Jesús Emilio de Leo 

La consolidación de la Independencia de México promovió la libertad de prensa y la llegada de los primeros talleres litográficos al país, situación que ocasionó el surgimiento de una nueva forma de expresión gráfica dentro del ámbito periodístico, denominada caricatura política, cuyo propósito es retratar la realidad social, exagerando o distorsionando la apariencia física de las personas y las circunstancias sociales, políticas o económicas prevalecientes. 

Aunque en varias fuentes aparecen registrados nombres que estuvieron vinculados a la labor litográfica, es Constantino Escalante, a quien se le considera precursor de la caricatura en nuestro país, incluso su vida y obra fue recopilada en el libro: Una historia en quinientas caricaturas, publicado en 1994 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Su autora, Esther Acevedo, afirma que Escalante se formó en los primeros talleres litográficos y no como dibujante en la Academia de San Carlos y por ello, tuvo una formación artística incompleta o menor, situación que no fue obstáculo para que plasmara las imágenes de Carlos María Bustamante, Valentín Gómez Farías y diversas escenas de las batallas contra los frances en 1862, testimonios que le valieron para ser considerado un gran retratista. 

Otra obra necesaria para entender la importancia que tuvo la caricatura política durante el periodo de 1877 a 1884 es, El país de “el llorón de Icamole”, realizada por un caricaturista en su faceta de investigador, Rafael Barajas “El Fisgón” y publicada bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, en la que de acuerdo a su sinopsis, el autor rescata una imagen de Porfirio Díaz que resulta poco familiar, la del presidente inexperto que es abrumado por acontecimientos difíciles y escarnecido por una crítica feroz. 

Es tal el arraigo de la caricatura en nuestro país, que en el centro de la ciudad de México se ubica el Museo de la Caricatura, el cual cuenta con un acervo de mil 500 piezas, publicadas en diversos diarios a partir de 1826 y hasta el 2002 aproximadamente y que fueron clasificadas en cuatro periodos: Independencia, Porfiriato, Revolución y crítica humorística por sexenios. 

México ha sido cuna de caricaturistas que han destacado por su forma de interpretar la realidad, algunos de ellos son: Antonio Arias Bernal “El Brigadier”, Alberto Beltrán García, Paco Calderón, José Trinidad Camacho “Trino”, Miguel Covarrubias “El Chamaco”, José Ignacio Solórzano “JIS”, Bulmaro Castellanos “Magú”, Abel Quezada, Rafael Pineda “Rapé” y el más querido tal vez por su carisma, Eduardo del Río “Rius”. 

Oaxaca no se ha quedado atrás, actualmente cuenta con un gran exponente de la caricatura política, Darío Castillejos o Darío monero, quien el pasado 19 de septiembre, recibió el segundo premio en la categoría de caricatura del World Press Cartoon. Formó junto a Cau Gómez de Brasil y Px Molina de Nicaragua, la triada de latinoamericanos ganadores de los segundos premios de la emisión 2020 de las categorías: dibujo editorial, caricatura humorística y caricatura. Este galardón fue creado en Portugal en 2004 y el evento de premiación es el más importante en su tipo. Para participar es necesario remitir la obra original, es decir, firmada por el autor, elaborada en técnicas digitales o mixtas e impresa con calidad excelente. Una condición determinante es que el trabajo haya sido publicado en algún medio con circulación periódica. El medio que acreditó la publicación de la pieza fue Mundiario, periódico global de análisis y opinión, a partir de la distribución de Cagle Cartoons, colectivo cuyo principal servicio es conceder caricaturas políticas a más de 800 periódicos a nivel mundial, pero mayoritariamente en Estados Unidos. 

Otros países en los cuales se ha reconocido el trabajo de Darío Castillejos han sido Brasil, Grecia, Cuba, Portugal, Perú, Francia, Colombia, Holanda y Turquía.

Darío Castillejos ha orientado sus trazos bajo el apostolado de crear conciencia, misión que repite cada vez que tiene oportunidad, en cada intervención, en la mayoría de sus entrevistas, incluso en su exposición titulada: La rebelión de la tinta, la cual se exhibió en el 2015 en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, institución creada por Francisco Toledo. 

Ejemplo de lo anterior, es una entrevista que le concedió a Diana Manzo para el portal Aristegui Noticias, cuatro días después de haber recibido el galardón, en la cual afirmó que “dibujar no es nada sencillo como se percibe y que actualmente requiere de mayor compromiso, ya que se ha perdido el estado de conciencia de la humanidad”, esta opinión, con toda seguridad la construyó a partir de su férrera disciplina como lector, debido a las exigencias que le imponen su labor artística y  su oficio. En una ocasión, le escuché citar a Norman Manea, autor de Payasos, el dictador y el artista, en el cual afirma que las sociedades pueden llegar a caracterizarse por la ambigüedad y la hipocresía.