Oaxaca.- “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Don Miguel Hidalgo y su compañero Don Ignacio Allende”. 

Aquella histórica mañana de domingo  en Dolores Hidalgo, se contaba alrededor de 500 personas según distintos testimonios. Los habitantes de las poblaciones aledañas  acudían a la cabecera del curato a oír misa.

En el conocido como Grito de Independencia, Don Miguel Hidalgo y Costilla,  hoy llamado Padre de la Patria Jamás tocó una campana; tampoco pidió luchar por la emancipación de México. En aquel acto, sí echó vivas a la Virgen de Guadalupe, a Fernando VII, a la América y, mueras al mal gobierno.

¿Por qué Hidalgo? Porque el cura de dolores era el vocero del frenesí insurgente; quien planeó la insurrección y le dio forma fue Allende.

Con el paso del tiempo desde 1810 hasta nuestros días ¿Evolucionó el  grito que sacudió a México? ¡Sí!

La primera celebración que se tiene registrada del mítico grito de Dolores se dio en 1812, Ignacio López Rayón, presidente de la Suprema Junta Nacional Americana, en compañía de Andrés Quintana Roo y otros, festejaron  con descargas de artillería y  vuelta general de esquilas al amanecer del 16 de septiembre en Huichapan, Hidalgo.

El emperador Agustín de Iturbide, celebró el día 27 de septiembre de 1821, día de su cumpleaños, fecha de la consumación de la independencia de México, por medio de un decreto emitido exactamente un mes después, ese mismo año.

Al concluir el primer Imperio Mexicano, el Congreso decretó que el 16 de septiembre se celebraría el inicio de la independencia nacional.  Este aniversario, continúa hasta nuestros días  en el calendario   cívico nacional.

Guadalupe Victoria conmemoró la fiesta septembrina con  misa celebrada en la Catedral, donde reposaban los restos de los caudillos desde 1823, en compañía de los miembros de los otros poderes. 

Después de la caída del segundo imperio, el Presidente Benito   Juárez festejó la arenga del cura de Dolores en el Teatro Principal, donde se leyó el Acta de Independencia formulada por el Congreso de Chilpancingo. 

Ya muerto el gigante de Guelatao en 1872, durante la Presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, la ceremonia se volvió a realizar en el Teatro Principal, con discursos y piezas musicales. La atracción principal fue  la soprano Ángela Peralta.

En  la Presidencia de Manuel González, a partir de 1884, se invitó por primera vez a representantes de la juventud, grupos obreros y colonias extranjeras a conmemorar el grito. En este año inició la costumbre que perdura hasta hoy de ondear la Bandera Nacional.

Porfirio Díaz cambió el día del festejo para que coincidiera con la fecha de su cumpleaños el 15 de septiembre. Un gran desfile que partió del Paseo de la Reforma, recorrió las avenidas Juárez y San Francisco y concluyó en el Zócalo,  se organizó para los festejos del centenario de la Independencia.  Se efectuó además una solemne ceremonia en la Catedral y por la noche hubo una gran recepción en el Palacio Nacional, antes de realizar las arengas de costumbre.

En el México de 1912, Francisco I. Madero conmemoró el grito del Cura de Dolores en medio de un gran entusiasmo popular por la caída del régimen porfirista, con un pequeño desfile de carros alegóricos y un concierto musical.  

Venustiano Carranza dio principio a las conmemoraciones posrevolucionarias en septiembre de 1917.  Álvaro Obregón en 1921 celebró con un desfile de antorchas. 

Por primera vez,  la ceremonia del Grito de Independencia fue transmitida por la radio en 1933, en el periodo del presidente Pascual Ortiz Rubio.

En 1940,  Tata Lázaro Cárdenas fue el primer presidente posrevolucionario en volver a celebrar el grito en Dolores Hidalgo. En aquella ocasión llamó a la unidad ante la amenaza extranjera que representaba la expropiación del petróleo. 

El presidente Adolfo López Mateos en 1960, ordenó la elaboración de 31 réplicas de la campana de Dolores, para que tañeran  cada 15 de septiembre en cada uno de los Estados de la República.

El presidente Luis  Echeverría en 1975 agregó no sólo a Juárez, sino a los países del tercer mundo.  En 1980,  Doña Josefa Ortiz de Domínguez,  fue la primera mujer de la gesta insurgente en ser aclamada por el presidente López Portillo.

Los terribles atentados con explosivos  la  noche del 15 de septiembre en 2008 en Morelia  contra la ciudadanía, vistieron de luto a esta celebración no solo en Michoacán, sino en todo México.

En 2010 el Presidente Felipe Calderón con discurso rimbombante celebró el bicentenario de la lucha por la independencia en Dolores Hidalgo, Guanajuato, recordando las arengas a la virgen pronunciadas en ese mismo sitio por  Don Miguel Hidalgo.

Los gritos de Peña Nieto fueron repudiados; mueras a la corrupción;  acarreados; nada bueno que contar.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, en su primer grito de independencia mencionó a los héroes anónimos, a la democracia, a las comunidades indígenas y la fraternidad universal; además, el mandatario incluyó a personajes como Leona Vicario, así como a las madres y padres de nuestra patria.

Con la pandemia por la Covid-19 parece ser que el formato mutará buscando evitar aglomeraciones. Con muchas o pocas personas, el grito de independencia, fue una arenga pronunciada en  el frontispicio de la Iglesia de Dolores hace casi 210 años, una metáfora que evolucionó para convertirse en el grito fundacional de toda nuestra nación.

¡Viva México!

Tuíter: @santiagooctavio