Se emocionó el Presidente de México, y ahora quiere un sorteo Mega-Magno (el Magno ya existe) cada año en 15 de septiembre. Y como premios el mandatario sugiere más artículos o propiedades que tiene en su poder el llamado Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado: ranchos, aviones, yates, autos de lujo y joyería, dijo López Obrador en su mañanera del jueves pasado. Pero antes de pensar en ese Mega-Magno (el nombre es mío) sorteo, lo ideal sería que primero se transparentara en su totalidad todo el proceso del sorteo del no avión presidencial. Que se diga cuántos boletos se compraron por parte del público, cuántos en bloque por parte del empresariado, cuántos se autocompró el gobierno para regalarlos a hospitales y lo más importante: cuánto se gastó, cuánto generó, y si hubo diferencia a favor o en contra. Tal vez con ello le pida peras al olmo, pero no está de más solicitar una buena revisión del caso. Y segundo: me parece importante recordar que la Lotería Nacional tiene un propósito, y ese es generar dinero para ayudar a los necesitados. Y no es algo que invente yo. En los documentos oficiales de la Lotería Nacional, dentro de su Misión, se establece que es la institución “encargada de la celebración de sorteos con premios en efectivo, destinados a captar dinero para apoyar económicamente al Titular del Poder Ejecutivo en los asuntos orientados a procurar la igualdad entre aquellos mexicanos sin posibilidad de satisfacer por sí mismos sus más urgentes necesidades”. 

¿Cómo genera ese dinero? Por dos vías: por los impuestos que se cobran a los ganadores de los sorteos, y por los excedentes que se pudieran generar de cada uno de ellos. Pero hay un problema, y no son los impuestos. El problema está en que la Lotería Nacional hace tiempo que no genera excedentes. De hecho ese organismo ha debido de reestructurar deudas y despedir personal porque el dinero no le alcanza. Con todo esto en la mesa, mi sugerencia no es hacer faraónicos sorteos cada año, sino revisar el funcionamiento de la Lotería Nacional y, tal vez, reestructurar sus sorteos. No sé, menos sorteos con boletos a mayor precio y con ganancias seguras. Tal así todos tengamos ganas de comprar un cachito.

Más no rifar algo que no puede ser objeto de transmisión su posesión por no tener la factura del avión al estar en arrendamiento financiero, el cual aún no se termina de pagar en su totalidad. Es de derecho explorado que no puede ser acto de enajenación, ya que de hacerlo se comete el delito de fraude. Así de claro. El mito de sus treinta millones de votos, ya no cuenta con esa gente para que vote por él, perdió credibilidad al romper la ley reiterativamente, no tiene votos, ni legitimidad, adolece de verdadero apoyo popular y por esa razón no vendió los cachitos de su maltrecho ego, por eso tuvo que falsear un millón de firmas. Hoy sus treinta millones son irrelevantes, nunca fueron más del 34% del padrón y menos del 25% de la población, pero más importante aún ellos fueron convencidos por mentiras que salieron a flote, por demagogia y falsos resultados, hoy todo eso es humo.

Peleó el señor López veinte años por llegar al poder; se levantó políticamente de escándalos y derrotas que llamó fraudes (que ahora él mismo lo comete con el sorteo del avión) arrasó en una elección, gracias al hartazgo generado por la corrupción del pasado (que él mismo también comete) y todo para terminar frente a un micrófono quejándose de todo. Victimizándose. Qué deplorable.

Desde que empezó el sexenio no ha hecho otra cosa más que utilizar el avión para tirar dinero. Hasta parece que le conviene que el avión esté por aquí y por allá, será sin dudad un símbolo muy importante cuando lo recordemos. Ahora entiendo por qué nos conquistaron, nos quitaron el oro por los espejitos. Somos del escarnio internacional con el cirquero al frente.

Quedando así el balance oficial: 4 millones 685 mil 800 cachitos vendidos, 78.09 por ciento de los 6 Se recabaron 2 mil 342 millones 900 mil pesos. 500 millones del monto fue de lo asegurado a criminales que, en vez de ir al erario, aportó la Fiscalía General de la República; un millón de boletos fue regalado a hospitales y una suma indefinida fue comprada por burócratas conminados a “ser solidarios”. Los 100 premios quedaron distribuidos así: empresarios 42, Lotería Nacional 16, Instituto de Salud 13, sindicatos cinco y no vendidos 24. Dinero llama dinero: gracias a que los empresarios hicieron aportaciones multimillonarias a cambio de tamales, no solo se vendió 42 por ciento de los premiados, sino además quedaron “en familia”. La rifa quedó tan lejos de las expectativas que terminó en fracaso, porque se trataba de reunir 3 mil millones de pesos. Y pese al fiasco nacional de la mala suerte habrá otra rifa de ilusiones “muy grande muy grande…” 

Por último la ceremonia del 15 de septiembre es que la fiesta parecía no una conmemoración colectiva sino el capricho de una pareja. Las sonrisas y bailes enfrente de una plaza vacía ante los muertos y contagios era una imagen chocante, lejana de un líder que entendería cuando los festejos -por más grandes que sean- deben quedar para una ocasión distinta ante la adversa circunstancia. 

Hazaña perdida en sus votantes, lección que, hoy, debería de revisar toda la 4aT, que ya no gobierna sino es organizador de rifas, ello antes de que la empatía sea arrasada por la soberbia del gritón del palacio. 

Jugadas de la Vida.

El Boder Collie es la raza más inteligente de los perros. Reconoce cientos de palabras y muchos objetos por su nombre. Los trae de inmediato cuando su amo se los pide. 

Twiter: @ldojuanmanuel