PARTE DE NOVEDADES

Se hicieron públicos los cuatro cargos tres por conspiración de manufactura, importación a Estados Unidos y distribución de drogas ilícitas, y uno por lavado de dinero que las autoridades estadounidenses imputa al titular de la Defensa Nacional en el sexenio de Enrique Peña Nieto, al general Salvador Cienfuegos Zepeda. De acuerdo con los fiscales americanos que llevan el caso, el general de División habría participado en los ilícitos que se le imputan entre diciembre de 2015 y febrero de 2017, cuando se encontraba al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

La detención de Cienfuegos Zepeda, supone un parteaguas en la relación bilateral México-Estados Unidos en torno al narcotráfico, al tiempo que cimbra a las fuerzas armadas nacionales. No sólo por tratarse del militar de mayor rango en ser procesa-do por vínculos con el crimen organizado, sino por la gran cantidad de cargos que ocupó dentro de las instituciones castrenses. No fue un comandante cualquiera es un general de cuatro estrellas, un exsecretario de la Defensa. Un duro golpe a la Doctrina militar y al prestigio de la Institución Armada.

La carrera del general Cienfuegos dentro de las fuerzas armadas se remonta a 1964, cuando ingresó al Heroico Colegio Militar, y se graduó como subteniente de infantería, donde fue comisionado en varios batallones de infantería, ya como coronel fue comandante del 14 Batallón de Infantería y más tarde ya como general de Brigada se hizo cargo de la 15 Zona Militar, director del Colegio Militar para, finalmente, ascender a la comandancia de la V Región Militar en Jalisco ya como divisionario. A partir de entonces, comandó otras cuatro regiones militares, incluidas la IX, con sede en Acapulco, Guerrero, y la VII, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Su paso por la IX Región Militar coincidió con el apogeo del cártel de los Beltrán Leyva, por entonces uno de los grupos delictivos más poderosos del país gracias a su alianza con el cártel de Sinaloa. De acuerdo con la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), el involucramiento del general Cienfuegos en el tráfico de estupefacientes se dio precisamente con uno de los cabecillas que asumieron el liderazgo del cártel tras la muerte o detención de los hermanos Beltrán Leyva por las fuerzas especiales de la Marina.

Más allá de los presuntos lazos delictivos del ex secretario, los cuales deberán ser comprobados por los fiscales neoyorquinos, su mandato al frente de la Defensa Nacional se encuentra signado por violaciones a los derechos humanos, y en particular por dos episodios: la masacre de Tlatlaya y la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en Ayotzinapa. Ambos hechos ocurrieron en 2014, con apenas tres meses de diferencia; en el primero, integrantes del Ejército de la 22 Zona Militar en el estado de México ejecutaron de manera extrajudicial a 22 personas y alteraron la escena para presentar la matanza como un enfrentamiento; en el segundo, integrantes del 27 Batallón de Infantería de Iguala, Guerrero, habrían participado en el ataque, detención y entrega de los normalistas a criminales. En uno y otro caso, Cienfuegos Zepeda se negó a que se esclarecieran debidamente y se hiciera justicia.

Aunque hasta ahora no hay ninguna investigación en su contra en México, la llegada de la actual administración federal puso fin a una carrera cobijada durante las presidencias de los expresidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, donde fue ascendiendo, sobre todo en el sexenio de Calderón donde ocupo diferentes cargos en la plana mayor del Sedena como Oficial Mayor e Inspector y Contralor General del Ejército y Fuerza Aérea . Así quedó patente cuando, todavía como presidente electo, Andrés Manuel López Obrador rechazó la terna presentada por Salvador Cienfuegos para sucederlo al frente de la Sedena entre los generales recomendados se encontraban el subsecretario Roble Arturo Granados Gallardo, al ex oficial mayor Eduardo Emilio Zárate Landero y a Pedro Felipe Gurrola, director general de administración (este último actualmente sigue en activo y es comandante militar de la V Región Militar) y designó en ese cargo a Luis Cresencio Sandoval, militar ajeno al grupo del ahora detenido y menos antiguo de todos los generales de división del Ejército.

Las acusaciones contra el ex secretario de la Defensa constituyen un hecho histórico en la vida política y militar de México. Y es por eso cabe esperar que su detención dé paso a una limpieza profunda de la fuerzas armadas, a fin de remover a cualquier elemento corrupto que continúe en activo. El ejército no merece esto. Sabemos que a pesar de esta situación, los soldados siguen teniendo el respeto y credibilidad de la sociedad.