De acuerdo al Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España, los clorofluorocarburos (CFCs) son sustancias derivadas de los hidrocarburos saturados que se obtienen al sustituir el hidrógeno por cloro y flúor, sustancias que no son naturales y que por ello, su degradación es muy dificil en el ambiente. Son gases que viajan a la estratósfera, la cual inicia entre los 6 y los 16 kilometros, ya sea en la zona polar o en la región ecuatorial y se calcula que pueden permanecer hasta 100 años. Una forma posible para su dispersión es combinándose con el ozono en condiciones de frío y luminosidad, pero al llevarse a cabo, se destruye al ozono, que es el elemento que nos protege de los rayos ultravioleta que emite el Sol, cuyos efectos están asociados al envejecimiento y al cáncer de piel. 

Los CFCs fueron una acción creada por el hombre para emplearse en líquidos refrigerantes, extintores, aerosoles, plásticos, pinturas y barnices, entre otros productos. En algunas legislaciones internacionales su producción ya está prohibida. 

El hallazgo de este fenómeno se hizo en 1930, año en el que el físico Sidney Chapman formuló la primera teoría respecto a la formación y descomposición del ozono. En 1970, el científico Paul Crutzen fue quien retomó el planteamiento original de Chapman y comprobó la reducción de ozono en la atmósfera. 

De acuerdo al portal web The Nobel Prize, fueron Mario Molina y Sherwood Rowland quienes en 1974, en su artículo Nature demostraron que los CFCs ya se habían extendido por la atmósfera, situación que convirtió a este hecho en un problema de alcace global. Ese hallazgo fue el que permitió que 1995, el Premio Nobel en Química fuera otorgado a Paul Crutzen, Sherwood Rowland y al mexicano Mario Molina, para convertirse en uno de los tres connacionales en recibir este galardón, junto a Octavio Paz y a Alfonso García Robles. 

En 1996, la Lotería Nacional publicó el libro Comodidades Peligrosas de Raúl Cremoux, quien relata que para su realización contó con el apoyo de José Sarukhán, entonces Rector de la UNAM, quien concertó un encuentro en Boston para llevar a cabo la entrevista, el otro apoyo fundamental fue el de Emilio Gamboa, entoces Director de la Lotería Nacional, quien aportó los boletos de avión y la edición del texto. 

Es el mismo Cremoux, quien en otra publicación, esta titulada Nada como el poder, crónicas de un testigo circunstancial, relata como gestionó en 1998 un encuentro entre Cuauhtémoc Cárdenas, entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal y Mario Molina, Premio Nobel de Química 1995. El encuentro entre ambos requirió de una reunión previa entre Raúl Cremoux y el propio Jefe de Gobierno, en la cual, el autor enuncia cada detalle, la vestimenta, el ambiente de la oficina privada del gobernante, su austeridad, el libro dispuesto sobre la mesa en la cual conversaron, los temas que trataron, el interés que mostró por saber la percepción que generaba su gobierno, ya que era el primero que emanaba del PRD. Fue ese momento, el que aprovechó el autor y le propuso que conociera a Mario Molina, con el propósito de que lo ayudara a bajar la contaminación de la ciudad y si se pudiera, integrarlo como asesor, encargo que posteriormente recibió de Bill Clinton y Barack Obama. Pensó que por fin había alguien en quien confiar, ya que al último regente, Oscar Espinoza también le propuso el encuentro y sólo sirvió para tomarse la foto que apareció en todos los medios de la capital. Enuncia lo entusiasmado que se encontraba y como fue venciendo todos los obstáculos para lograr su propósito, hacer coincidir las agendas varias semanas después de haber convencido a Cárdenas, romper el cerco de manifestantes en el zócalo, introducir al Nobel entre el mítin y lograr acuerdos lo más pronto posible, ya que el científico salía ese mismo día del país. Relata sin entusiasmo que el encuentro se llevó a cabo, no hubo acuerdos, poco hablaron del tema y apresuraron la salida para llegar al aeropuerto. Cremoux afirma que Molina expresó que los políticos siempre están pensando en varias cosas al mismo tiempo. Nunca hubo otro encuentro. 

En todas sus entrevistas, Molina siempre mostró su preocupación por el papel del hombre como agente de desequilibrio de la naturaleza, su deseo para que la ciencia ayudara a revertir ese efecto Con ese propósito fundó en 2004, el Centro Mario Molina para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente con la intención de promover y difundir políticas públicas sobre energía y su relación con el medio, también diseñó materiales didácticos dirigidos a estudiantes y docentes en los cuales se abordan desde un punto de vista científico la problemática del cambio climático y recientemente promovió el uso del cubrebocas. 

Finalmente el pasado 07 de octubre, en la cuenta de twitter de la UNAM, se dio cuenta del deceso de Mario Molina a los 77 años.