos de carencia y de los modelos de conducta “a-cultural” propuestos por los monopolios de la industria del entretenimiento – suficiente con echar un vistazo a las oligopólicas televisoras de nuestra soberana nación -, con ello funciona a la perfección la colonización, y por tanto el dominio, de la conciencia socio-política. Pero, no conformes con ello, han puesto a un ejercito industrial de informantes que impiden la comunicación humana y privilegian la incomunicación desde un gran menú de aplicaciones dispuestas a “facilitar” una interacción o interactuación de todos los actores de la vida social de manera fragmentada. Es esa fragmentación la que sirve a esas corporaciones políticas y financieras a controlar el mundo mientras la humanidad entera se muere o para decirlo en términos pandémicos se asfixia, se ahoga, literalmente, desde su propia boca.

Así pues, el nuevo dominio político (y social) – que no gobierno- instrumentado tecnológicamente puede vaciar de contenido incluso las formas de “democratización incipiente” que son los sistemas representativos, en su progreso hacia la tiranía integral. Ésta podría darse si los nuevos medios (léase redes sociales), como instrumentos del poder político, se convierten en el fundamento mismo de este poder, esto es, si llegan a resultar suficientes ante cualquier posible resistencia; sobre todo en naciones cuya cultura política es aún contemplativa y no proactiva, pues hemos sido testigos que en países cuyos gobiernos son aún despóticos, el control de los medios digitales o redes sociales ha jugado un papel importante en la reversión de esa indigna condición; lo cual no se vislumbra aún que sea nuestro caso y menos ahora que han impuesto ya una nueva forma de control.

Este cambio apunta a la necesidad, de prepararse, insertarse y concientizarse para construir articulaciones sociales de resistencia primero, de divulgación después y de acción para la emancipación posteriormente, de esas nuevas formas de dominio y colonización. Las redes interpersonales deben tender a la no banalidad ni a la simple contemplación que se traduce en una pasiva complicidad – como viene ocurriendo con algunas subredes infiltradas cuyo disfraz es legitimado por organizaciones híbridas de diversas nacionalidades y con distintos intereses económicos y políticos-. Estas estructuras de vinculación social y políticas, insisto, deben entrar al marco de la opinión y la acción política, no sólo respecto del Estado sino de la organización misma de la ciudadanía como colectivo, como Pueblo. Es un primer paso para articular un criterio público como plural de la opinión consciente seguido de la acción grupal. Esa articulación puede llegar a crear y desarrollar un espacio público verdaderamente no gubernamental, voluntario que pueda contrarrestar y revertir la tendencia tiránica que se despliegan los sujetos políticos como clase, los grupos de poder, las élites financieras, etc., con los nuevos medios.

Estos medios al servicio del poder son hoy el principal instrumento de dominación. La tecnología informática y de las comunicaciones con su mundo de oropel y entretenimiento acultural son hoy los más conocidos, pero no serán los únicos, en un futuro próximo, nuevas armas, como las bioquímicas que hoy lacera nuestras vidas y nuestra libertad; y otras más sutiles, pero igual espectacularmente mortales reforzarán esta forma de dominación. ¡Que haya paz! comentarios ( nigromancias@gmail.com) Twitter: @JTPETO