Oaxaca.- Emocionado al volver la mirada 45 años atrás agradezco a mi familia, amigos y amores, quienes ayer y hoy aceptan y perdonan mis muchos defectos humanos y frecuentes estupideces. Me culpa. 

A lo largo de la historia para algunos pensadores el tiempo simplemente es y su incesante transcurrir no se detiene, no se gana ni se pierde como generalmente le conceptualizan los seres humanos.

Aunque otros pensadores más consideran que lo único eterno es el movimiento, de pronto, después de 45 de vivir intensa y apasionadamente el ejercicio del periodismo, el tiempo pareció detenerse.

A los días, se sumaron y acumularon las semanas, los meses y los años, hasta sumar hoy en día miles de horas de trabajo, noche y día, en prensa, radio y televisión a nivel local, nacional e internacional.

Al coincidir durante un breve espacio con compañeros periodistas de la vieja guardia, admirados y respetados, triunfadores y exitosos todos, los recuerdos se agolparon en avalancha en mi mente.

Presentes, el genial caricaturista doctor Héctor Ramírez Puga, más grande que Abel Quezada, con quien colaboré en la revista Expresión, hermana menor del diario Extra, ambas desaparecidas.

Carlos Cervantes Pérez, decano de los periodistas, quien me lanzó al estrellato de la primera plana del diario Carteles del Sur al encabezar la lucha por la defensa de los derechos de mi pueblo.

El licenciado César Bolaños Cacho Ochoa, quien al lado de su esposa Ángeles y sus hermanas Teté y Mina y su hermano Benjamín Fernández Pichardo, me permitieron colaborar en El Imparcial.

Humberto Cruz Matías, líder de opinión en la radio, paisano y amigo-hermano; Mario Medina Torres, compañero en Encuentro y Jacobo Ventura. Sus edades suman más de 400 años de expertis.

El Club Primera Plana de la CDMX entregó reconocimientos a siete periodistas oaxaqueños y a otros del país que han superado los 25 años de trayectoria, destacó su presidente, José Luis Uribe Ortega.

El acto virtual se realizó la tarde de ayer, a partir de las 13:30 horas, en el patio principal de la Biblioteca Pública Central, presidida por su delegado nuestro amigo-hermano Ángel Soriano.

La destacada periodista Judith Álamo, ex compañera en IMEVISIÓN, de ascendencia oaxaqueña, cuya madre es de Teposcolula, coordinó la entrega de los reconocimientos en Oaxaca y Guerrero.

Testigo de honor fueron el representante personal del Gobernador Alejandro Murat Hinojosa, y Coordinador de Comunicación Social, Francisco Vallejo Gil, a quien celebramos su cumpleaños.

Asimismo, también atestiguó virtualmente el Presidente Municipal capitalino, Oswaldo García Jarquín. Ambos servidores públicos reconocieron la importancia del periodismo en bien de Oaxaca.

Con la generosidad que le caracteriza Ángel Soriano, presidente del Club de Periodistas de Antequera pidió al maestro de ceremonias, Cornelio Merlín, que hablara yo por los galardonados.

Al hacer profesión de fe nacionalista subrayé la trascendencia de la gratitud y pedí a Angel Soriano ser el amable conducto para agradecer el Reconocimiento a los directivos del Club Primera Plana.

Al mismo tiempo, destaqué la importancia de la formación del honor y la ética en la vieja escuela del periodismo como parte consubstancial de la integridad en el ejercicio de la labor periodística.

Ratifiqué el compromiso de seguir luchando por la libertad de expresión y de prensa, así como por el derecho a la información y a la verdad, con todos los riesgos que ello implica ante el autoritarismo.

Agradezco eternamente a Carlitos Cervantes ser el detonante para que por la amistad de mi abuelo y de mi padre con don Jesús Torres iniciará la más grande aventura de vida en el periodismo.

Con nostalgia recuerdo como reportero de IMEVISION hacer locuras como intentar entrevistar a don Pablo Escobar en Colombia e investigar el accionar del narcotráfico y la guerrilla de las FARC.

O bien conocer a personajes leyendas como Epigmenio Ibarra al cubrir la información de la guerra civil en Centroamérica, genio mediático que, después de 18 años llevó a la presidencia a AMLO.

En un instante fugaz pasó frente a mí la película de mi vida periodística, cuya vocación nació al lado de mi abuelo, don Juan, viéndole leer y escuchar música clásica todas las tardes, después de comer.

En los libros de aventuras de Emilio Salgari, Tom Sawyer y Las Mil y Una Noches, aprendí a volar en las alas de la imaginación en la alfombra mágica antes de ingresar años después al Colegio del Aire.

Al mismo tiempo, abrevé en la Santa Locura de don Quijote la imperiosa necesidad de luchar por la libertad y desfacer entuertos al enfrentar a gigantes imaginarios, en realidad, molinos de viento.

Antes de mi preceptor espiritual Carlos Ignacio González, Superior de los Jesuitas, tuve la fortuna que en el Instituto Carlos Gracida al padre Ramón Ortiz, despertara mi vocación por el periodismo.

Al padre Julián Ortí, otro singular sacerdote escolapio, ex boxeador en la Cuba de Fulgencio Batista, debo el amor por la gramática española como profesor de Lectura y Redacción en la secundaria.

Emocionado al volver la mirada atrás agradezco a mi familia, amigos y amores, quienes ayer y hoy me aman, respetan, aceptan y perdonan mis muchos defectos y frecuentes estupideces. Me culpa.

alfredo_daguilar@hotmail.com

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@efektoaguila