Seguramente en algún momento todos nos hemos preguntado, porqué no han funcionado correctamente los esquemas informativos acerca de la pandemia. ¿Por qué “la gente” sigue sin hacer caso de las recomendaciones de quien se encarga todas las mañanas y tardes de enviarnos mensajes al respecto de lo que debemos y lo que no debemos hacer? ¿tanta y tan repetida información, científica inclusive, no logra hacer que el noble pueblo entienda de una vez por todas la importancia de acatar las medidas sanitarias? ¿Será verdad que la culpa es nuestra y que el gobierno ha cumplido con ponernos al tanto de los riesgos y casi rogar que nos quedemos en casa, hagamos cuarentena más cuarentena, que vivamos en confinamiento voluntario, nos lavemos las manos, usemos cubrebocas, mascarillas y gel entre otros elementos preventivos?

Bien, cada uno de nosotros seguramente que tiene su propia y respetable respuesta, pero eso no es limitante de que podamos hacer un ejercicio de lectura responsable, tanto de lo que debiera ser la comunicación y de lo que en realidad estamos haciendo tanto pueblo como gobierno con toda la información que diariamente se procesa al respecto. Comencemos con unos elementos sencillos de reflexión, básicos en toda forma de relaciones humanas, incluso en la propia casa, escuela, oficina.

La comunicación humana tiene su fundamento en ciertas diferencias especificas respecto de otras especies animales. Lograr el objetivo o fin de la comunicación o, mejor aún, lograr comunicar va más allá de esa mera emisión del verbo, palabras o enunciados mediante el habla o la escritura. Muchas veces decimos más y mejor, es decir, comunicamos más con nuestros gestos o con nuestras acciones y expresiones corporales que con lo dicho. Esto suele darse en cualquier tipo de comunicación dirigida a un publico determinado, sea social, artístico, deportivo, escolar, científico, político, etc. en el caso de la llamada comunicación social o política el caso es ahora el pan nuestro de cada día, nuestro desayuno lingüístico.

Sin embargo, hay que hacer una diferenciación sustancial entre la comunicación y la información. De siempre el mundo ha requerido estar informado de los acontecimientos del día a día o al menos de los más importantes en el curso de la vida social. Algunos han llegado a decir, inclusive, que “información es poder” y seguramente que no andarán muy errados; sin embargo, existe una línea muy fina entre la mera información acumulada en el cerebro o en alguna memoria artificial -discos duros- y la selección cualitativa de la misma. La primera puede llevarnos a la total incomunicación, la segunda podrá, en su caso, generar una cadena comunicativa importante.

Una vez hechas estas breves acotaciones, estamos en posibilidad de dar nuestras respuestas a las cuestiones arriba planteadas. Entre tantos errores existe uno que ha sido fundamental para que se siga haciendo caso omiso y todavía una buena parte de la población siga pensando que el virus no existe y solo es un distractor o para infundir miedo por parte del gobierno. Todo aquello que el subsecretario intenta comunicar queda inmediatamente incomunicado por el presidente. Muy sencillo pues, si uno dijo primero que el cubrebocas no era necesariamente obligatorio y después que siempre sí, pero el segundo no lo usa mas que para su gira a los EUA, entonces no nos está comunicando.

El cubrebocas entonces está descalificado por el propio presidente al no usarlo y ahí ya hay una incomunicación, no hay comunión con el pueblo porque no predica con el ejemplo. Segundo, el famoso “quédate en casa” tampoco lo cumple el señor principal, puesto que desde un principio sigue haciendo sus mañaneras, recibiendo visitas en ese espacio, porque seguramente ha de renegar del uso de la cuestión digital y hacerlas en línea como todos, las escuelas, los programas, muchos comercios, los espectáculos, los artistas; en fin, tampoco ha existido ha dado una conducta congruente y por lo tanto eso también es incomunicación.

Existen muchos anti – ejemplos, pero esos dos son fundamentales en la actitud o la conducta de quien debiera ser el primero en comunicar para que la información sea asimilada, procesada y acatada. El “valemadrismo inmunológico” del señor presidente es como el de los futbolistas que juegan en estadios vacíos, pero corren a abrazarse cada vez que anotan un gol, la sana distancia igual a la que se ve en las matines informativas y en los mitines o giras. Sin otro afán más que el de generar conciencia y una comunicación eficaz entre toda la población, gobiernos por delante, pongamos el ejemplo. Nos leemos próximamente, mientras tanto que hay paz y efectiva comunicación. Comentarios, menciones y mentadas a nigromancias@gmail.com Twitter: @JTPETO