Oaxaca comienza esta semana con el semáforo epidemiológico por covid-19 en color amarillo: riesgo “moderado”. Es una buena noticia, sin duda alguna, porque lo que indica es que nos vamos acercando cada vez más a la normalidad de nuestra vida social, cuando todas las actividades sean permitidas nuevamente y gocemos de libertad plena para trabajar, para reunirnos y hasta para abrazarnos y saludarnos de mano, como estamos acostumbrados. Hay que recordar que el semáforo amarillo significa que hay una disminución en el número de contagios y de enfermos hospitalizados, lo que da cauce a retomar algunas de las actividades que han estado restringidas, como el acceso regular a lugares públicos abiertos, la asistencia a cines, teatros, restaurantes e iglesias, si bien con aforo reducido, y la recuperación de todos los trabajos considerados no esenciales, también con aforo limitado y horarios escalonados.

Sin embargo, es importante hacer conciencia de que haber llegado a la denominación de semáforo amarillo en el Estado no es obra de la casualidad o simplemente del destino, sino una función de las medidas de mitigación que se han implementado con toda seriedad durante estos meses y que han requerido el esfuerzo y la disciplina de toda la ciudadanía y un firme liderazgo a nivel del gobierno estatal y de los gobiernos municipales. Una función, como he insistido tanto en este espacio, de la efectiva gobernanza.

Debemos por lo tanto estar muy atentos a no relajar las medidas preventivas, porque la buena noticia del semáforo amarillo no es de ninguna manera pretexto para lanzar las campanas a vuelo y cantar victoria ante la emergencia sanitaria. Aunque “moderado”, el riesgo persiste y es muy fácil volver a las andadas del coronavirus, que tampoco va a ceder en los mecanismos biológicos de su actividad y superviviencia. Mientras no contemos con las herramientas médicas para hacerle frente, sean vacunas o medicamentos específicos, tenemos que mantener la estrategia de cortar las cadenas de contagio: uso generalizado del cubrebocas, sana distancia, no reunirse en espacios cerrados y evitar aglomeraciones. Esto no ha terminado ni va terminar mañana.

El mundo ya nos está enviando una llamada de atención, porque ha habido rebrotes de covid-19 en muchos países en los que todo parecía indicar que la pandemia iba de salida. En España, Italia, Francia y Alemania ha habido un repunte de los casos diarios, alcanzando en algunos casos nuevos máximos desde que se decretó el fin del confinamiento en el mes de mayo. Corea del Sur, Argentina, Bolivia y Cuba son otros ejemplos, sin olvidar lo que ha ocurrido en diversas regiones de los Estados Unidos. Los especialistas coinciden en atribuir los rebrotes al desconfinamiento precipitado, el incremento de los viajes y la movilidad en general, el descuido temerario de la población joven y el retorno desmedido a las reuniones familiares y sociales y las concentraciones multitudinarias. Se entiende que ya estemos cansados de tanto encierro y tantas restricciones, pero es peor el escenario de un rebrote que nos sorprenda por la simple razón de relajarnos y dejarnos de cuidar.

Hay que insistir: el semáforo amarillo es motivo de optimismo pero no de autocomplacencia; no es un pasaporte para el relajamiento y la imprudencia sino un llamado a mantener la disciplina y sostener la rigidez de las medidas sanitarias. Vamos bien, no echemos a perder lo logrado.

opinión de @martinvasquezv