Mtro. José Ramón Ramírez Peña

La intención de estas líneas es el explicar las características más relevantes del proceso de enseñanza aprendizaje en la modalidad presencial, en especial en la educación básica a partir del confinamiento derivado de la Pandemia producida por el SARS-CoV-2.

Esta situación derivó, después de abandonar las aulas, en la estupefacción, impotencia, desesperación y en muchos casos la inactividad mientras se filtraban las noticias sobre las características de la pandemia y sus impactos a nivel mundial.

No hubo tiempo de realizar alguna planeación ad hoc; la reacción de la autoridad no fue inmediata, y no solo me refiero a la SEP, sino a las autoridades de todos los niveles y modalidades educativas, desde las instancias directivas o de supervisión. Primeo fue el cerciorarse, después el vincular y rehacer los canales de comunicación con el profesorado y después con los estudiantes. El proceso de enseñanza aprendizaje ordinario estaba quebrantado.

En zonas urbanas cuyo nivel de ingreso es superior a las no urbanas, con una infraestructura tecnológica diferente y diversa, la opción de volcarse a las redes y continuar el proceso de enseñanza aprendizaje fue lo más natural, no así en donde no las había.

Esta actividad objetiva, intencional y en su esencia una praxis social, entendida como una actividad que trasciende los saberes individuales y que su práctica en muchos aspectos depende de una combinación muy sutil en la experiencia personal, técnica y de improvisación, siempre conducida por la reacción subjetiva y objetiva del dicente que se realiza en un espacio real donde la Proxemia indica que la cercanía entre profesorado y alumnado debe ser casi íntimo.

Entendida la práctica docente como la manifestada en el párrafo anterior, se puede derivar que su desarticulación se debe primero al imposibilidad de volver a la normalidad antes del confinamiento, y que además, transitar a la tercera normalidad (la primera antes del confinamiento, la segunda en el confinamiento y la tercera posterior al confinamiento) implicaría, en un tiempo aun no conocido, que se estará trabajando con los estudiantes en dos grupos o tres durante la semana escolar. Lo que implicaría que la planeación educativa tenderá a formularse en tres modalidades, ampliando el trabajo de los docentes así como su intensidad, pero sobre todo en la utilización de un mayor número de recursos y materiales didácticos.

Lo anterior nos dice ya mucho de lo que tendrá que realizar cada profesor, profesora; su compromiso será crucial para trascender y la conformación de un nuevo modelo educativo emergerá de la nueva praxis social contenida en el nuevo escenario.

Por otra parte, la política educativa después de un diagnóstico apresurado y sin percibir los alcances de sus acciones empezó a sugerir que era importante de la comunicación y que se continuara en la mayor “normalidad” con los objetivos propuestos para el tercer trimestre del ciclo escolar 2019-2020. Esta propuesta era como decir que cada escuela termine el ciclo con los recursos que tenga a la mano…

En un segundo momento, al reflexionar mejor, se propuso una programación televisiva educativa, tuvo un impacto para que los adultos pudieran sentarse con los niños y niñas y verificar que estuvieran el tiempo requerido frente al televisor, sin poder hacer más. Finalmente los padres de familia son padres de familia y no docentes. En muchas comunidades donde los profesores y profesoras viven reabrieron las escuelas o en otros espacios para tener asesorías y conducir de manera ordenada el trabajo de reforzamiento y/o de nuevos contenidos,

El profesorado ya tenía experiencia en grupos de interacción virtual por ejemplo con padres de familia sobre todo en zonas urbanas tuvo que aprender rápidamente a editar videos y podérselos allegar a los padres de familia para continuar con los nuevos contenidos de aprendizaje. Y para evaluar los contenidos se solicitaron audios, solución de problemas escritos, contestación de preguntas, modelos, maquetas, videos, etc.

En todos los casos prevaleció un sentido práctico y de sentido común, donde el profesorado condujo hasta la terminación del ciclo escolar.

Los apoyos que se recibieron en forma de recursos didácticos fueron pocos y más circularon libros digitales en los sitios virtuales proveídos por los propios docentes.

Se puede concluir que el escenario que viene será un reto importante en cada comunidad escolar, pondrá a prueba el liderazgo y la colaboración de los colectivos: poder reestructurar la desarticulación de los saberes entre año y ciclo escolar, entre el ingreso y el egreso de cada nivel y modalidad escolar; de aquí la importancia de las autoridades abran los canales de comunicación para recoger las necesidades nuevas que se tendrá que asumir porque de lo contrario el sistema educativo tan desigual ahora reafirmaría su impronta para reproducir su segmentación, el abandono escolar y la exclusión.

   Catedrático de la Facultad de Economía, Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca.